«Ahora sí que estoy en el kilómetro cero»

Marcos estuvo en la presentación de la feria santanderina. / Andrés Fernández

El salmantino, un tipo tranquilo, toma esta tarde la alternativa en Cuatro Caminos Alejandro Marcos Torero

ALFREDO CASAS

Salmantino de pocas palabras, Alejandro Marcos (La Fuente de San Esteban, 1994) afronta esta tarde el sueño de la ceremonia de alternativa. Con él serán tres los toreros charros que se doctoraron en tauromaquia en el coso de Cuatro Caminos. Aunque su currículo carezca de un aldabonazo en una plaza de máxima categoría, su concepto evoca a los más ilustres toreros castellanos. Apremiado por la incipiente necesidad de hacerse un triunfo, Marcos espera conquistar el corazón de la afición cántabra por naturales.

-Decía en su cuenta de Twitter hace no muchos días: «La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces».

-Así es. Cuando ves que el tiempo pasa y no alcanzas tus metas, las cosas se complican, entonces todo se hace cuesta arriba. Hay que ser muy fuerte mentalmente y concienciarse de que todo lo bueno, en la vida y en el toreo, se hace esperar. De ahí mi frase. También podría añadir que la paciencia es la madre de todas las ciencias. Todo llega si se sabe esperar.

«A fuerza de ser sincero, me ha faltado un golpe fuerte en una plaza de máxima categoría»

-Con lo buen estudiante que usted era y se empeñó en ser torero.

-¡Ya ve! (risas). Es que lo que de verdad me llenaba era el toreo. Acabé el bachillerato para tener una formación, algo que nunca sobra; pero, puesto a elegir entre la Universidad y la Escuela Taurina, me decanté por la última. Las medias tintas no valían de nada, no lograba compaginarlo, así que volqué todos mis esfuerzos en el toreo que era lo que de verdad me llamaba y me llenaba. Y aquí seguimos, intentándolo.

-¿Qué peso tuvo en su formación la Escuela Taurina de Salamanca?

-Fue definitivo. A día de hoy, por mucho que las critiquen, las Escuelas Taurinas son fundamentales en la formación de los toreros. En mi caso llegué al campo bravo y a las novilladas sin picadores de la provincia gracias a la Escuela. Sin la ayuda de la Escuela y de sus maestros, incluso de los ganaderos que tanto nos apoyaron, hubiera sido imposible.

«Cada plazo ha tenido su razón de ser y su ritmo. Esta tarde empieza una nueva vida»

-Después de tres temporadas como novillero con picadores apenas ha logrado sobrepasar el medio centenar de paseíllos. ¿Difícil situación por la que atraviesan los novilleros?

-Muy complicada. Aunque resulte contradictorio, lo más importante es anunciarte en Madrid lo antes posible. Yo debuté en Las Ventas con apenas doce paseíllos y tuve la suerte, no de caer de pie, pero sí de gustar a un sector de su afición y darme a conocer en el resto de España. Entonces pudo medio funcionar; pero si en Madrid no pasa nada...

-Menos mal que ganó el prestigioso Zapato de Oro de Arnedo en su edición de 2015.

-¡Menos mal! (ríe). La verdad es que ganar el Zapato no supuso el aldabonazo que en principio podía prever, pero sí me sirvió para entrar en un buen número de ferias importantes del Norte de España. Por fortuna, aún quedan plazas, valgan los ejemplos de Santander, Bilbao o Gijón donde sí valoran los méritos contraídos en los principales certámenes de novilladas. En general, para qué engañarnos, no sirvió de mucho, pero los que me contrataron lo hicieron de corazón y con mucha ilusión. A todos ellos les estoy muy agradecido.

-¿Le ha faltado rotundidad?

-Sí. A fuerza de ser sincero, me ha faltado un golpe fuerte en una plaza de máxima categoría. Los tuve bien cerca, sin ir más lejos en Madrid el día de mi presentación, pero no maté a la primera a ninguno de mis novillos. Quizá los fallos a espadas han marcado el devenir de mi carrera. Esperemos que sea capaz de solucionarlo.

-¿Podría decirme el mejor y el peor momento de su etapa novilleril?

-(Silencio). El mejor momento sin duda fue el día que gané el Zapato de Oro de Arnedo ¡y las puertas grandes de Salamanca! -salió en hombros por la puerta grande del coso de La Glorieta en septiembre de 2014, 2015 y 2016-. Y el peor momento, el día que me negué a matar a un novillo en Calasparra y me sonaron los tres avisos. Al corral que se fue. Puede resultar paradójico, pero los toreros somos toreros y nos tenemos que hacer respetar. Muchos de mis compañeros agradecieron mi actitud... Pero vamos a quedarnos con lo bueno. Hay que ser optimistas y positivos.

