Un reflejo cerámico para los fuegos

Imagen de los fuegos de este jueves./Celedonio Martínez
Imagen de los fuegos de este jueves. / Celedonio Martínez

La bahía y el Centro Botín enmarcan el espectáculo pirotécnico de la Feria de Día, que reunió a una marea humana

Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

Si hay fuegos cerca del mar siempre se escribe de reflejos. Es tan ineludible como el espejo en el cuento de Blancanieves. El Cantábrico, el cielo, el horizonte... ‘Espejito, espejito’. Anoche también, aunque se cambiara la arena de las playas por el firme de los diques del muelle. Las olas por las machinas. Del Sardinero al centro, pero con el salitre siempre de fondo. La diferencia en esta segunda tanda de cohetes dentro de la misma Semana Grande fue la presencia del gigante espejo cerámico. De la pared de ese nuevo inquilino del espacio más privilegiado de la ciudad. El Centro Botín fue, sin moverse, uno de los protagonistas de la noche de fuegos artificiales. Un segundo reflejo añadido en las conversaciones y un objetivo evidente para los fotógrafos. Y con él, como siempre, miles de personas. Lo que nunca falla en la noche de la pólvora.

No fue un momento para quedar por el centro sin referencias concretas. Nada de «ya nos veremos por allí». Más bien una de esas ocasiones que, en Santander, se resumen con «estuvo todo el mundo». Víspera de fiesta, Semana Grande y en el centro. No entraba un alfiler (y menos, una fila de coches). Organizados por la Asociación de Hostelería en el marco de la Feria de Día, otra vez se encargó de lanzarlos la empresa valenciana Ricasa. En total –es lo que estaba anunciado por el Ayuntamiento–, una tirada de 256 kilos con una duración algo más corta que la de los del Sardinero para la víspera de Santiago. Todo, después de un día de los que aquí tienen la etiqueta «de playa», aunque a última hora la lluvia hizo acto de presencia y deslució un poco el panorama general (lo que restó algo de caja a las casetas de la zona).

Para algunos, y aunque aún queda programa, fue un principio del fin de las fiestas y hasta de las vacaciones. Porque el último fin de semana de una quincena de mes de verano siempre está repartido entre principios y finales. Entre maletas ordenadas o llenas de ropa sucia. Idas y vueltas. Y así es todos los veranos y así seguirá siendo.

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