Los huertos urbanos reforzarán su seguridad para frenar los robos

Un usuario de la Finca Altamira trabajando este verano en su huerto
Un usuario de la Finca Altamira trabajando este verano en su huerto / Antonio 'Sane'
Santander

Tras las denuncias de los usuarios, el Ayuntamiento elevará las verjas y aumentará la vigilancia en las horas en que las fincas se quedan vacías durante el día

PAULA DE RUFINO

Vicente González es uno de los hortelanos más conocidos en la Finca Altamira por su mano con los tomates. Como el resto de jubilados que pudo hacerse con un pedazo de tierra en un huerto urbano, reconoce que no pasa una mañana sin cuidar las hortalizas, frutas y verduras que planta. Hace pocos días se levantó más temprano de lo normal para recoger seis o siete tomates especialmente «espléndidos». «Llévatelos porque si no mañana ya no están», le advirtieron algunos de sus compañeros de parcela. Y así fue. Cuando llegó a la Finca Altamira, habían desaparecido. El goteo de robos de verduras, frutas y hortalizas en los cinco huertos municipales de Santander ha sido constante desde que se abrió el primero, hace ya siete años. «Casi se llevan más de lo que recogemos», denuncia Avelino Sánchez, otro de los hortelanos. Un problema que los propios usuarios trasladaron al Ayuntamiento en una reunión mantenida la semana pasada y en la que se decidió aumentar la vigilancia y seguridad en los recintos.

«Destrozaron las plantas y se llevaron medio centenar de puerros», lamentan en Concepción Arenal

En la Finca Concepción Arenal también han sufrido robos. Ángel de Luz, propietario de uno de sus huertos, todavía recuerda cómo alguien entró en la parcela, destrozó todas las plantas a su paso y se llevó más de la mitad del centenar de puerros que tenía listos para cosechar el año pasado. «Ya no es por recoger lo sembrado, sino por el disgusto que te llevas y la desilusión de verlo todo roto», asegura.

En ese solar la protección es buena en tres de sus cuatro costados. Pero uno de los laterales aún conserva una valla de madera que no supone ningún problema para quien quiera entrar y llevarse unos tomates o unas acelgas que plantan los usuarios. Donvina de La Fuente, otra de las hortelanas de esta finca, cuenta cómo hace pocos días se encontraba trabajando en su huerto y, precisamente, vio a unos hombres que se acercaban a esa zona y, al verla, «retrocedieron y se marcharon».

La Policía Local confirmó a este periódico que no se ha recibido ninguna denuncia por estos robos en los huertos sostenibles, pero el Ayuntamiento se ha comprometido con los usuarios a «solventar este problema con distintas soluciones», según la concejala Carmen Ruiz.

Vandalismo y hurtos

En un primer momento, una pequeña valla de madera era el único impedimento para entrar a los huertos. Posteriormente se incorporaron unas verjas verdes, más altas y con puertas con candados. Con esta medida, en la Finca Altamira se consiguió que cesaran los robos y destrozos que se solían cometer vándalos los fin de semanas. Ahora se dan otro tipo de robos, muchos de ellos por gente que, sin estropear nada, entra durante el día o la noche en el huerto y se lleva en una bolsa todo lo que puede. Algunos de los hortelanos creen que lo hacen por pura necesidad.

«Los huertos se pueden visitar y los hortelanos son generosos, dan verdura si alguien se lo pide», dice Carmen Ruiz

En cualquier caso, la primera medida que tomará el Ayuntamiento es ampliar la verja que ya existe en la Finca Altamira –una solución que, aseguran, ya ha funcionado en otras parcelas– y procurar que al mediodía, cuando los huertos se quedan abiertos pero sin nadie, haya siempre una persona vigilando.

«Los huertos se pueden visitar sin ningún problema y los hortelanos están encantados de enseñarlos y contar lo que hacen allí a todo aquél que esté interesado. Tal vez por ello la gente se piense que puede llevarse las cosas, cuando si se lo pidieran a la persona que está encargada del huerto, se le daría alguna verdura sin ningún problema. Son gente muy generosa», señaló Ruiz.

Antecendetes

Los robos en este tipo de parcelas municipales no son algo extraño que ocurra sólo en Santander. «Por desgracia, en todos los huertos siempre pasa esto», lamenta uno de los hortelanos de la Finca Altamira. Y no le falta razón. Otras zonas de Cantabria también se han visto afectadas con hurtos, como en Reinosa, donde los jubilados que cultivan las parcelas de la Finca Vista Alegre denunciaron la desaparición de cientos de hortalizas en agosto del año pasado. En ese caso también solicitaron al Ayuntamiento que pusieran medidas adicionales para proteger sus cultivos.

En el resto de España ocurre igual. En Zaragoza, por ejemplo, el año pasado se propuso la instalación de cámaras en los huertos, mientras que en Palma se decidió que las luces se encendieran automáticamente por la noche para cazar a los ladrones.

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