¿Cómo será santander en 2100?

La ciudad se transforma en un juego de realidad virtual sin atascos, sin coches, con edificios sostenibles ganados al mar y energías limpias

LOLA GALLARDOSantander

¿Se imagina una ciudad limpia, sostenible, sin atascos, sin aparcamientos y controlada por drones? Esta proyección utópica de Santander en 2100 es la protagonista del proyecto de realidad virtual ‘VRPolis. Diving into the Future’, que representó a España en la I edición de la Bienal del Diseño de Londres y que hasta el viernes está al alcance de los santanderinos en el Festival de Cine y Arquitectura de Santander, en su sede de Los Aguayos, en horario de 16.00 a 20.00 horas. Los primeros en disfrutar de un viaje por un Santander conocido y a la vez desconocido visitaron ayer el puerto, la bahía, la plaza Porticada, el Río de la Pila o la calle Marcelino Sainz de Sautuola. Son distintos escenarios que muestran papeleras inteligentes que otorgan puntos a quien sabe utilizarlas, taxis sin conductor o bicicletas eléctricas y coches que conducen solos y permiten incrementar el tiempo de ocio de sus ocupantes.

Maite Cantón es la comisaria del proyecto que eligió seis escenarios de Santander para diseñar esta experiencia. «Se trata de mostrar una visión utópica, pero posiblemente real en un futuro no tan lejano, por su cultura y sus avances en el desarrollo de la ciudad inteligente», indicó quien ahora confía en dar una vuelta de tuerca al proyecto con planes reales. El proyecto creado por DímeloAmí ha contado con la colaboración de InMediaStudio, empresa especializada en la creación de experiencias de inmersión y técnicas audiovisuales 360º. La iniciativa permite caminar por Santander, desde el puerto y la bahía hasta la Porticada. Filmados en tres dimensiones, el resultado es una pieza de realidad virtual que sumerge al visitante en esa visión futura de la metrópoli. Allí hay edificios cubiertos de microalgas –«Es la energía del futuro», aclara Cantón– que se encargan de regular la energía para que no falte luz, agua o calor en las viviendas.

Paseas de día o de noche, incluso puedes elegir el modo lluvia y, de repente, la plaza Porticada se cubre para impedir que la gente se moje. Hay drones continuamente sobrevolando el cielo para controlar que todo está en orden. Y en las azoteas de las terrazas o las medianeras de los edificios se instalan huertos ecológicos. Pero si algo llama poderosamente la atención de este juego es que sus ciudadanos no tienen coches. No hacen falta. Continuamente pasan vehículos que paran, subes y te llevan hasta donde tú quieras. No tienen conductor y algunos incluso llevan en la parte superior una pantalla para que la gente disfrute de una película mientras viaja. «Se trata de incrementar los momentos de ocio, tener más tiempo libre», señala Cantón quien mientras explica las inmensas posibilidades del juego ayuda a manejar los mandos. Se trata de un ejercicio de creatividad y reflexión que permitirá a los ciudadanos visualizar cómo la tecnificación urbanística puede contribuir a optimizar recursos y evitar la contaminación, mejorando la habitabilidad y el bienestar.

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