-Se encuentra a las puertas del día de su alternativa, ¿el día más anhelado de su corta carrera artística?

-El día por el que llevo luchando toda mi vida. Todo cuanto he hecho hasta el momento tenía por objetivo hacerme matador de toros. No he tenido prisa. Si le digo la verdad, no se me ha hecho larga la espera, porque he disfrutado de cada momento de mi preparación. Cada plazo ha tenido su razón de ser y su ritmo. Ahora sí que estoy de verdad en el kilómetro cero. Esta tarde empieza una nueva vida.

-Estuvo presente en la presentación oficial de los carteles de la Feria de Santiago. ¿Qué sensaciones vivió en Santander?

-Me trataron con muchísima sensibilidad. Me hicieron sentir muy especial. Es curioso que fuera de mi casa me trataran con tanto respeto y cariño. Me sentí muy arropado.

-¿Sabe que es el tercer torero salmantino que se doctorará en la capital cántabra?

-Lo sé. Mis predecesores fueron el maestro José Ignacio Sánchez y Juan Del Álamo. ¿Verdad que no hacemos mala terna? Menuda era la personalidad y la mano izquierda de José Ignacio. ¡Qué torero! Por no hablar de la afición, la raza, la ilusión, la capacidad de sacrificio y la paciencia de Juan. Nunca ha desesperado. Y ya ve por donde, el pasado San Isidro logró la puerta grande que tantas tardes rozó. Es evidente que ambos colocaron el listón bien alto.

-¿Cuatro Caminos es una de sus debilidades taurinas?

-Lo es. La primera vez que entré en la plaza fue para torear y me pareció muy acogedora y cálida, además de una pintura. Y, como aficionado, he tenido la gran suerte de ver extraordinarias faenas desde sus tendidos; sin ir más lejos la del maestro Enrique Ponce a un toro de Moreno y Miranda el pasado año. Es una plaza con mucha personalidad y sabor.

-¿De verdad es tan tranquilo como aparenta?

-Sí que lo soy la verdad (risas). Hombre, también me pongo nervioso. ¡Soy humano! Pero, en líneas generales, soy un tipo bastante tranquilo. Hay un dicho, creo que es chino, que dice: «Si un problema tiene solución para qué te preocupas y si no la tiene, para qué te preocupas». Las cosas son como son y punto. De qué sirve atacarse y amontonarse. Mejor intentar mantener la calma y pensar con la mente despejada y lo más fresca posible. Insisto que, como todos, tengo mis preocupaciones, pero con paciencia y tiempo, todo termina encajando.

-Siempre han dicho que es un torero al que hay que esperar ¿Se acabó la expectación? ¿Es ahora o nunca?

-De verdad que yo pongo todo de mi parte para que sea cuanto antes pero, a estas alturas de la entrevista, creo que ha quedado claro que no soy amigo de las prisas ¡Ni de los ultimatos! Lo que tenga que ser, será en su momento, de forma natural. Por mí no va a quedar, intentaré asimilar cuanto antes la embestida del toro y los cambios que suponen el salto de escalafón. No lo he dicho, pero también soy un tipo muy perseverante. Al final brotará el torero que quiero ser.

-¿Ser tan castellano, recio y sobrio juega en su contra?

-Puede que lo haga. No me lo he planteado. Puede que, por mi forma de ser y expresarme, mi toreo tarde en llegar a un determinado sector del gran público. Pero no se engañe, cuando se le echa pasión a la vida, llegas a las entrañas; si yo siento frente a la cara del toro, el que me está viendo desde el tendido siente. Más que ser sobrio y respetuoso con la liturgia, me preocupa sentir y sentirme.

-Elija: salir esta tarde por la puerta grande o pegar seis naturales ligados, reunidos, templados y hondos.

-Soñar siempre sueño con la media docena de naturales... ¡Mejor si son dos docenas! Prefiero sentirme realizado a tener una foto de una puerta grande. Pero ya creo que es hora de que se den las dos cosas al tiempo. No me voy a engañar, un triunfo rotundo esta tarde me vendría fenomenal. Quizá sea la primera ocasión en mi carrera que me planteo como necesidad salir a hombros, lograr el triunfo.

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