«La cogimos al vuelo entre los dos»

Gabriela nació en un parto tan precipitado que a su madre no le dio tiempo ni a salir de casa: «Di a luz en el pasillo, de pie, con la ayuda de mi marido»

Cecilia Zubillaga y Javier Angulo, con la pequeña Gabriela, en el Hospital Valdecilla, donde se recuperaban ayer del «susto»./Antonio 'Sane'
Cecilia Zubillaga y Javier Angulo, con la pequeña Gabriela, en el Hospital Valdecilla, donde se recuperaban ayer del «susto». / Antonio 'Sane'
Ana Rosa García
ANA ROSA GARCÍASantander

Cecilia y Javier vivieron este viernes por la mañana uno de los momentos más felices de sus vidas, aunque precedidos de «un susto» que no olvidarán jamás. Sin tiempo ni para pensarlo, se vieron sorprendidos por un parto tan precipitado que se desencadenó sin llegar a salir de casa. «Di a luz en el pasillo, de pie. No pude sentarme ni tumbarme. Fue todo rapidísimo, se rompió la bolsa y de inmediato noté la presión. Asomó la cabecita y seguido cayó el cuerpo. La cogimos al vuelo entre los dos, mi marido y yo», cuenta Cecilia Zubillaga, desde la habitación de la planta de maternidad de Valdecilla donde se recuperaba unas horas después, aliviada porque «la niña está perfectamente. Y yo, ahora que ya pasó todo, también».

Faltaban tres días para que saliera de cuentas. La noche anterior había empezado con contracciones, pero «en el hospital me dijeron que aún no estaba preparada, que volviera cuando fueran cada 3-5 minutos», comenta Cecilia. Así que regresaron a casa. Optaron por quedarse en la de sus padres (en la calle Guevara) para estar más cerca de Urgencias, ya que el matrimonio vive en Muriedas. Pero la precaución de acortar la distancia fue en balde. «Es que fue cuestión de minutos, un parto exprés. Mi marido había llamado a un taxi y se fue a buscar las bolsas para llevar al hospital. Cuando volvió, me dijo ‘tranquila, que ya viene el taxi’, y le dije ‘no aguanto, no llego ni a la escalera, ¡que se sale!» Y fue literal. «Rompí aguas y vino rodado», cuenta. En ese momento, le acompañaba solo su marido, «porque mi padre estaba en la puerta pendiente del taxi y mi madre cuidaba de mi otro hijo, de dos años, para que no lo viera».

Apenas unos minutos después escuchaban el primer llanto de la pequeña Gabriela, que pesó 3.010 gramos. Con la niña ya en brazos, Javier pudo avisar al servicio de emergencias 061, que desplazó a la UVI móvil (SVA) de Santander. «Primero no me dio tiempo ni a coger el teléfono, tenía que ayudarla a ella. La médico que atendió la llamada me señaló que no tardaban, que ya estaban de camino. Me preguntó si la niña había llorado y nos pidió que no tocáramos el cordón umbilical. Se portaron fenomenal con nosotros, les estamos muy agradecidos». Tras comprobar que madre e hija estaban «en perfecto estado» y proceder a cortar el cordón, el equipo sanitario les trasladó a Valdecilla. «El resto del trabajo ya estaba hecho», declara la mujer, aún asimilando lo vivido. «En la ambulancia yo venía tranquila. Lo peor fue el momento justo del parto, que piensas si sale algo mal qué hago, cómo actúo...». Por suerte, quedará en una anécdota que Gabriela podrá recordar el día de la mañana, «aunque ¡menuda anécdota!», apostilla su madre.

Segundo hijo

Cecilia recuerda que el nacimiento de su primer hijo, Daniel, «también había sido rápido, pero no tanto. Entonces me dio tiempo a venir al hospital (hasta tres veces incluso), pero desde que me dijeron que estaba lista hasta que vino el niño pasaron al menos ocho minutos, pero fue un parto natural con epidural incluida. Nada que ver con este». Aquí la capacidad de reacción se limitó a coger a la niña, «como pudimos, para que no cayera al suelo», señala Javier. «Cuando vio que asomaba la cabeza casi le pega algo», declara Cecilia con media sonrisa, una vez superado el angustioso trago.

«Es que imagínate el susto. Salí pensando que teníamos tiempo de coger un taxi, cuando me llamó mi suegro y me dijo ‘sube rápido que ya viene, que ha roto aguas’». Y aún en ese momento, no perdió la calma, estaba confiado «de que había tiempo para llegar al hospital. Mis suegros son más nerviosos que yo, les intenté tranquilizar, hasta que la vi a ella y ya me dijo ‘que no, que no, que no puedo ni andar’. Instantes después nacía la niña».

El revuelo del momento, entre nervios y gritos, alertó a las vecinas, que «vinieron a ayudarnos, colocaron unas toallas y nos acompañaron hasta que llegó el 061. Daniel, el pobre, estaba asustado al oír chillar a la madre. Cuando ya pasó todo, le acercamos a ver a su hermana, se puso muy contento, la acariciaba».

Este tipo de partos tan inmediatos son excepcionales, pero ocurren y son impredecibles. En los últimos años se han dado varios casos en Cantabria. Desde una joven que dio a luz en un coche en una salida de la autovía, a la que lo hizo en una ambulancia o, incluso, en el propio parking del hospital. Según el protocolo del servicio de Obstetricia de Valdecilla, se valora a la embarazada en la fase inicial del trabajo de parto y se le dan instrucciones de cuándo regresar, aunque a veces se encuentran con que el bebé viene con tanta prisa que no da tiempo a volver.

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