Semana Grande

Las ferias, más que algo de niños

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Niños y mayores, familias enteras, en el recinto ferial de este año. Como siempre, uno de los epicentros de las fiestas. / Daniel Pedriza

  • El precio de cada viaje este año oscila entre los 2,5 y los 3,5 euros en un espacio donde no faltan las atracciones clásicas de todos los años

  • Los hijos 'tiran' de sus padres, que recuerdan los veranos de su infancia en cada visita al recinto

Al volver a casa, a ellos, a los más pequeños, les duelen las piernas. No han parado de correr. Impacientes. Sin embargo, a sus padres lo que les escuece son las manos. Tirando de los chavales arriba y abajo y hasta recordando cuando ellos fueron niños. La visita a las ferias es generacional. Algo pegado al Santander de todos los veranos. Y este año vuelve a ser lo mismo.

Es difícil encontrar un sitio donde dejar el coche en los alrededores del aparcamiento de Los Campos de Sport de El Sardinero. Lo mismo pasa con los autobuses, que vienen repletos de gente. Especialmente niños, que bajan rápido para dirigirse a sus atracciones favoritas. Como enloquecidos. A medida que alguien se acerca, escucha los gritos de emoción y, sobre todo, adrenalina. Los más pequeños vienen acompañados de sus padres, hermanos e, incluso, abuelos. Muchos, en brazos, señalan hacia todas direcciones con caras de impaciencia. «No te separes de mí». Los padres tienen que estar atentos. Pendientes de unos críos empeñados en correr y que siempre van delante. «Dame la mano, que hay mucha gente». Ellos solo piensan en lo que harán nada más llegar: «abuelo, primero vamos a por palomitas».

«Que grandes», comentaban los niños con caras de asombro al mirar 'cachivaches' a derecha e izquierda. «Mira esa. Es 'Fórmula Max'». Con una gran altura y un movimiento pendular es una de las más apetecibles. Se les nota en la cara. A los pequeños y a los que ya dejaron de serlo. Miran atónitos, pero los más críos todavía no pueden subir. No dan la talla. «Mamá, yo quiero esa», apunta una niña. «Esa es de mayores». Pero tienen opciones de sobra. 'Los rapidos' es otra de las preferidas. «Como mola esta de agua, va a la velocidad de la luz», se escucha delante de las escaleras. «Papi hay mogollón de nuevas, quiero montar en esa». En todas, como con los anuncios de juguetes en Navidad.

La música suena de fondo y los grupos de adolescentes también recorren de un lado a otro el recinto. Sus primeras salidas 'libres'. La playa, el cine y las ferias. Seleccionan a conciencia en lo que montarán. La paga hay que administrarla de forma eficiente. Los precios -entre 2,5 y 3,5 euros por viaje- les obligan a hacer su itinerario. «En esta no me subo hoy, que si no me quedo ya sin dinero».

Carcajadas y gritos se combinan con los golpes, que vienen por todos lados en los coches de choque, uno de las clásicos en todas las ferias. Junto a ellos, la noria. Enorme. No puede faltar. Como tampoco puede dejar de venir la montaña rusa. Aunque ahora se llame 'Super ratón'. Hay que pasar lista. 'La casa del terror' también cumple con su cita un año más. Es una de las que mayor afluencia tiene y más gritos origina. Y 'Alcatraz', toda una cárcel que provoca la admiración de los que pasan cerca: «Parece como si nos fuese a caer encima».

En el 'Mega canguro', una marea de brazos sube y baja al ritmo de unos saltos que llenan la tripa de cosquillas. La 'jaula de bateo' ofrece la posibilidad de ponerte en la piel de un jugador de beisbol y batear las pelotas que se lanzan automáticamente. El simulador de vuelo en tres dimensiones, la 'Super Olla' -que pone a prueba el quilibrio de todo el que se monta-... A los chavales les faltan ojos para poder elegir.

Uno de los pasillos más recorridos es el de los puestos en los que los jóvenes demuestran su habilidad y puntería. Puede ser con dardos sobre globos. O con pelotas y hasta disparando con rifles y pistolas. Incluso, tirando a canasta. Todo para conseguir alguno de esos premios que hay en todas las casas. «¿A que no tiras ninguno?». Va de retos entre chavales. También hay muchas chicas que esperan que su novio acierte y les regale el oso enorme o el muñeco que sale en la tele. Más de uno, se deja la paga en ello.

Más alternativas

Pero no todo son atracciones 'menores de edad'. Los adultos tienen un abanico amplio de posibilidaes. «Siguen saliendo los premios, no paran», anuncian por la megafonía de la clásica tómbola. «Coja tres sobres señora, siempre toca». Y bingo, claro. «Comienza la partida con el numero cuatro». Una familia al completo -padre, madre, abuela e, incluso, los hijos- andan quitándole redondeles al cartón por un euro la unidad. «Churros, buñuelos, chocolate... Es un pecado no probarlo, vengan, vengan», se escucha en una churrería. Y es que esto tampoco puede faltar nunca en las ferias. Los puestos de comida no se quedan aquí. Bocatas de chorizo, lomo, jamon, salchichas y patatas. Olores en cada esquina, de lo más variado. «Come un poquito de chorizo», animaba un padre a su hija mientras contemplaba una barbacoa repleta de comida. Y, cómo no, el algodón de azucar. Las ferias, hasta las de las películas americanas, saben a algodón de color rosa.

Montar, probar fortuna, medirse en habilidades o llenar la tripa. Y hasta hacer compras. En los puestos de venta de ropa, que ofrecen bolsos, fulares y camisetas. También hay de eso. Y bisutería -collares de colores, originales anillos y exuberantes pendientes- a buen precio. Hasta esculturas de la mitología de Cantabria.

«Mamá, quiero esas tres», se escucha entre puesto y puesto. Una voz juvenil. Ellas piden. «Bueno, elige dos». Ellas deciden.