Huertos urbanos por recomendación médica

La red de huertos sostenibles dispone de 129 parcelas donde cultivar se convierte en una actividad conectada con la salud

Los hortelanos Gregorio Díaz, Avelino Sánchez, Julián Díaz y Antonio Nicolás Laso, trabajando en su huerta en la Finca Altamira
Los hortelanos Gregorio Díaz, Avelino Sánchez, Julián Díaz y Antonio Nicolás Laso, trabajando en su huerta en la Finca Altamira / Antonio 'Sane'
María de las Cuevas
MARÍA DE LAS CUEVASSantander

«Hay una conexión entre salud y huerto», asegura Chantal Lamillar, coordinadora de la red de huertos urbanos sostenibles del Ayuntamiento de Santander, una iniciativa puesta en marcha desde la concejalía de Medio Ambiente junto al Centro de Educación Ambiental ‘Los Viveros’. Tanto es así que, «cuando los usuarios hacen un parón por achaques de la edad, los médicos aconsejan que lo retomen cuanto antes», continúa Chantal, a quien, lo que más le gusta de esta experiencia es «comprobar cómo los hortelanos mejoran su ánimo y se olvidan de que les duele una pierna o un brazo. Las horas que pasan cuidando sus verduras se les van todos los males».

«La conexión entre salud y huerto es lo mejor de esta experiencia de cultivar en la ciudad» Chantal Lamillar. Coordinadora

Hay 129 parcelas y seis mesas de cultivo (para personas con movilidad reducida)que se adjudican sobre todo a jubilados, personas con problemas de salud o poca vida social, ya que esta actividad pretende mejorar esas carencias. Las parcelas están ubicadas en cinco puntos de la ciudad: la Finca Altamira; el Centro Municipal de Acogida ‘Princesa Letizia’; El Alisal; Duque de Ahumada (calle Alta) y Concepción Arenal.

Donde hoy vemos huertas frondosas con calabacines, pimientos, judías verdes y berenjenas, no hace tanto eran escombreras, zonas desaprovechadas, inaccesibles para los vecinos. Reconducir esta situación era uno de los objetivos para poner en marcha los huertos sociales en 2012. Ahora crecen variedades de tomates, lechugas, plantas aromáticas y las mariposas revolotean en zonas antes deterioradas a las que se da una segunda vida. Además, resulta ser una actividad capaz de mejorar la salud física y mental de sus usuarios.

129 parcelas sociales

Finca Altamira. 56 parcelas en el Paseo General Dávila.

Centro de Acogida Princesa Letizia. 11 parcelas para luchar contra la exclusión social.

Duque de Ahumada. 15 en Calle Alta.

El Alisal. 24 parcelas.

Concepción Arenal. 23 parcelas en la calle Alta.

La adjudicación se prolonga los años que quiera el hortelano. «Al principio se contempló que hubiera rotación, pero a la vista de los resultados, ¿cómo les vamos a dejar sin su huerta? No encontrarían otra actividad que sustituyera esta, en la que entablan amistades, organizan excursiones, visitas culturales y de interés histórico, incluso han formado un coro. Es un lugar para compartir», explica Chantal.

Con la entrega del huerto, los hortelanos adjudicatarios se ponen las pilas en agricultura a través de un curso gratuito de cultivo ecológico que imparten técnicos especialistas en recursos naturales, entre 15 y 20 horas de formación.

«Hay un ambiente muy familiar y tertuliano, en el que aprendemos unos de otros» Avelino Sánchez. Hortelano

En los huertos se juntan dos perfiles, el agricultor de toda la vida y el urbanita que pone huerta por primera vez. Entre ellos surge el diálogo y la camaradería. «Siempre hay algo que hacer», dice Gregorio Díaz, que a sus sesenta y pico esta es la primera huerta que monta y cuida. «Al principio no tenía ni idea, aprendemos unos con otros».

En el huerto, «el tiempo vuela», dicen. A las 08.30 de la mañana ya empiezan a llegar los hortelanos más madrugadores. Cada uno está lo que quiere o puede, según el día. Siempre hay alguien, unos días pasan tres horas, cuatro o toda la mañana.

Sin camiseta por el calor y trabajando en su huerta estaba Avelino Sánchez. «El ambiente, como veis, es de mucha armonía, familiar y tertuliano. A ver si empezamos a discutir un poco», bromea. Durante las vacaciones escolares, Avelino suele acudir acompañado de su nieto Félix, de cuatro años. «Lo pasa bien, me ayuda con su regadera de juguete y le explico cómo hacerlo». Avelino participa en esta iniciativa del Ayuntamiento desde hace cuatro años y cree que no lo dejará «nunca, es muy entretenido, me he hecho amigos y disfrutamos mucho».

La demanda para tener una parcela y cultivar es muy elevada. «Hay el doble de solicitudes de las plazas que tenemos», indica la coordinadora. «Por eso, el Ayuntamiento se plantea ampliar el número de huertas», aunque todavía no se ha avanzado más.

Con 78 años, Antonio Nicolás Laso se refugia del sol en una sombra, que cae con fuerza en la Finca Altamira al mediodía. Los hortelanos le señalan como «el más experto de todos», pero él con modestia lo niega. «Vengo por la alegría que me da la huerta y mi médico me lo ha aconsejado, he sufrido dos infartos, pero esta actividad me viene bien, me mantiene activo, eso sí, sin hacer grandes esfuerzos».

Las parcelas se dirigen a hombres y mujeres que se acaban de jubilar, pero también hay gente joven que se siente atraída por participar. «Hemos detectado esta demanda de jóvenes y el Ayuntamiento lo está estudiando». Aunque el hortelano Gregorio cree que «para la huerta se necesita paciencia y tiempo, y esto los viejos lo tenemos». Las huertas huelen a frescor y «dan alegría», como mencionaba Antonio. También reviven bonitos recuerdos de infancia, como destaca Julián Díaz, cuya madre trabajaba en su huerta de Bárcena de Pie de Concha. «De niño no tenía interés, pero la miraba y ahora lo pongo en práctica», explica.

Un problema detectado son los ladrones de verduras. «Entran por la noche y, no es lo que se llevan, sino porque te lo pisan, lo estropean, se llevan ramas de tomates verdes y rompen todo. Es un disgusto», denuncia Gregorio. «Casi se llevan más de lo que recogemos», añade Avelino. Lo que –por cierto– demuestra que formar parte de la experiencia supera el premio final de la cosecha.

Estos días de verano reciben la visita de los talleres del programa ‘El Veranuco’ y durante el curso escolar hay muchos colegios que organizan visitas a los huertos sociales. «Los centros educativos están cada vez más implicados en enseñar al niño que las verduras no vienen del supermercado e incluso, muchos tienen un huerto propio», resalta Chantal. En septiembre se abre la inscripción para que los colegios reserven la fecha de visita para alumnos desde dos años.

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