«Cuando no llueve, esto es una bomba»

Parrillada en una de las casetas de la Feria de Gastronomía y Folclore Regional, junto a los campos del Racing, en El Sardinero.
Parrillada en una de las casetas de la Feria de Gastronomía y Folclore Regional, junto a los campos del Racing, en El Sardinero. / Roberto Ruiz

La gran carpa situada junto a los Campos de Sport de El Sardinero acoge un verano más casas regionales de diferentes comunidades Las casetas de la IX Feria de Gastronomía y Folclore Regional repasan los sabores más típicos del país

MARÍA DE LAS CUEVAS

«Ni Enrique Iglesias, ni nada. La feria gastronómica de las comunidades autónomas es una bomba, como ha demostrado en sus anteriores ediciones. Si no llueve, eso sí». Lo dicen tras la barra. Los hosteleros de la Feria de Gastronomía y Folclore Regional instalada por noveno año junto al campo del Racing, en El Sardinero. La inmensa carpa blanca con mesas y bancos de madera dispuestos al estilo de una sidrería acoge seis casetas con la cocina de diferentes regiones. Está la de Cantabria, con sus sardinas; el centro de Aragón, con codillo; la casa de Andalucía, que sabe a 'pescaíto' frito; la de Castilla La Mancha, con sus quesos maduros; el centro Gallego y ese pulpo recién hecho; y la embajada asturiano, de la que sale un chorizo criollo, entre otras muchas especialidades.

La feria abre cada día de jueves a sábado, de 13.00 a 2.30 horas, y de domingo a miércoles, de 13.00 a 00.30. El ambiente es familiar. Grupos grandes que mezclan padres, tíos, hijos y primos. Una barbacoa al medio, por ejemplo. «El precio de las parrilladas abundantes para dos personas con dos bebidas es de 22 euros». Las de carne son de las preferidas por los clientes que pasan por ahí -turistas y cántabros, algunos de ellos habituales de cada año-. «Nos destacan la calidad del producto y la buena relación calidad-precio».

«La noche de fuegos en esta feria es un filón», cuenta Ana, de la Casa de Cantabria, en la que las sardinas, las anchoas de Santoña, la sidra y la cerveza regional son las estrellas. Por eso ayer, a mediodía, andaban poniendo todo a punto. La hora fuerte es a partir de las siete y media de la tarde. «Mejor si hace sol», insisten los camareros. «La gente sale de la playa con hambre y se deja caer por aquí atraída por el olor». Las grandes paelleras y cazuelas de patatas con huevos fritos y pimientos también son protagonistas. En fin, que es una feria para ir con hambre y de ambiente desenfadado.

«Nosotros hemos venido a la hora de comer porque sabemos que es más tranquilo. Por las noches está a tope», dicen Mercedes y Luis Enrique, una pareja que disfruta de una caña mientras se hace un selfie con su perro, frente a un plato vacío. «Nos ha encantado y no hemos dejada nada para él», bromean.

Reponer fuerzas

Es un sitio para reponer fuerzas, como hizo Chema Trueba (el popular humorista que sale en El Hormiguero), que venía de donar sangre: «No me he mareado pero, por si acaso, nos hemos venido aquí como medida preventiva», bromea este torrelaveguense afincado en Madrid. Junto a él, su amigo Esteban Martínez, para quien lo mejor es que «la carpa te protege de la lluvia y no impide ir de casetas. Además, la comida es de calidad».

La feria acoge a un gran número de personas. «No es fácil tener la infraestructura suficiente para atender a tanta gente asegurando la calidad de la cocina», subrayan en la Casa de Cantabria, donde recuerdan que en la anterior edición, en la noche de fuegos, «pasaron por aquí 70.000 personas, según datos que facilitó el Ayuntamiento».

La feria, que está consagrada y repite cada año en el mismo lugar, es un atractivo para el turista, como una familia de madrileños, que repite. «El año pasado vinimos mi mujer y yo y nos gustó tanto que hemos querido que lo conozcan nuestras hijas», explican Juan y Adriana. A ellas, Nerina y Luz, no les importa la lluvia. «Al contrario, nos encanta variar entre día de sol y playa y días de lluvia». Han estado por Langre o Isla y ayer les tocaba Santander. «Nos encanta la fotografía y con estos días grises salen unas fotos interesantes y bucólicas».

La música de las sevillanas y los farolillos rojos de lunares arrastran a recorrer la última de las casetas. Andalucía. Allí, donde el salero se da por descontado, lo que más se sirve son tortitas de camarón, chipirones o conejo a la brasa. Y para beber, rebujito (manzanilla con un refresco de gaseosa). Su encargado, Juan, que viaja por toda España de feria en feria, resalta que «aquí se come mucho, pero bailar, muy malamente».

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