Cuatro décadas con la postal del ferri

El miércoles se cumplen cuarenta años de la primera escala del 'Armorique', el barco de Brittany Ferries que inauguró la ruta a Plymouth y una icónica relación con Santander

Los ocho Rolls Royce: Fue una de las estampas para la historia. Los ocho coches de lujo que salieron de la proa del 'Armorique' después de la primera travesía. El viaje inaugural en Santander./AP
Los ocho Rolls Royce: Fue una de las estampas para la historia. Los ocho coches de lujo que salieron de la proa del 'Armorique' después de la primera travesía. El viaje inaugural en Santander. / AP
Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

De la proa del barco, abierta como la boca de un gigante, salió un tipo en bicicleta con gafas de sol, un jersey de cuello alto blanco y algo parecido a un chándal de color azul. Luego, uno a uno, los 38 Rolls Royce fabricados entre el 14 y el 78 y valorados –según la crónica que publicó El Diario– «en más de seis millones de pesetas cada uno». Sus ocupantes venían vestidos de época y la comitiva fue recibida con aplausos en unos muelles que estaban abarrotados. La llegada del 'Armorique' desde Plymouth fue todo un acontecimiento. El primer ferri que entró por la bahía, el primero de muchos. Tanto, que aquella mañana de abril de 1978 inició algo más que una ruta de pasajeros y mercancías entre dos ciudades. Fue el inicio de un paisaje cotidiano. De una estampa que ya parece ineludible para Santander. La de los muelles y el ferri. El miércoles se cumplen cuarenta años de aquello.

«La amplia explanada del 'Muelle del Almirante', todas las terrazas de la Estación Marítima e incluso por la zona acotada por las verjas del puerto, aparecía en la mañana de ayer completamente llena de un público abigarrado deseoso de contemplar, favorecidos por la bonanza del tiempo primaveral, este arribo inaugural del ferri». Así empezó su crónica J. Poo. Con ese punto del noticiero de los grandes días. Al alcalde de Plymouth le recibió el de Santander, Juan Hormaechea, junto a Modesto Piñeiro, padre del actual responsable de la empresa consignataria, con un papel trascendental en la relación entre Brittany Ferries y el Puerto de Santander.

El embarque: Imagen del año 1988, con los trenes aún atravesando el muelle por la ciudad y la cola de coches con matrícula británica para acceder al barco ante la antigua gasolinera. :
El embarque: Imagen del año 1988, con los trenes aún atravesando el muelle por la ciudad y la cola de coches con matrícula británica para acceder al barco ante la antigua gasolinera. : / Se Quintana

«Santander tenía una larga tradición como puerto de pasaje y diversas compañías habían intentado desde principios de los setenta consolidar líneas de pasajeros con el norte de Europa», explican precisamente en la página web de Piñeiro. Todas, hasta entonces, operaban con destino a Southampton en un viaje que suponía 37 horas, lo que implicaba dos noches a bordo. A ninguna le salió rentable la intentona. Fue Brittany Ferries la que encontró la fórmula. Con Plymouth y en 23 horas. Para eso necesitaban un buque que pudiese navegar a unos veinte nudos y el 'Armorique', construido en 1972 (y adquirido por Brittany en 1975), fue el elegido.

«Era monísimo, pero comparado con los que vinieron después, como una cáscara de nuez». Lo cuenta Julia Pereira, que ha estado a bordo de todos los ferries que han recalado en la ciudad. Del primero al último, se ha encargado de la cuadrilla de limpieza que pone a punto cada barco antes de volver a zarpar. Ella recuerda, de esos primeros viajes, los controles de la Guardia Civil (el barco era una frontera en una España que aún no formaba parte de lo que hoy es la Unión Europea) o los vagones de tren cruzando aún por los muelles. «En la tienda de Jesús Díaz, en Isabel II, ponían las bebidas en el escaparate con los precios y los pasajeros subían cargados con las bolsas». Postales de otro tiempo. Como la caseta de chapa en la que se cambiaban de ropa en los primeros años o la escala «con red por debajo» por la que accedían cuando «estaban haciendo la pasarela».

