Notable novillada de Zacarías Moreno

Embarcado. Hasta detrás se echó Pablo Mora por derechazos al tercer ejemplar en el orden de lidia, el encastado 'Mioso'. / Celedonio Martínez

Un sobrado Colombo paseó un trofeo, mientras que Mora instrumentó la faena más redonda

ALFREDO CASAS

Si bien es cierto que los novillos que rompieron y cerraron festejo fueron los más deslucidos de la tarde, el primero por blando y afligido y el sexto por manso, informal y rajado, el resto de los ejemplares del desigualmente presentado encierro de Zacarías Moreno, ofreció infinitas y serias opciones de triunfo grande. Por cierto, el utrero corrido en sexto lugar en el orden de lidia fue reseñado al mediodía como segundo sobrero, pero un involuntario error del personal de corrales al abrir los portones de los chiqueros propició su lidia. Cosas que pasan. El mejor escribano echa un borrón. Al lío.

Parado con el capote con un farol de rodillas y media docena larga de gaoneras, apenas castigado en varas y quitado por gallosinas, el primer novillo de Daniel Menés fue templando sus francas, profundas y emotivas embestidas por ambos pitones. Más preocupado por las reacciones del público que por afinar la colocación y calibrar las distancias, el novillero madrileño no pasó de correr la mano diestra. Una primera tanda de naturales, enganchados adelante, largos y trazados en la línea recta, actuó como espejismo. Por más que lo intentó, Menés no volvió a acoplarse en sucesivos e imprecisos intentos. Del manejo de la espada, mejor pasar por alto.

LA CORRIDA

Santander
Plaza de toros de Cuatro Caminos. Lunes, 24 de julio de 2017. Segundo festejo de abono de la Feria de Santiago. Novillada con picadores. Tarde de intermitente calabobos y templada temperatura. Algo más de un tercio de entrada. Seis novillos de la ganadería de Zacarías Moreno (513, 466, 514, 498, 501 y 461 kilogramos) de procedencia Juan Pedro Domecq, vía El Ventorrillo. Desigualmente presentados y de pobres caras. Blando, afligido y a la defensiva el primero; bravo, enclasado y con motor el segundo; encastado, codicioso y pronto el tercero, de gran pitón derecho; justito de fuerzas, pronto y de buena condición el cuarto; noble, fijo y de templado son el quinto y manso, informal y rajado el utrero que completó festejo. El sexto ejemplar, anunciado como segundo sobrero, se lidió por un error del personal de corrales.
Jesús Enrique Colombo (azul marino y oro)
estocada entera y en lo alto al paso de banderillas y al hilo de las tablas (ovación con saludos) y estoconazo ligeramente contrario (oreja).
Daniel Menés (verde manzana y oro)
estocada perpendicular, delantera y caída, pinchazo y bajonazo (silencio tras dos avisos) y dos pinchazos, estocada contraria y tres descabellos (silencio tras dos avisos).
Pablo Mora (azul celeste y oro)
dos pinchazos, media estocada tendida y dos descabellos (silencio tras aviso) y más de media atravesada y baja y estocada casi entera y atravesada (ovación tras aviso).

Arrastrado por el tiro de mulillas el bravo 'Polifacético', se corrió un ejemplar de bastas y aleonadas hechuras que exigió sitio desde el saludo capotero. Codicioso y entregado en el peto del caballo, el novillo se pegó una fuerte voltereta y costalada al descolgar la embestida tras el capote de David Blázquez.

Los bravos 'Polifacético' y 'Mioso' destacaron de entre la buena y desigual novillada

Aunque en un principio pareció lesionado de la pata derecha, el encastado colorado de Zacarías Moreno se convirtió en una encelada máquina de embestir. Básicamente por el pitón derecho. Inteligentemente asentado, administrado y calibrado por Pablo Mora, el morlaco de nombre 'Mioso' fue milagrosamente embarcado, sometido y templado por el jovencísimo torero madrileño. Digo milagrosamente porque ayer fue el primer paseíllo de Mora. Asombroso de veras que un novillero tan escasamente placeado fuera capaz de gestionar con tanto sosiego los tiempos entre muletazo y muletazo. He ahí la clave de la rotunda tanda de derechazos con la que culminó su notable trasteo. Lástima que pecara de precipitado al montar la espada. De no marrar con los aceros... quién sabe. Algo parecido sucedió con el manso e informal sexto, al que Pablo Mora esperó, acompasó y reguló las alturas en ligadas series de ralentizados derechazos; como si llevara toreadas tres docenas de festejos. Quizá se excediera en el metraje de su actuación, algo lógico si atendemos a su necesidad de vestirse de luces y torear para el público. Que el novillo huyera una y otra vez de la suerte no logró descomponer a Pablo, decidido a exprimir con criterio cada una de las arrancadas de su enemigo. De verdad, qué ganas de volver a ver al novillero capitalino. Esperemos que antes no pare de entrar al carretón.

Traspasado el ecuador de la segunda del abono, se lidió un novillo de cómoda y acapachada encornadura, hondo, reunido y apretado que respondió con prontitud, alegría y franca condición a los cites de Colombo. Solvente capotero, sobrado en banderillas y contundente en el manejo de la tizona -sólo el espadazo mereció la oreja del cuarto-, el novillero venezolano no terminó de estructurar su trasteo ni de imponer el ritmo a las embestidas del noble 'Belloto'. Cuestión de pulso. Y de menos tirones. Con todo, supo tapar con oficio y recursos su incomodidad de cara al público que aguantó estoico los intermitentes momentos de incesante 'sirimiri'. Se llama afición. Ole por ellos.

Pitorro, despegado del ruedo y musculado, el quinto acometió desde su salida apoyándose en las manos. Fijo y obediente a los toques, 'Misterioso' no quiso más que mimo y pulso; casi casi que lo acariciaran. Cuando Daniel Menés logró despejar las incógnitas de su agradecida ecuación, y fondo, se desplazó con templado son. Y hondura por el pitón izquierdo.

Noble, que no tonto, el novillo fue adueñándose de la situación y anticipándose a las acciones del descolocado Menés. Acusó el torero que el astado perdiera su primigenia inercia. Al tardar el novillo en llegar al embroque con el engaño, llegaron los desajustes y las dudas. Las mismas que transmitió al volver a escoger los terrenos donde ejecutar la suerte suprema. Desacertado nuevamente con los aceros, Menés volvió a escuchar otros dos avisos. Debiera de recapacitar.

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