Semana Grande

Esta plaza sí que es la pera

Las charangas animan la plaza al salir de los toros.
Las charangas animan la plaza al salir de los toros. / Antonio San Emeterio, 'Sane'
  • ‘Rebujitos’, bailes, comida, peñas y un gran ambiente animan la Plaza de México

Fino de Jerez, con Seven Up. «Y, si alguno quiere, con unas hojitas de hierbabuena». Piedad García, la hermana mayor de la Hermandad Virgen del Rocío, conoce la receta. Hielo, rodajita de limón... Por aquí corren de mano en mano. Es lo que se vive estos días en la plaza de México. Mucho rebujito y mucha gente. Aprovechan para acercarse con la intención de encontrar un lugar –no siempre es fácil, sobre todo a partir de las nueve de la noche– en un ambiente que invita a bailar hasta a los más parados. Andaluz, asturiano, gallego o local, con la peña La Pera como protagonista. «¿De dónde ha salido tanta gente?», pregunta un hombre despistado al pasar al lado de una de las carpas. Cada rincón parece tener vida propia estos días en la Plaza de México

Y es que, cada una de las distintas casetas instaladas ofrece algo diferente a la de al lado. A la entrada, Fernando Ruiz y su mujer, Luz Gómez, acaban de salir de los toros y disfrutan de unos ricos churros. Se nota en sus caras. «Es una tarde redonda: toros, churros y música». Viven justo al lado, casi pueden ver la corrida desde casa. «Hoy hemos preferido asistir en directo y, ya de paso, comer unos churritos antes de subir a cenar». Quieren disfrutar de la atmósfera festiva que contagia toda la plaza. «Esta semana no habíamos venido todavía y teníamos ganas de pasarnos por aquí». La churrería, para aquellos que quieren ‘matar el gusanillo’. «¿Te apetece tomar un chocolate?», se escucha en los alrededores. Lo que sea.

Los distintos olores recorren la plaza. Del chocolate, los churros, buñuelos y porras se pasa de pronto al de la carne o el mar. Incitan a sentarse y probar algo. Mesas y sillas por todos lados. A partir de las nueve empieza el verdadero ambiente. La gente sale de la plaza de toros y muchos aprovechan para quedarse. De aquí en adelante es difícil coger una mesa libre. Todas ocupadas. Pero no es problema, porque la mayoría se mueve de pie. Alimento y bebida en mano. «Marchando una de chipirones». Los camareros no dan a basto. Rebujitos (seis euros la jarra), rabas, patatas, tortilla de camarón, ‘pescaíto’ y un amplio surtido de embutido ibérico, con el jamón en primer plano, es lo que se reclama en El Centro Andaluz. Picar en vez de menú. A ritmo de Andalucía. «Aquí, aquí, estamos aquí». A algunos les cuesta ver a los suyos entre tanta gente. Gregorio Candas viene con su mujer. «Venimos mucho, unas veces cenamos aquí y otras solo tomamos algo».

Mientras, en el Centro Asturiano, un hombre escancia sidra bajo la atenta mirada de sus amigos. No puede faltar. Además, quesos, bocatas de todo tipo –los preferidos son los de embutido– y raciones variadas inundan por un precio asequible –dos euros– los platos de los que eligen pararse en este lugar de la plaza. Todos, eso sí, con el vaso de sidra. «Venimos a cenar un choricito en el Centro Asturiano», comentan Celia Cajigas y Lucía Ruiz. Ellas, de 20 años, piensan que la plaza «está llena de gente más mayor». Aún así disfrutan de la comida y el ambiente. «Cenamos y luego iremos a la zona de Cañadío».

La carpa vecina, la Casa de Galicia, está llena de banderines de esta comunidad como decoración. Su plato estrella es el pulpo. Doce euros la ración. Pero hay más. Las costillas, hechas en una enorme barbacoa sobre el calor de las brasas situada en la entrada de la carpa o la panceta, el chorizo, las salchichas... «Vamos bien, la gente viene y consume, pero la verdad, podríamos ir mucho mejor», comenta Maite Collado, responsable del establecimiento. «La gente intenta no dejarse mucho dinero», dice, y añade que «el pulpo es lo que más se pide y se acompaña casi siempre con cerveza».

No solo se mezclan olores y sabores. La música en la plaza es un elemento central. Y, en este sentido, La Hermandad Virgen del Rocío, con su flamenco, es una de las que más anima un ambiente «imposible de mejorar». Piedad García así lo cree. Aquí las castañuelas, la flor en el pelo y ‘el arte’ son protagonistas. La gente se mueve con trajes flamencos y vestidos de sevillanas. Todos, desde los miembros de la hermandad hasta la gente que va específicamente a esta carpa, una de las más animadas. Los bailes se suceden uno tras otro. «Hay cola para subir al escenario». Todo el mundo quiere salir y lucir sus mejores pases.

Cuando llega la noche

Pero el momento estrella en esta carpa se vive en torno a la media noche. Este rincón de la plaza se paraliza. Las luces se bajan y, a ritmo de olé, todo el mundo con una vela en la mano canta la ‘Salve rociera’. Sagrado. Es el momento de más afluencia y uno de los más emotivos. Sin embargo, no todo es música en esta carpa que se instala, al igual que las otras cinco, cada año en estas fiestas desde 1997. «La gente viene y consume, estamos encantados», afirma García. «Llenamos las cajas». Y eso, a pesar de atravesar por un año «difícil y flojo».

Con todo, sin duda es la peña La Pera la que atrae a la mayor parte de la gente. Sobre todo jóvenes que bailan. Cerveza en la mano. Y más adelante pasan a las copas. Aquí el padre baila con la hija y la abuela con el nieto. Todos con todos, en la carpa de las camisetas verdes. La del fondo. Este es un punto de encuentro para más peñas. Los que vienen de los toros, los que organizaron su comida popular... Camisetas de todos los colores. Algunas entran cargadas de instrumentos para hacer continuar la fiesta. Porque dura. Hasta bien tarde –en teoría, entre semana, hasta la una y, en festivos y fines de semana, hasta las dos y media–. Y hasta que el cuerpo aguante.