Un enigma en La Maruca

Una serie de inscripciones de números y letras en una zona conocida como el Lapius, origen de multitud de teorías

La mayoría de las inscripciones están en la pared del fondo. Algunas en buen estado y otras algo deterioradas por la erosión./María Gil Lastra
La mayoría de las inscripciones están en la pared del fondo. Algunas en buen estado y otras algo deterioradas por la erosión. / María Gil Lastra
Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

«No dejes que digan que este lugar estaba limpio hasta que tú llegaste». Hay pintadas pulcras, cargadas de conciencia. Eso, en letras oscuras, es lo primero que se ve. En las paredes de una pequeña explanada de roca donde se puede traducir el lenguaje del mar. Luego, si uno se fija, ve lo otro. Como cincelado. Una serie de números y letras tan perfectos en su ejecución, con los bordes tan lineales y pulidos, que parecen hechos con un molde. Son varios. En total, seis conjuntos –los hay de una línea, de dos y hasta de tres– y un solitario nombre –Mario– en la piedra. Hay más cosas (algún nombre más y otra palabra), pero tan torpes en el pulso que no dejan dudas. Mala imitación. «Eso está en el Lapius», dicen los vecinos de La Maruca. Los de toda la vida. Saben que eso está allí, pero no saben quién lo puso, quién lo hizo. Tampoco qué es, aunque preguntar supone llevarse a casa una lista de teorías más o menos convincentes y la certeza de que en las ciudades aún quedan buenos misterios.

Lo primero es el dónde. El único interrogante que tiene respuesta. Para llegar al Lapius hay que tomar el camino que queda a un lado del acceso al Centro de Interpretación del Litoral (si uno lo mira de frente, a la izquierda). Por el verde. Casi a la altura del extremo del edificio hay una pequeña barandilla desvencijada y tres o cuatro escalones para bajar a las rocas. Allí se abre un espacio, una pequeña explanada gracias a una superficie lisa que recuerda a alfombras de piedra. Las letras y los números están en la pared del fondo. Bueno, todas no. Una está en una roca pinada y partida que está ahí, en medio. Tal vez por eso, porque la mayoría está al fondo, muchos de los que suelen dejarse caer por allí a tomar el sol ni siquiera han visto las seis inscripciones.

Las preguntas

Y hasta ahí. Del qué, del cuándo y del cómo, nada claro. Entre la gente de Costa Quebrada, que conocen cada milímetro de esta zona, no hay respuestas. En el Centro de Interpretación cuentan que les han preguntado alguna vez y que les contaron una historia de pescadores y matrículas de barcos, pero ellos mismos definen la explicación como «conjeturas». «Eso es de hace muchos años. Como treinta o cuarenta, de cuando éramos chavales. Yo creo que era un grupo que hacía espeleología y cosas así. Scouts de aquella época, pero no sé por qué lo hacían», comentan dos paseantes veteranos de la zona. Hablan de nombres, de fulano y mengano, que si uno se murió, que si otro se fue a vivir fuera... «Pero vete a preguntar al Tin (uno de los bares de La Maruca), que son de toda la vida de aquí».

Son siete en total en una pared de roca de un rincón habitual para tomar el sol a un costado del Centro de Interpretación del Litoral

Madre e hija abren la puerta –el bar ese día estaba cerrado–. «Yo lo he visto siempre, pero no sé lo que es. Y no pensé que había tantas». Hablan de historias de la guerra, de un cementerio, de uno que solía ir por esa zona... Llaman hasta a familiares por teléfono.

El vídeo de la cantera

En el Tin ofrecen la pista de un vídeo colgado en Youtube en 2014 con 179 visualizaciones. Obra de Ignacio Madariaga, explica que se trata de los restos de una antigua cantera del siglo XIX que se cerró a comienzos del XX (entre las inscripciones hay una fecha: 28-4-1914). Las letras y los números serían códigos de comunicación «entre maestros canteros». Sin embargo, en el bar, preguntando a la gente mayor del barrio, no tienen constancia de una cantera en ese punto (sí, en la playa de Rosamunda, algo más lejos). O sea, más teorías.

Como las que encontraron en el blog ‘El tomavistas’ cuando preguntaron a sus lectores hace algunas semanas. Que si un señor que se ponía ahí hace poco y lo grababa, que si matrículas de barcos o submarinos alemanes, que si referencias a naufragios... Alguno apunta a la gente que ha acudido al lugar para depositar las cenizas de algún fallecido y también a la relación que pueden tener las letras y los números con la antigua batería de San Pedro (lo que ahora es el Centro de Interpretación). Inicio y final del reemplazo de los militares, dicen. Y por cada hipótesis, un mensaje que niega la mayor. Nada claro.

Nada que resuelva el enigma. Que diga qué significa ese ‘MGA-28-41914’ con forma de iniciales y fecha o los más misteriosos aún ‘CPVG23-31949’ o ‘14127IVAV’. Los que tienen dos líneas o incluso el de tres, que está ya algo borrado por la erosión. Nadie que sepa concretar quién era el tal Mario que dejó su nombre con letra clara y pulso firme en la roca. Allí, en el Lapius. En un rincón increíble de paz y mar de La Maruca.

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