La segunda casa: La escala en Santander no es el único paso del ferri por Cantabria. En la imagen, el 'Cap Finisterre' y el 'Barfleur' en los astilleros de Astander.
La segunda casa: La escala en Santander no es el único paso del ferri por Cantabria. En la imagen, el 'Cap Finisterre' y el 'Barfleur' en los astilleros de Astander. / AP

Nombres propios

'Armorique', 'Quiberon' (el viaje inaugural fue en 1982)... «El 'Bretagne' era precioso, con unas escaleras como las de la casa de Sisí», recuerda Juli. Es fácil recordar a los habituales, a los que más han venido en estos cuarenta años. El 'Val de Loire' empezó a hacer escalas en 1993 y el 'Pont Aven', en 2004. También el 'Cotentin' (2007), el 'Cap Finistere' (2011) o el 'Bahie de Seine' (2015).

Pero hubo también otros, que vinieron de manera más esporádica. Para sustituir a algún otro buque durante alguna reparación o para cuadrar rutas. El 'Merchant Navigator', por ejemplo, hizo únicamente cuatro escalas en 1984 y el 'Reine Mathilde' un único viaje en el año 1991.

Muchas historias

El primer pasajeros
La primera persona que se bajó del barco en Santander el 18 de abril de 1978 fue un ciclista montado en su bicicleta.
Un lavado de cara
Justo antes de su primera temporada, en 1978, al 'Armorique' le remozaron por dentro: le añadieron un cine y una sala de juegos.
Sus 388 travesías
El barco que inauguró la ruta completó otras 387 escalas en Santander. Su última visita fue en el año 1991.
Los 'scrubbers'
Astander ha instalado en varios ferries los 'scrubbers', similares a los catalizadores de los coches, y destinados a reducir las emisiones.
De reparaciones
A los astilleros cántabros acuden regularmente barcos de la compañía de los que no cubren las rutas de Santander.
Atraque poco habitual
Los temporales obligaron en alguna ocasión a que el ferri atracara en Raos, lejos de su espacio en el centro de Santander.
El Mercado Común
En 1978 España no pertenecía al Mercado Común europeo. El control fronterizo era exhaustivo para pasajeros y mercancías.
Las dos limpiadoras
Las limpiadoras reciben la orden de abandonar el barco. Dos se quedaron una vez a bordo. Los prácticos tuvieron que desembarcarlas.
Las cosas de James Bond
El material de todas las películas de James Bond que se ha rodado en España se ha movido en los barcos de Brittany Ferries.
Los doce barcos
La flota de la compañía Brittany Ferries está compuesta hoy en día por doce barcos en doce líneas regulares.
Tres destinos
Desde Santander se puede viajar ahora a Portsmouth y Plymouth (Gran Bretaña) y en unos días también a Cork (Irlanda).
El último balance
Durante 2017, los ferries con escala en Santander movieron 230.000 viajeros, 90.000 coches y 20.000 camiones.

Y muchas historias. Desde algún muerto a bordo a las carreras por la cubierta persiguiendo a un polizón (el problema con las mafias se ha disparado en los últimos años tanto en Santander como en Bilbao). De la importante suma de dinero que alguien se dejó una vez en un camarote a cargas curiosas como el material de las películas de James Bond, esculturas o hasta un par de olivos centenarios (eso ha sido la pasada semana). O la tendencia –más propia de los primeros años– de entender la travesía como un 'minicrucero' en la que la estancia a bordo era el motivo del viaje. «A veces llevábamos a los comisarios del barco a comer por ahí», apunta Julia.

