Dos palacetes del siglo XIX de la calle del Sol serán convertidos en hotel

Los dos edificios que serán reconvertidos en hotel están cerca de la iglesia de los carmelitas/ROBERTO RUIZ
Los dos edificios que serán reconvertidos en hotel están cerca de la iglesia de los carmelitas / ROBERTO RUIZ
Santander

Son obra de Emilio de la Torriente, del año 1898, y han sido adquiridos por unos indianos de Villacarriedo. Serán sometidos a una reforma integral y albergarán 25 habitaciones

Juan Carlos Flores-Gispert
JUAN CARLOS FLORES-GISPERTSantander

Dos de los antiguos palacetes de familia de la calle del Sol serán reconvertidos en hotel por unos empresarios mexicanos con residencia veraniega en Villacarriedo que han adquiridos los inmuebles. ‘Villa Carmina’ y ‘Villa Rosa María’. Obras de Emilio de la Torriente de finales del siglo XIX, fueron hasta hace pocos años dos chalés de familia idénticos y lindan pared con pared, aunque uno de ellos fue transformado y su primitiva cúpula fue reconvertida en torreta. Los indianos que han adquirido los inmuebles los convertirán en un hotel de 25 habitaciones. Abrirá en 2018.

Los edificios fueron construidos «para ser un hotel, proyecto que luego derivó en dos viviendas», en palabras del médico e historiador local José María Cubría Mirapeix.

Vacíos desde hace años los dos inmuebles, el de la zona Oeste, lindando con la calle de Francisco Palazuelos, fue ocupado por la academia Macaya y permanece cerrado hace tiempo. Su interior nada conserva de la primitiva decoración, pues fue reconvertido en aulas. El del Este fue propiedad de Enrique Cantera, en el que vivió su viuda Carmina hasta su fallecimiento. Está cerrado hace años. Los hijos del matrimonio, que no habitan el inmueble, lo han vendido.

Los dos palacetes forman una línea con otros «que guardan parte de la historia de la ciudad», como cuenta el presidente del Centro de Estudios Montañeses, Francisco Gutiérrez. En la misma calle está el Palacete Sotileza, «que fue mandado construir por José María de Pereda para su residencia en Santander. Nunca lo llegó a estrenar, murió antes». Como ‘Villa Carmina’ y ‘Villa Rosa María’ es obra de De la Torriente, del año 1898, asegura Cubría. ‘Sotileza’ fue transformado hace una década en apartamentos, tras ser vendido por la familia Quintana. Al lado está ‘Villa Asunción’, la casa de la familia Calderón, saga que ha dado tantos artistas a la historia local, nacional e internacional.

Una calle abierta en el año 1897 con iglesia neogótica carmelita

La calle delSol fue abierta en el año 1897 en el viejo barrio de Las Bigarrias y tenía en ambos lados preciosos palacetes, de los que solo se conservan una parte. También con palacetes de familia era el Paseo de Menéndez Pelayo, que conserva buena parte de aquellos inmuebles del siglo XIX muchos de ellos restaurados y transformados. Para prestar asistencia religiosa a las familias que se asentaron en el barrio, se abrió al culto en el años 1904 la iglesia del Carmen y Santa Teresa. El edificio fue construido bajo la dirección del arquitecto municipal Valentín Ramón Lavín Casalís, con arreglo a los planos de su colega José Ramón Ortiz Portillo. Es estilo neogótico, con tres naves, crucero, coro y tribunas a modo de triforio. Ha sido restaurado por la empresa cántabra Juncalmar.

Un barrio con mucha historia

Y, frente a la iglesia de los carmelitas, está el palacete López Dóriga, de clara influencia francesa, realizado por Alfredo de la Escalera en el año 1913. En la actualidad es propiedad del Gobierno de Cantabria y está a la venta. En origen fue residencia de Victoriano López-Dóriga y Sañudo y su esposa, Matilde López-Dóriga y López-Dóriga. Durante la Guerra Civil española el palacete fue sede de la checa del sangriento comisario político Manuel Neila.

Después, el palacete acogió dependencias de la Guardia Civil y fue cuartel de la Policía Armada y, más tarde, sede de los juzgados. Don Victoriano, dueño de los Astilleros de San Martín, fue presidente de los navieros españoles y de la federación española de clubes náuticos. Junto a su casa compró otras dos en línea, en la calle de Lope de Vega, para sus hijos María y Miguel, derribadas años después para construir bloques de pisos. Así que, como dice Gutiérrez, «el barrio tiene mucha historia».

Más hoteles en el centro

Hay mas planes para abrir hoteles en el centro de Santander. Uno en el edificio del Club de Regatas, en el antiguo palacio del marqués de Casa Pombo, en el gran edificio de cuatro fachadas, la principal a la plaza de Pombo. Y, muy cerca, en la calle de Ataúlfo Argenta, junto a La Porticada, está el antiguo Hotel Ignacia y después Central, cerrado desde enero de 2015 y en el que un grupo de empresarios locales ha puesto el ojo para reabrirlo, después de someterlo a una total transformación. La familia Falla, propietaria del inmueble, lo puso a la venta en 5,5 millones de euros.

En el Club de Regatas, el grupo Hilton ha mostrado su interés por convertir las dos últimas plantas del edificio en hotel, con entrada por la calle de Sanz de Sautuola. Una obra que interviene en un edifico de gran protección urbanística, que está retrasando los planes. La conversión de dos plantas en hotel pasará además por la completa restauración de las fachadas y sus elementos decorativos y balcones, el tejado y las cuatro cúpulas además de la obra necesaria para reunir en dos plantas las instalaciones y almacenes del Club, que ocupan la práctica totalidad del edificio. Está también vacía la mitad de la primera planta, que ocupó un bingo.

Nuevas fórmulas de hotel

Mientras estos proyectos salen adelante, el aumento de turismo y visitantes en Santander, siempre en temporada alta, ha llevado a la apertura de establecimientos en el centro. En la calle de Hernán Cortés número 25 (plaza de Pombo) se sitúan los seis apartamentos Art Suite, completamente equipados, cocina incluida, de una superficie cada uno de entre 40 a 50 metros, con capacidad cada uno para cuatro personas. Este alojamiento fue inaugurado en agosto del año 2016 y el precio medio en verano de uno de los apartamentos es de 250-300 euros día.En la calle Santa Teresa, detrás de la iglesia de los Carmelitas, la misma empresa tiene el Hotel Art, abierto en 2013, de categoría tres estrellas y 23 habitaciones, vistas sobre los tejados de Santander y el mar y una característica: no admiten niños. La habitación en temporada alta oscila entre los 150 y los 250 euros, las más caras con vistas al mar.

Más económico es el Hostel Santander en el Paseo de Pereda número número 15 que ofrece noche y desayuno por 29 euros, café e infusiones todo el día para el cliente. Está situado en la primera planta del inmueble y dispone de 21 camas, distribuidas en tres habitaciones, dos de ellas para seis personas cada una y una en la que la capacidad es de nueve clientes. Es una nueva forma de alojamiento, pensado para gente joven o aquellos a quienes no les importe compartir habitación.Eso sí, a precio muy económico. Fue inaugurado en 2015 y el éxito ha sido notable.

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