Magia negra en el Mediterráneo

Magia negra en el Mediterráneo

  • El hallazgo de fardos con huesos y objetos esotéricos en Calpe confirma la existencia de rituales relacionados con la santería y el vudú en España. "Suceden de forma esporádica" pero a menudo se confunden con gamberradas

Cuando uno pisa Calpe, enseguida lo ve: domina altanero la perspectiva de la ciudad y empequeñece al paseante. Es el peñón de Ifach, un soberbio túmulo calizo asentado en un paraje de 45 hectáreas rodeado por el Mediterráneo.

Fue declarado parque natural en 1987, pero muchos años antes ya era considerado un sitio especial, sagrado e, incluso, mágico. A finales de agosto, a sus pies, sumergidos en el agua, aparecieron cuatro extraños hatillos. Estaban hechos con sábanas blancas y rellenos de un batiburrillo de cosas, incluidos documentos y fotos de personas vivas. El primero lo hallaron el 27 de agosto los submarinistas del Centro de Buceo Les Basetes y dieron aviso a la Guardia Civil. Lo que había en el interior de aquel bulto era un esqueleto humano casi completo, acompañado de otros objetos.

Hace siete días encontraron un nuevo paquete con más restos óseos, un cuchillo, cañas y una muñeca de juguete. El jueves, un bañista avistó otros dos fardos. Los rescató el Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil.

Lo que había empezado como una investigación sencilla está adquiriendo unas dimensiones considerables y desatando todo tipo de rumores.

¿Qué significan todos esos bultos de huesos humanos sin identificar, figuras con cuernos e instantáneas de personas? ¿A quiénes pertenecen? La primera hipótesis que se manejó, y parece la más certera, es que se trata de algún tipo de ritual esotérico.

Los más escépticos niegan con la cabeza, pero la pregunta flota desde hace algún tiempo en el aire: ¿se practica la magia negra en el Mediterráneo?

«Los casos relacionados con santería, vudú y satanismo se destapan de vez en cuando en toda España. No hay una epidemia, pero sí se producen de manera episódica», explica Vicente Garrido, profesor de Criminología de la Universidad de Valencia y exconsultor de Naciones Unidas para la prevención de la delincuencia en Latinoamérica.

El pozo sin fondo de internet

Cuatro días antes del primer hallazgo en Calpe, la Guardia Urbana de Tarragona se encontró con otra escena bastante desagradable sobre el asfalto del polígono Les Gavarres. Dos gallos muertos descansaban sus cabezas sobre una especie de pasteles –que, entre otros alimentos, tenían patatas– y restos de velas.

Parecía evidente que aquello había sido el escenario de algún ritual, aunque no se dieron más detalles. Las aves se utilizan a menudo en brujería y santería. Se cree, por un lado, que tienen poderes mágicos y, por otro, que su sacrificio supone una inmejorable ofrenda a los espíritus.

En Valencia, en 2010, los vecinos de la Fuente de San Luis denunciaron que había personas por la zona que mataban animales durante ceremonias esotéricas. Tras la celebración de una de ellas apareció un gallo con las patas atadas, decapitado y desangrado. Estaba entre velas y pentagramas dibujados en el suelo.

Semanas antes, un vecino del barrio se topó con su gato ahorcado en la puerta de casa. La zona de Levante es uno de los centros neurálgicos de este tipo de inquietantes fenómenos. Algunos expertos afirman que Alicante alberga el mayor número de sectas de toda la comunidad valenciana y que algunas de ellas son satánicas.

Hace años, el psiquiatra Leonardo Casais, profesor entonces de la Universidad de Cádiz, lo relacionaba con un renacimiento en los años setenta de «creencias mantenidas por los inmigrantes tras importarlas de sus países de origen». Hoy, Vicente Garrido lo ve de otro modo. El perfil de los practicantes de estos ritos es el de «personas adultas totalmente integradas en la comunidad».

– El vudú, la santería y el satanismo están muy extendidos en Latinoamérica y África. ¿Surgen más casos a causa de la inmigración?

– No especialmente. Tiene más influencia internet. Ahora mismo hay miles de páginas donde encuentras todo tipo de información al respecto. No necesitas contactar personalmente con nadie. Le sorprendería saber cuánta gente lo practica en la intimidad de sus casas.

«La santería y el satanismo son fenómenos crecientes», sostiene Antonio Alcaraz, vicerrector en la Universidad Católica San Antonio de Murcia y especialista en estos asuntos.

– Resulta curioso teniendo en cuenta el peso perdido de la religión en nuestra sociedad...

– Cuando la conciencia del hombre no encuentra el sentido, tiende a buscarlo en el ocultismo. Y cuando el bien le ha defraudado, busca nuevos caminos. Ahí es donde el satanismo puede hacer estragos.

Aunque el Levante tenga un atractivo especial, los ritos esotéricos se practican también en otros puntos de la geografía nacional. En marzo, unos ciclistas se toparon con tres altares en un monte de Valadares, una parroquia del municipio de Vigo. Estaban adornados con cruces invertidas, salpicaduras de sangre, una cabeza de conejo, varias patas de pollo, dos muñecas colocadas bajo una cueva y unas tumbas simuladas. En un manto blanco habían dibujado un pentagrama invertido, otro símbolo relacionado con ceremonias de brujería y magia negra en las que se conjura a los malos espíritus. Los deportistas se lo tomaron a risa y no avisaron a la Policía. Antonio Alcaraz considera un error no prestar atención a estos hallazgos. «Pueden ser una puerta de entrada a grupos sectarios», advierte.

Delitos sin tipificar

Cuando los Cuerpos de Seguridad del Estado son alertados de la aparición de estos escenarios, ponen en marcha una investigación. Ha ocurrido cientos de veces, pero no existen estadísticas oficiales al respecto. Así lo confirma la Policía Nacional: «No son delitos tipificados como tal en el Código Penal. Si hubiera una persona muerta o restos de un cadáver, se trataría como un homicidio. Si lo que aparecen son animales mutilados, se trata como delitos de maltrato».

Magia negra en el Mediterráneo

En 2012, la Fiscalía de Málaga pidió medio año de cárcel para cada uno de los seis acusados de haber decapitado a un gallo durante un supuesto ritual de santería. Días antes de pillar a estas personas ‘in fraganti’ y con restos de sangre, la Policía de la ciudad había localizado otras siete aves muertas en la playa. Habían sido colocadas en fila y con la cabeza sobre platos de comida, un escenario similar al de Tarragona, hace menos de un mes.

Las pesquisas policiales también diferencian entre lo que es vandalismo y lo que es un ritual. Pero no siempre es fácil. ¿Cuándo la profanación de un cementerio se debe a lo segundo y no es obra de unos gamberros?«A veces habría que investigar más a fondo», reconoce el criminólogo Vicente Garrido.

En lo que va de año se han registrado varios casos de difícil clasificación. El último conocido ocurrió en Fuerte del Rey (Jaén), donde detuvieron a una persona y le acusaron de robo de materiales. Antes, en Benigembla (Alicante), removieron el ataúd de una mujer, hija de inmigrantes para, según se especula, robarle las joyas con las que fue inhumada. En mayo, en Castelldans (Lleida), se abrieron otros cuatro féretros.

El suceso más singular se produjo en abril en el camposanto de San Cristóbal de Entreviñas, en Asturias. Tras semanas de actos vandálicos, una familia denunció la desaparición de las cenizas de un allegado. La tumba había sido abierta y, el cofre, sustraído. La Policía lo atribuyó a rencillas personales. Los afectados no quedaron muy convencidos.