La postal: El ferri atravensando la bahía es una imagen icónica de Santander. Un símbolo. El de la foto es el 'Val de Loire', un barco construido en el año 1987.
La postal: El ferri atravensando la bahía es una imagen icónica de Santander. Un símbolo. El de la foto es el 'Val de Loire', un barco construido en el año 1987. / AP

Pero hay muchos aspectos más allá de la anécdota. El año pasado, por ejemplo, fueron 179 escalas. Sólo antes del año 2004, en total, 2.318. «Hace veinte años, en Asturias o Galicia, era difícil encontrar un camping abierto más allá de julio o agosto y aquí en mayo ya lo estaban», relata Manuel Pascual, responsable de Brittany Ferries en Santander, para explicar cómo ese público de ingleses tuvo trascendencia para el desarrollo de un sector como el del camping. O para una compañía como Astander. Los pequeños trabajos de asistencia iniciales desembocaron en una continua cooperación. Pintura de carenas, cubiertas interiores, renovación y mantenimiento de la habilitación (camarotes y espacios de ocio interiores, como salones, comedores…), sistemas de propulsión, puesta al día de los motores, mejoras de los sistemas de tubería… Todo eso hacen con los ferries en los astilleros cántabros.

Una exposición

Esos aspectos de la biografía compartida entre la compañía francesa y la ciudad serán objeto de una exposición con motivo del cuarenta aniversario. Una muestra para conocer mejor la historia común que se inaugurará, en principio, el mismo miércoles en el Palacete del Embarcadero organizada por la Autoridad Portuaria (y en la que estarán, entre otros contenidos, algunas de las imágenes que ilustran este reportaje). Del 'Armorique' que vino de Plymouth, pasando por los viajes a Porstmouth, al 'Connemara', que se encargará de cubrir la nueva ruta con Cork (Irlanda) a partir del día 29.

Allí se podrá saber, por ejemplo, que el nacimiento de Brittany Ferries se fraguó entre los miedos de los campesinos de la Bretaña francesa, que veían peligrar su modo de vida en los años sesenta. Alexis Gouvernnec entendió que la supervivencia pasaba por la producción (a través de las cooperativas) y las comunicaciones, con el puerto de Roscoff como protagonista. A Inglaterra, a Irlanda... Y a Santander. Hasta convertirse, desde ese viaje inaugural que trajo a setecientos pasajeros en un buque capitaneado por Francis Gervain, en una de las postales más reconocibles de la bahía. En un santanderino más, aunque muy pocos de sus vecinos de toda la vida conozcan a su paisano, el ferri, por dentro.

El barco de la ruta a Cork llegará esta misma semana

El 'Connemara' saldrá los jueves y los domingos con destino a Irlanda a partir del día 29 de este mismo mes. Será el estreno de la nueva ruta, la que adelantó este periódico a mediados de enero. Pero el barco que cubrirá para Brittany Ferries la travesía entre Santander y el puerto de Cork tiene previsto llegar a Cantabria esta misma semana. El plan inicial es que atraque el jueves (el día 19). Está por ver si en las instalaciones de Astander o en los muelles de Raos, pero serán los operarios de la empresa de astilleros los que se encarguen de los últimos retoques antes de que el buque inicie su servicio.

«Viene antes para darle el punto Brittany Ferries», explican desde la empresa. Pruebas, reformas para adaptarlo a la decoración del resto de la flota (tienen que pintar el logo, por ejemplo), arreglos... Y también para que la tripulación reciba «un cursillo de marca». Personal de la naviera francesa se desplazará a Santander y enseñará a los que viajarán a bordo con los clientes los métodos de atención específicos de la compañía, las recetas para los cocineros que se sirven en los comedores...

Con todo listo, el primer barco hacia la ciudad irlandesa partirá el domingo 29 a las doce de la mañana. En total, quinientos pasajeros podrán viajar a bordo de una nave de 186,5 metros de eslora (el Pont Aven tiene capacidad para 2.400 viajeros). La travesía durará 28 horas, el tiempo necesario para llegar a uno de los puertos naturales más grandes del mundo y a una infraestructura que afronta un importante plan de expansión en los últimos tiempos. A un lugar que entró, además, en los libros de historia por ser el último en el que hizo escala el Titanic –en concreto, en el pueblo de Cobh, que forma parte del complejo portuario de Cork–.

Contando las conexiones marítimas que ya existen con Plymouth y Portsmouth, Brittany Ferries tendrá en total seis salidas semanales desde Santander. Además, Cantabria estará unida a Irlanda por una doble vía, ya que el Seve Ballesteros cuenta con vuelos directos a Dublín operados por Ryanair.

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