«No me he ocultado tras el incendio, he estado trabajando como un cabrón»

Salvador Carretero, en el momento en que se desalojaron las obras de arte del edificio incendiado./Alberto Aja
Salvador Carretero, en el momento en que se desalojaron las obras de arte del edificio incendiado. / Alberto Aja

El gestor, que lleva 27 años en el cargo, habla por vez primera desde que se incendiara el MAS el pasado 20 de noviembre y asegura que el traslado de las obras «de ninguna manera se hizo sin control o de forma irresponsable»

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Han pasado 31 días desde que las llamas consumieran el Museo de Arte Contemporáneo de Santander (MAS) hasta el punto de afectar a la misma estructura del edificio tras calcinar el 90% de la biblioteca y algunas obras. Pero ha sido hoy cuando Salvador Carretero, director del centro -en el cargo desde hace 27 años-, se ha puesto frente a un micrófono para dar explicaciones de lo sucedido. «No me he ocultado tras el incendio, he estado trabajando como un cabrón», ha sentenciado para salir al paso de las acusaciones que desde hace días lo han puesto en el punto de mira de socialistas y regionalistas en el consistorio santanderino hasta el punto de que estos últimos exigieran su dimisión.

Él asegura que ningún grupo de la oposición le ha llamado ni le ha pedido información. Así justifica su silencio. «He estado trabajando como un cabrón, y perdón por la expresión. Trabajando mañana, tarde, noche, pero no solo yo, sino todo el equipo del MAS, y mucho personal del Ayuntamiento, de otros muchos servicios del Ayuntamiento, y de otras empresas externas, que se han contratado por este motivo», ha asegurado en declaraciones a un medio radiofónico. Precisamente es personal externo al que se ha referido al hablar de la negligencia en materia de seguridad que desencadenó el fuego. Concretamente a responsables de la empresa encargada de las obras Siec; y de la que se ocupa de la seguridad, Codelse.

El director del MAS ha aclarado que este museo tiene sistemas de seguridad y que estuvieron operativos hasta el día de entrega del edificio a la empresa constructora, el 4 de mayo. «Después de esa fecha el sistema de seguridad tenia que seguir operativo, tenía que seguir funcionando con normalidad. A partir de ese día solo quedó bajo control del MAS el búnker con la colección artística», ha explicado para secundar las palabras de la concejala de Cultura, Miriam Díaz, que el pasado lunes ofreció una rueda de prensa con los informes del suceso en la mano que atribuian a las firmas Siec y Codelse la responsabilidad de no tener operativos los sistemas de seguridad.

Las incógnitas de lo sucedido

El principal empeño del director del MAS se ha centrado en la defensa de la evacuación de las obras que se salvaron de la quema, un procedimiento que ha sido criticado por expertos. «De ninguna manera se hizo sin control o de forma irresponsable». «Contratamos a una empresa especializada en el traslado de obras de arte y montaje de exposiciones». El trabajo fue «urgentísimo» porque se estaba «ante un suceso muy gordo», con un incendio activo. Acredita que se realizó con un criterio de calidades histórico-artísticas de la colección, porque los fondos estaban «perfectamente almacenados» y se sabía «con exactitud» dónde estaba cada pieza.

«Las obras muy importantes, las 'pata negra', se embalaron y se evacuaron; otras importantes se protegieron», y el resto «no fueron embaladas por motivos de urgencia», aunque algunas «ya tenían protección con cristales, metacrilato y plexiglás». «Y no necesitaban ser embaladas en plena emergencia».

«Una pérdida grande y dolorosa»

No ha eludido sin embargo hablar de lo que se ha quemado. «Es una pérdida grande y dolorosa» y ha detallado que, a raíz de este suceso, que se produjo el pasado 20 de noviembre, se ha seguido «un proceso muy poderoso que ha llevado a la elaboración de un montón de informes».

Ha explicado que a causa del incendio se han perdido cuatro obras y tres esculturas quedaron dañadas, aunque se van a restaurar. Estas creaciones artísticas estaban fuera del búnker que se habilitó para guardar los fondos, que estaba aislado de las obras y que ha servido para que su contenido quedara «sano y salvo». Además, se destruyó la biblioteca, que tenía 28.000 volúmenes y de la que «en principio» solo se ha salvado el 10 %.

Las cuatro obras que se han perdido no se pudieron meter en el búnker donde estaba el resto de la colección por su tamaño, características, o por razones de conservación. Eran un lienzo de Antonio Gomar de más de 2,5 metros, un díptico de Joaquín Martínez Cano de grandes dimensiones, una obra abstracta de Ignacio Angulo de la que sobresalían elementos puntiagudos, y una escultura de papel de Ocaña.

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