La constructora SIEC rehuye cualquier responsabilidad en el incendio del MAS

La constructora SIEC rehuye cualquier responsabilidad en el incendio del MAS
SANE

La empresa encargada de la reforma del museo asegura en su informe que el Ayuntamiento «no consideró necesaria vigilancia específica» en las zonas donde no se realizaban las obras

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

La constructora SIEC, encargada de la reforma del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander (MAS), descarta cualquier tipo de responsabilidad en el incendio del pasado 20 de noviembre en el que las llamas destruyeron tres pinturas, una escultura y 28.000 volúmenes entre libros, catálogos y ediciones especializadas en arte.

Esa madrugada las alarmas antiincendio no funcionaron. «El incendio ha tenido lugar en una zona del edificio alejada de las obras objeto de actuación», expone el informe realizado a requerimiento de la arquitecta municipal, Emma Bascones, y firmado por Juan de Miguel, presidente del Grupo SIEC, el pasado 19 de diciembre. La empresa especifica que sus trabajos afectaban a la cubierta del museo y a las intervenciones para mejorar la accesibilidad al mismo y que el lugar donde se originaron las llamas, en la primera planta, era un área ajena a las obras que realizaba, donde «nunca» había intervenido ni contaba con acceso al mismo. «La empresa desconoce la causa del incendio y, desde luego, no consta que los trabajos desarrollados en el inmueble hayan tenido influencia alguna en el siniestro», defiende SIEC. Ni directa -porque a la hora que se produjo el incendio, de madrugada, «no se desarrollaba trabajo alguno»- ni indirectamente.

Ante las acusaciones municipales, primero fue Codelse, compañía que se encargaba del mantenimiento de los sistemas de seguridad, quien negó haber cometido fallos en la gestión de su área. Y ahora es SIEC quien hace la propio. El Ayuntamiento, por su parte, destaca las «contradicciones» entre ambas empresas, defiende que «nunca» autorizó ni fue informado de que se desactivaron los sistemas de seguridad y ha dado trasladado a los juzgados que investigan el caso los nuevos informes de los técnicos municipales basados en los ofrecidos por SIEC y Codelse.

Las centralitas

En el informe de SIEC -el único que quedaba por trasladar a los grupos municipales-, la constructora se desvincula de cualquier responsabilidad sobre los sistemas contra incendios y robo, que, según aseguró Codelse, «no funcionaban desde junio, prácticamente desde el inicio de la reforma», circunstancia que «conocían» el Ayuntamiento y el director del MAS, Salvador Carretero, y que hicieron que el fuego fuera mucho más difícil de apagar ya que no se detectó con rapidez. «No es responsabilidad de SIEC garantizar la correcta operatividad de los sistemas antiincendios y antirrobo para la adecuada protección del edificio durante la ejecución de las obras y máxime fuera de la zona de intervención. La protección de las zonas donde se produjo el incendio, área no afectada por las obras, es exclusiva responsabilidad municipal y de la empresa contratada por el Ayuntamiento para el mantenimiento de los sistemas -en referencia a Codelse-».

D. Pedriza

Sin embargo, en el proyecto contratado a la constructora sí aparecen, como actuaciones previas, la retirada de las centralitas de protección de incendios e intrusos y su reubicación una vez finalizada la reforma. «Lo que SIEC tiene contratado es la retirada de las centralitas, su custodia, y una vez ejecutadas las obras de reforma, la colocación de los equipos recuperados. En consecuencia, el Ayuntamiento en todo momento es plenamente conocedor de que durante algún tiempo las centralitas existentes pueden estar inoperativas», continúa el informe de 15 páginas al que ha tenido acceso El Diario Montañés.

Pero SIEC aclara que la retirada de las centralitas no se llegó a ejecutar «por prudencia», pudiendo «haber estado operativas en todo momento». Dado que «éramos conocedores» de que las instalaciones de protección cubren «la totalidad del edificio», «nos dirigimos a Codelse, que era la única que intervenía sobre las centralitas, para encargarles no el desmontaje de las mismas, como el proyecto preveía, sino el de los elementos de detección presentes en la zona de obras a medida que avanzaban éstas». Algo posible, según explica SIEC, ya que cada detector «es independiente», pudiéndose anular unos manteniendo la operatividad del resto. «Este fue el encargo -insiste-, retirar únicamente elementos que interferían en la obra. Y de hecho, SIEC no ha intervenido en ningún momento en las centralitas de incendios o intrusión». La empresa subraya que el Ayuntamiento «era plenamente conocedor» de todo lo que se hacía en el museo, lo que queda «acreditado» por las visitas a las obras, emails y certificaciones.

Advertencia

SIEC desvela que Codelse advirtió al Ayuntamiento antes del inicio de las obras de que la parte del edificio sobre la que no se intervenía -por ejemplo las dependencias de la primera planta en las que se originó el fuego y donde se quemaron los libros y las obras de arte que no se habían trasladado al búnker del sótano por sus dimensiones y características materiales- «podía quedar desprotegida», por lo que presentó presupuesto al Ayuntamiento con «una propuesta de instalaciones adicionales para garantizar la seguridad del área donde se preveía almacenar los fondos museísticos». Un presupuesto que, «según nos indicó Codelse, no fue tomado en consideración», apunta la constructora, porque el Ayuntamiento, al parecer a instancias del director del MAS, «no consideró necesaria vigilancia específica» en esas zonas.

Ante ello, SIEC, de «común acuerdo» con Codelse, decide instalar un nuevo detector de robo en la zona de accesos al museo. «¿Tiene sentido encargar y proceder a esta instalación si las centralitas estaban anuladas?», se cuestiona en el informe. «Evidentemente, no», responde concluyente.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos