Sabio Ponce, deslumbrante Ginés Marín

Sabio Ponce, deslumbrante Ginés Marín

El joven extremeño corta tres orejas y cruza en hombros el umbral de la puerta grande

ALFREDO CASAS

La última función del abono santanderino duró dos horas y cuarenta minutos. Se dice pronto. Menos mal que la deslucida corrida de Luis Algarra apenas embistió. De lo contrario, hubiéramos abandonado Cuatro Caminos con el sol caído. Bromas aparte, resulta difícil de comprender, y aguantar, el sobredimensionado metraje de las corridas de toros. Al lío, que apenas queda tiempo para el cierre.

Rompió plaza un toro estrecho de sienes, montado, corto de cuello y despegado del ruedo, más feo que Picio. Además de sus imposibles hechuras, su evidente falta de raza y fondo impidió que ‘Lubinito’ descolgara la gaita para perseguir los engaños. A pesar de que Ponce lo sobó pacientemente intentando abrir unos caminos que el de Algarra se negó a tomar por ambos pitones. Lo que no puede ser...

Completó el lote del maestro de Chiva un ejemplar corto de manos, de prominente morrillo y con sus muchos kilos apretados, que no paró de moverse desentendido y a su aire desde su salida por toriles. ‘Rastrero’ no se fijó ni pese a recibir un generoso puyazo –en realidad fueron dos por el precio de uno–. Manso de libro, el astado lució tres significadas virtudes: nobleza, movilidad y obediencia a los toques. Con la mencionada materia prima, Enrique Ponce construyó una estructurada y empastada faena en la que conjugó sabiamente querencias, distancias y alturas. Todo a favor del toro; por y para el toro. Una auténtica exhibición de talento con la que narcotizó la voluntad de su manejable y agradecido oponente. A pesar de cobrar un pinchazo, antes de dejar la espada en el rincón de Ordóñez, el torero valenciano paseó una oreja entre el delirio del restepable que llenó los tendidos.

Burraco, hecho cuesta arriba, de generosa caja y suelto de carnes, el primer toro de Cayetano marcó con disimulo su querencia a toriles durante los dos primeros tercios. Magníficamente bregado por Iván García, ‘Nadino’ únicamente ofreció opciones por su pitón izquierdo. Desentendido en un abrir y cerrar de ojos, carente de celo, chispa y vida, el morlaco fue desplazado de aquí para allá en un dilatado trasteo de escaso contenido.

LA CORRIDA

Santander. Plaza de toros de Cuatro Caminos. Sábado, 29 de julio de 2017. Séptimo y último festejo de la Feria de Santiago. Corrida de toros. Tarde veraniega y calurosa. Lleno aparente. Seis toros de la ganadería de Luis Algarra (574, 595, 509, 572, 605 y 565 kilogramos) de procedencia Juan Pedro Domecq. El sexto lidiado como segundo sobrero. Corrida cuatreña y desigual de tipos y volúmenes. Blando, desrazado y deslucido el primero; descastado, desentendido y soso el segundo; de vibrante movilidad y con motor el tercero; manso, dócil y manejable el cuarto; manso, desentendido y pastueño el quinto y manso, aplomado y afligido el segundo sobrero que hizo sexto.

Enrique Ponce (negro y oro): Estocada casi entera y caída (ovación con saludos) y pinchazo y estocada desprendida –en el mismo rincón de Ordóñez– (oreja).

Cayetano Rivera Ordóñez (añil y azabache): Media estocada caída y tendida (silencio) y pinchazo y estocada trasera (gran ovación con saludos).

Ginés Marín (verde esmeralda y oro): Estocanazo trasero y arriba (dos orejas) y estocada entera y trasera (oreja). Salío en hombros por la puerta grande.

Incidencias: El ejemplar reseñado como sexto en el orden de lidia fue devuelto a los corrales tras partirse el pitón izquierdo en el burladero de la segunda suerte. El primer sobrero, del mismo hierro, también debió de ser devuelto por idéntico contratiempo.

Frente al quinto, un toro acapachado, montado, largo como un tren y hondo, que galopó para irse donde no le molestaran y huyó del peto del caballo como alma que lleva el diablo, Cayetano inició su faena rodilla en tierra y en redondo en los terrenos de sol. Tras una amontonada serie de derechazos en los que no logró soltar las embestidas, se echó la pañosa a la mano izquierda para corroborar como ‘Inventor’ echaba el freno de mano al segundo viaje. Algo contrariado, el diestro comenzó a tocar las telas con brusquedad, descomponiendo la manejable y pastueña condición de un toro con el motor gripado, frente al que no pareció aburrirse. Por voluntad y tiempo en la cara del toro nadie lo criticará.

Completó terna Ginés Marín que, a buen seguro será declarado triunfador de la Feria de Santiago. Tres orejas cortó el joven extremeño en su debut como matador de toros en el pardo ruedo cántabro. Dos paseó del primer toro de su lote, un armónico y fino castaño, de encastada condición, motor diesel y mucha transmisión.

Cuidado en el caballo y quitado por saltilleras, el apuesto ‘Solterón’ acusó el defecto de soltar la cara al rematar las embestidas tras los capotes de brega. Limpiado el defecto en las dos primeras series en redondo, de deslumbrante y sutil acople, llegó un fallido intento por el lado izquierdo; por ahí el toro metió el hocico entre las manos y rebrincó sus acometidas. Despejado el camino, Ginés compuso las tandas definitivas, cosido el toro a las telas, conducido sin soltarlo de los vuelos y atornilladas las zapatillas a la arena. Con la plaza puesta en pie, una ceñidísima serie de bernardinas, algunas de ellas a pitón cambiado, y una estocada hasta la bola de fulminantes efectos. Rotundo clamor en la plaza. El triunfo del sentido de la medida, del criterio y de la bendita frescura.

La misma que exhibió frente al que hizo sexto, un sobrero del mismo hierro, que mostró su huidiza condición en los primeros tercios y no tardó en afligirse para agarrarse al ruedo iniciada la faena. Ante tal tesitura, Ginés acortó las distancias y se pegó un seco y firme arrimón de Padre y muy Señor Nuestro. Un auténtico órdago de ambición que, nuevamente rematado de estocada trasera, fue razón más que suficiente para cobrar una oreja que redondeaba su impactante actuación.

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