El Sardinero se llena de edificios vacíos

El Sardinero se llena de edificios vacíos
Roberto Ruiz

Hoteles cerrados, palacetes señoriales en semirruina, bajos comerciales sin uso y hasta un chiringuito desvencijado a pie de playa deterioran la imagen de esta concurrida zona

Juan Carlos Flores-Gispert
JUAN CARLOS FLORES-GISPERTSantander

Si El Sardinero fuera un barrio, que no lo es, se diría que hoy es una zona con cierto deterioro urbanístico, con numerosos edificios en semirruina, varios importantes locales sin uso y grandes inmuebles cerrados. Pero como no es un barrio, sino la zona más elegante de Santander y la que visitan miles de personas al año, hay que contar que en los últimos tres años se han cerrado dos hoteles y dos veteranas pensiones, la mitad de los bajos comerciales del Casino, hay varios palacetes en ruina, el Gobierno no encuentra comprador para su Quinta Labat –cerrada desde hace una década–, el chiringuito Rema de la playa de Castañeda está desvencijado y los bajos del Rhin, en parte cerrados, dan un aspecto lamentable a la zona. Como el espacio que fue una discoteca en la calle Panamá, clausurado también.

Porque El Sardinero está en fase de cambio y en él se encuentran en venta una veintena de palacetes históricos y casas de familia con terreno. No hay más que mirar las ofertas de venta de las principales inmobiliarias de Cantabria. Mikeli, especializada en venta de casa de lujo, ofrece en la Avenida de los Infantes 81, frente a la Iglesia de San Roque, un palacete de 760 metros cuadrados con 18 habitaciones, 8 baños y 2 aseos; por 1,9 millones de euros. Cuando los paseantes discurren por delante de él no pueden dejar de pararse y admirar el estado en que se encuentra. La imagen que da a la zona es pésima. Uno de los principales aspectos del chalé es «su amplísimo terreno perimetral, en el que destaca el espacio de la zona trasera, donde se puede edificar hasta llegar a 696 metros construidos en total», dice la publicidad de la inmobiliaria que lo tiene en venta.

Junto a la iglesia de los Redentoristas, en el Alto de Miranda, hay otro gran chalé cerrado, en proceso de deterioro. «Para reformar y crear el hogar ideal, un pequeño hotel o bloque de apartamentos. Dispone para ello de 436 metros más un terreno alrededor de 395 metros», dice la publicidad. El inmueble está a la venta en 995.000 euros.

El último edificio en cerrar ha sido el clásico Hotel París, en la Avenida de los Hoteles

En la Avenida de los Infantes están varios de los palacetes cerrados. Uno de ellos es la imponente Quinta Labat, del Gobierno de Cantabria, en perfecto estado de conservación y con los jardines cuidados. No encuentra el Ejecutivo regional quien lo adquiera por 2,4 millones, con su finca de 4.884 metros cuadrados. El palacete fue diseñado en 1895 por el arquitecto Casimiro Pérez de la Riva. Sin duda, el edificio más grande vacío de El Sardinero es la antigua Residencia de Tiempo Libre Marcano, más tarde residencia de la tercera edad La Pereda, a pocos metros de la Segunda Playa. También es propiedad del Gobierno regional y está en venta en 4,7 millones.El edificio tiene 9.000 metros cuadrados sobre una parcela de 10.717.

Frente a la Quinta Labat está apuntalada y protegida en parte con redes, para evitar que las piezas que se desploman causen daños, un antiguo chalé denominado ‘Villa Josefa’, que la promotora Infantes 21 va a reconvertir en «siete exclusivas viviendas». La constructora Vicente Diego Lavín, de Torrelavega, se encargará de la rehabilitación del inmueble, casi en estado de ruina.

Hoteles cerrado

En la Avenida de los Hoteles está cerrado el Hotel París, uno de los clásicos. Los herederos de Pedro Fernández, la familia que lo explota desde el año 1903, han decidido no seguir con el negocio y devolvérselo a sus propietarios, el potente grupo hotelero Sardinero, en cuyas manos están también los hoteles Hoyuela,Sardinero y Bahía, además de todos los bajos del Casino.

En enero próximo, el inmueble vuelve a manos de sus propietarios y será entonces cuando se decida qué harán con él, se explica desde la empresa. Pero se restaure o se derribe y reconstruya, puesto que es un edifico protegido, pasarán años antes de que este edificio blanco, clásico de las ciudades costeras de veraneo de los años veinte del siglo pasado, reabra sus puertas como hotel o como apartamentos de lujo a pocos metros de la playa. Frente a Piquío está el Hotel Colón, cerrado desde septiembre de 2013 y, como el París, otro clásico para las vacaciones de verano. Su propietario, Rafael de Palacio, residente en Madrid, decidió que no seguía adelante con el negocio «porque requiere mucho mantenimiento e inversión para tenerlo en buen estado».

La mitad de los bajos del Casino están cerrados desde hace tres años

Inaugurado entre los años 1910 y 1920 –los dueños no tienen certeza de la fecha–, su fachada fue remodelada alrededor de 1965 por los hermanos Cuerno, de Santander. En origen, el hotel se llamó ‘Concepción’. Parte del edificio se reabre en julio y agosto para el veraneo de los propietarios, que explican que «hemos recibido muchas ofertas para comprarnos el edificio y hacer pisos, pero nuestra idea no es venderlo».

En la Avenida de los Castros, a pocos metros del Hotel Colón, están cerradas dos de las pensiones tradicionales que durante años atendieron a los veraneantes, en edificios contiguos. ‘Margarita’ cerró en 2015 y ‘Soledad’, en 2014. Los edificios son propiedad de Herederos de Pedro Fernández y permanecen vacíos sin que haya decisión de qué hacer con ellos. Una idea es derribarlos y construir en el solar un moderno edificio de viviendas. Hasta hubo durante semanas un cartel anunciador en la fachada. La decisión está en el aire, lo mismo que el futuro de los más de 1.000 metros de bajos del Casino que permanecen cerrados, aunque este verano han sido decorados con fotografías antiguas de los años de esplendor del veraneo santanderino.

Plaza de Italia

Esos 1.000 metros de espacio vacío bajo el Casino son propiedad del grupo Sardinero. Ocupados tiempo atrás por bares, cafeterías y otros negocios, están cerrados desde finales del año 2014. Desde la empresa propietaria explican que «hay ideas para el futuro. En cualquier caso, será algo de calidad». Y añaden que «la pelota está en el tejado del Ayuntamiento».

Desde el Consistorio dicen desconocer el proyecto aunque apuntan que, «cuando los propietarios emprendan la obra, deberán restituir la fachada a su estado original, con sus arcos blancos y sus molduras y en la misma situación, porque el edificio está protegido y su fachada no puede ser alterada», explica un portavoz municipal.De otro lado, el Ayuntamiento tiene planes para la Plaza de Italia. Hace dos años informó que la transformaría para convertirla en un espacio más moderno. También está previsto instalar en ella el monumento a González de Linares, destrozado por los vándalos.

El chiringuito ‘Rema’ es la muestra de cómo se deterioran los edificios sin uso. Está prácticamente en ruina y no hay quien quiera quedarse con él. Además de pagar un canon a Costas de 25.000 euros al año por su uso habría que acometer una obra total de miles de euros de restauración y readecuación, que ningún hostelero se atreve a emprender. Si nadie lo quiere, Costas anunció en 2015 que lo derribaría.

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