Los Reyes Magos llegan bajo la lluvia

El mal tiempo no impide que miles de santanderinos sigan la cabalgata de la capital, adornada de paraguas y cubasqueros

Los Reyes Magos llegan bajo la lluvia
Javier Cotera
Violeta Santiago
VIOLETA SANTIAGOSantander

Unos Reyes Mojados. Este viernes, los Magos de Oriente se empaparon por toda Cantabria. Cumplieron la tradición de dejarse ver unas horas antes de ponerse a su trajín habitual de la noche del 5 de enero, pero lo hicieron bajo una lluvia inclemente que hizo que padres y abuelos no dejaran de lamentar la mala suerte y que Marcos, un rubio de seis o siete años que aguantó el desfile en la plaza del Ayuntamiento de Santander hasta acabara implorándole a su madre después de 45 minutos para ver a los camellos reales: «Mamá, vamos a casa que tengo mucho frío. No quiero esperar más... ¡Si me has dicho mil veces que este año no me traen nada!»

Y es que el agua caló hasta los ánimos de los más valientes. Aunque la emoción de ver a los Reyes es la emoción de ver a los Reyes y se concentra solo en un puñado de años. Así que las familas salen aunque caigan chuzos de punta para no perderse los nervios de los críos y sus gritos de alucine cuando aparecen esos seres altos, vestidos con capa brillante y de pelos abultados y de tres colores (uno blanco, otro negro y un tercero rubio o pelirrojo, dependiendo), que son expertos en cumplir algunos deseos materiales.

Hay que esperarlos un año entero, de modo que miles de personas se sumaron encima lo que pillaron (chubasqueros sobre los abrigos, gorros de lana debajo del impermeable) y tomaron las calles por toda Cantabria y también en Santander. En la capital hubo menos gente que en otros años y aun así, en algunas zonas entre el Palacio de Festivales y el Consistorio costaba dar un paso. Muchos habían llegado de municipios limítrofes, llenando los vagones de los trenes de FEVE desde media tarde. Muchos, también, sufriendo el frío y la caladura y deseando que todo fuera un poco más rápido de lo normal.

En toda la región

En la ciudad apenas dejó de llover desde bastante antes de que empezara en Gamazo el singular desfile que lo mismo mezcla patinadoras que a los protagonistas de la Guerra de las Galaxias con Mary Poppins y el ‘Ejército del Amor’ y lo mismo suena el ‘Thriller’ de Michael Jackson que un ballenato a ‘a Belén pastores’. La que estaba cayendo monopolizaba las conversaciones, los planes y las ganas. Los más hábiles cogieron sitio pronto en los ventanales de una conocida cafetería desde la que se dominaba la plaza del Ayuntamiento. El resto se tuvo que conformar con portales, salientes de balcones y entradas de tiendas. Todo servía de refugio.

La primera fila de la valla

La primera fila de la valla, ese preciado lugar por el que algunos padres son capaces de todo. Por ejemplo, de llegar a las 18,30 para agarrarse al trozo de metal que tienen pensado, porque saben que ahí garantizan que su príncipe o la chiquilla salgan en las imágenes que graban las cámaras de televisión. O, también con suerte, en un periódico al día siguiente. Lo contaban con gracejo dos madres muy jóvenes en Santander, que se pasaron más de un hora repeinando a sus cachorros con los dedos, no fuera a ser que algún objetivo no les inmortalizara todo lo correctamente que ella habían habían soñado de antemano. Esto, por el lado bueno. Por el no tan bueno, las madres notaron este año falta de caramelos: por su zona solo repartieron los pastores que precedieron a sus Majestades.

Javier Cotera

En la ciudad, el desfile salió de Gamazo pasadas las 19,00 horas. Abría paso una agrupación de baile que portaba paraguas de colorines a las que seguían, de forma bastante espaciada, trece carrozas, comparsas y grupos de animación muy diferentes y poco navideños. El Ayuntamiento ya avisa de que el evento consta de dos partes: una más lúdica y festiva especialmente dirigida a los niños, en la que tienen cabida desde ‘La bella y la bestia’ a Tadeo Jones pasando por otros muchos personajes de animación infantiles a tamaño real. La segunda parte es más tradicional y es la protagonizada por los Reyes Magos, que hacen su ofrenda de oro, incienso y mirra en el Belén viviente ubicado a la entrada de la sede municipal.

Los tres fueron recibidos por el Obispo de Cantabria y la alcaldesa, Gema Igual, y dirigieron unas palabras al respetable. Todo muy clásico y sin salirse del guion: nada de polémicas, como está ocurriendo en los últimos años en otras ciudades, donde se cuestionan algunas tradiciones asociadas a esta última cita de la Navidad, lo que está haciendo correr ríos de tinta. En puntos como Cataluña, la cabalgata está sirviendo, incluso, de vehículo de reivindicación política.

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