Entre bambalinas

Tyron, el lanzacuchillos.
Tyron, el lanzacuchillos. / Roberto Ruiz

Antes de iniciar la función los artistas del circo Quimera hacen risas y templan nervios

MARÍA CAUSO

A falta de cinco minutos para que comience la función de las siete en el Circo Quimera, la agitación es palpables entre el público mayoritariamente infantil que llena la carpa del Parque de Mesones mientras entre bambalinas se vive otra historia. La de los integrantes de este circo lleno de magia, risas y adrenalina. El título de este año les viene como anillo al dedo, porque esa es la sensación que tienen los artistas minutos antes de iniciar la función. «Una de las más emocionantes de las que he participado», comenta su director, Raúl Alegría. Por ello, la responsabilidad es grande y algún que otro artista confiesa estar «mínimamente nervioso», aunque es «salir al escenario» y «olvidarte de todo». Es el caso de Jefferson, 'Jimmy' para sus compañeros de circo. Él y su compañera forman el dúo Jaster de patinaje. Son italianos, aunque han trabajado muchos años en Alemania. «Siempre queremos dar el máximo y hacerlo lo mejor posible. Eso a veces te pone nervioso, pero sales con ganas de hacerlo bien y al final se te olvida», comenta Jimmy mientras termina de maquillarse.

A su lado, un compañero suyo se ríe. «Que no te mienta, es un profesional y es muy seguro con su número. No me creo que se ponga nervioso». Es su amigo Michael, también italiano. Michael y su hermano Dario son los hermanos Togni y hacen el número de los Ícaros. «Mi hermano me empuja con los pies y yo hago saltos y piruetas en el aire», explica Dario. Ellos afirman no ponerse nerviosos nunca. «Venimos de una familia de tradición circense. Hemos nacido en el circo y siempre hemos actuado delante de mucho público». No da tiempo a más conversación porque la pareja de Michael le manda ir a regañar al hijo de ambos. Se ha caído del patinete, a pesar de las advertencias de la madre de que el suelo estaba embarrado. Pero el pequeño recibe de todo menos regañinas. Es, sin duda, el pequeño de esta gran familia y todos le hacen carantoñas.

Pero el tiempo acecha y el tráfico en el vestuario cada vez es más notable. Cruce de maquilladoras, unas mallas por aquí, unos zapatos en los que cabrían dos por allí. Narices rojas por todas partes, muchas risas y conversaciones en varios idiomas que se cruzan. Entre bambalinas, el inglés es la lengua madre. Aunque también se habla mucho italiano, portugués y alemán. Tampoco falta el castellano, y la representación española este año viene de la mano de Edu Navas y su compañero en la tabla coreana. Entrenan en Cataluña y su tradición de acróbatas empezó por la gimnasia. «Nuestro número consiste en un balancín de dos partes en el que una persona salta en un lado, con su peso empuja a la otra, y ésta hace mortales y piruetas en el aire».

Edu todavía no está vestido ni maquillado. Prefiere estirar antes porque es «fundamental». Eso sí, él mismo adelanta el 'look' que llevará en su espectáculo. «Santander es un sitio con playa y mucho visitante, por eso, entramos haciéndonos pasar por turistas con mapas y mochilas». Y todo esto ambientado con camisetas de estilo surfista «que le van muy bien al rollo rock and roll y de adrenalina que tiene el show», cuenta. La pareja española no es de ponerse nerviosa. «Más que nervios, concentración y visualizar mentalmente lo que vas a hacer».

«Tienes toda la razón», le contesta Mina. Ella y su pareja, Tyron, son argentinos y realizan el número de los 'lanzacuchillos'. «Antes de actuar, tengo la adrenalina a tope», confiesa Mina. No es para menos. Su actuación es la más tensa y peligrosa del circo Quimera. Además, es ella la que tiene que mantenerse inmóvil ante los lanzamientos de cuchillos por parte de Tyron. «Confío totalmente en él, aunque la verdad es que no me queda otra», cuenta casi a carcajadas. Tyron, su pareja dentro y fuera del circo, se ríe con el comentario mientras termina su maquillaje. «A parte de lanzar cuchillos, lo juntamos con una coreografía llamativa. Mi mujer es bailarina y tras conocerla decidimos fusionar nuestras habilidades en una». La pareja no desvela muchos detalles de su actuación, sólo que representan una relación de amor, odio, tensión y pasión.

Aunque para historia fraternal la de los Olimpo Brothers. El grupo de acróbatas formado por tres brasileños que se hicieron inseparables gracias a un proyecto social organizado por el gobierno de su país. «No somos hermanos pero como si lo fuésemos». Lo que empezó como tres chicos jóvenes haciendo el pino y jugando con niños, les llevó a enamorarse del circo y se empezaron a formar en las mejores escuelas de Brasil. «Nos especializamos en hacer figuras humanas. Uno es la base, otro sujeta y el otro define la figura. Somos como un edificio andante que cambia de forma».

Esta gran familia abre cada día las cortinas a partir de las siete de la tarde con una única función, de lunes a viernes. Los sábados y domingos Quimera dobla esfuerzos: hace sesiones a las 17.00 y a las 20.00 horas.

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