Un viaje de altura por Santander

Los turistas suben al autobús en pleno Paseo de Pereda. No es un día soleado, así que no falta el chubasquero.
Los turistas suben al autobús en pleno Paseo de Pereda. No es un día soleado, así que no falta el chubasquero.
Escenas de estío

Cientos de personas se suben cada día en el autobús turístico para disfrutar del paseo por la capital cántabra

SAMIRA HIDALGO Y ALEXANDER AGUILERA Santander

Motos, coches, autobuses de línea o bicicletas ocupan las carreteras de Santander. La gente va y viene sin fijarse casi en lo que le rodea. Sin embargo, muchas de esas miradas se dirigen hacia un mismo punto cuando un vehículo rojo, grande y de dos pisos se acerca hasta el lugar donde están charlando, mirando el móvil o simplemente descansado. «¡Mira mamá, tiene dos pisos!», le dice una niña a su madre. Ella, que hasta ese momento no se ha dado cuenta de la presencia del autobús, gira la cabeza mientras, animada por su hija, saluda a los pasajeros con cara de asombro. Es quizás esta sorpresa por lo inusual o la curiosidad de recorrer la capital santanderina desde un segundo piso lo que lleva a turistas y no turistas a convertirse en pasajeros del bus turístico de Santander.

Una de las que se han embarcado en este viaje es Montserrat Gómez. Aprovechando la época de vacaciones ha viajado con su familia desde Guadalajara para disfrutar de una semana de descanso en Somo. De esta manera, hoy -este jueves- se han acercado hasta la capital para vivir esta experiencia y conocer Santander de una manera diferente: «La chica de recepción del hotel donde nos alojamos nos habló sobre este bus y pensamos que sería un buen plan». El tiempo no está acompañando en este mes de agosto por lo que algunos turistas aprovechan los días grises para cambiar la playa por el autobús. «Cuando el tiempo está un poco feo siempre es una opción para ver esta bonita ciudad de una manera diferente. Además, está muy bien si vas con niños, lo recomendaría a todo el mundo», asegura la guadalajareña.

A su paso por las distintas paradas, las ventanas del bus turístico dejan entrever las caras de los viajeros. Unos pasajeros que, como cuenta Ana María Ceballos, proceden de distintas comunidades autónomas y países. «La mayoría son turistas españoles, pero también tenemos franceses, ingleses e italianos», asegura. Como encargada de suministrar los tiques e informar a todo aquel que lo desee, asegura que casi toda la gente que realiza este viaje queda satisfecha: «En torno al 90% queda encantado, siempre hay alguien que se queja por el mal tiempo o por el tráfico que hay, pero tienen que entender que son cosas que no podemos controlar».

«Ya que no podemos bañarnos en la playa, nos damos una vuelta por la carretera»

Franceses, ingleses o italianos, los más habituales junto al turista nacional

Por su parte, María Julia Clemente viene de Valladolid. El buen tiempo que se supone debe acompañar al mes de agosto le animó, junto con unas amigas, a inscribirse en una pequeña escapada a la capital cántabra. Aunque es un viaje de ida y vuelta en el mismo día, no ha querido dejar pasar la oportunidad de ver los lugares más emblemáticos de la ciudad desde la comodidad de su asiento en la planta baja del autobús. «Queríamos disfrutar de lo más característico de Santander así que hemos ido a preguntar a la oficina de turismo y, al saber que teníamos esta opción, nos hemos subido. Ya que no podemos bañarnos en la playa, pues nos damos una vuelta por la carretera», bromea la vallisoletana. A su lado está Carmen Hernández, compañera de viaje en esta escapada relámpago, que no está muy por la labor de bajarse en ninguna de las múltiples paradas que realiza el autobús turístico: «No tenemos pensado bajarnos en ningún sitio, desde aquí se ve muy bien todo. La verdad es que, si alguien quiere conocer Santander, se lo recomiendo».

El viaje dura en torno a hora y media. Un itinerario cultural en el que se puede ver de cerca los lugares más emblemáticos de la ciudad. Entre las distintas paradas que realiza este autobús de dos plantas se encuentran Mataleñas, el Parque de las Llamas, la Estación Marítima, la Catedral o el Museo Marítimo. «En cada uno de los lugares donde paramos, el turista puede bajar y hacer fotos durante un rato para después volver a subir», aclara Ana María.

Con el día nublado y la lluvia yendo y viniendo hay que pensarse dos veces subir a la planta alta. Sin embargo, la perspectiva desde aquí es algo que merece la pena y unas gotas no van a impedir que estos asientos se ocupen casi por completo. Los que no quieren arriesgar respiran tranquilos sobre techo, a la espera de que el sol les indique el camino hacia las escaleras de caracol que llevan al segundo piso. Precisamente, entre los que ya han recorrido este osado camino está el barcelonés David Sobera, que, junto con su mujer e hija, están pasando sus vacaciones en Cantabria. «Estamos alojados cerca de Santander, entre Santillana y Suances, y hoy nos tocaba esta visita», explica el catalán. Algunos prefieren recorrer la ciudad andando o en bicicleta, pero en el caso de Sobera, su opinión es clara: «Teníamos pensado pasar el día entero aquí y creemos que la mejor manera de conocer Santander en poco tiempo es a través de este bus turístico». En cuanto a las paradas, comenta que realizarán el viaje completo, pero solo se bajarán «en alguna que otra».

El autobús de dos pisos arranca. Las caras de impaciencia ya se pueden apreciar en los más pequeños. Los padres, nerviosos, tratan de abrir el tríptico informativo como si de ellos dependiese el recorrido y, por último, los mayores observan a través de la ventana disfrutando de cada pequeño rincón de Santander. Comienza un viaje para todos que no dejará indiferente a nadie. La ciudad espera.

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