No más mujeres florero

Alberto Contador lanza champán a una azafata para festejar su victoria en la 69 edición de la Vuelta a España, hace dos años, en Santiago de Compostela.
Alberto Contador lanza champán a una azafata para festejar su victoria en la 69 edición de la Vuelta a España, hace dos años, en Santiago de Compostela. / Jaime Reina
  • La decisión de Australia de suprimir las azafatas en su ronda ciclista abre el debate sobre el uso de mujeres esculturales para dar espectacularidad a ciertos deportes

Cuando el vencedor de la edición número diecinueve del Tour Down Under, la ronda ciclista más relevante de Australia, se suba el próximo 22 de enero a lo alto del podio, no habrá ninguna señorita escultural aguardándole para laurearle con un beso en la mejilla, unas flores y un peluche, y después dejarse empapar en champán mientras simula que la goza. En su lugar, estará esperándole un corredor junior, chico o chica, "que tendrá la oportunidad de conocer a su admirado deportista".

La iniciativa ha salido del propio Gobierno del país. El Ejecutivo de Malcolm Turnbull, del Partido Liberal, no es un debutante en la adopción de medidas dirigidas a acabar con la utilización de mujeres sexualmente atractivas para adornar la puesta en escena de deportes con altos índices de testosterona dentro y fuera de la pista. Hace apenas un año, la misma Administración suprimió la presencia de azafatas en el Clipsal 500 V8, una carrera de coches que se disputa cada año en las calles de Adelaida, una ciudad de 1,3 millones de habitantes localizada al sur del continente austral.

Ahora, como entonces, el encargado de explicar los motivos por los cuales las modelos deben desaparecer de los estrados y de los ‘pit lane’ ha sido el ministro de Deportes, Leon Bignell. Lo hizo hace unos días con un abanico de argumentos. "Los tiempos han cambiado con respecto a hace unas décadas. ¿Añaden algo estas mujeres a las carreras? ¿Pueden seguir adelante sin ellas? Yo creo que sí", reflexionó ante la prensa para, a continuación, admitir que "no es coherente emplear el dinero de los contribuyentes para contratar a estas chicas y, al mismo tiempo, sufragar programas de salud mental destinados a ayudar a las mujeres jóvenes que padecen problemas relacionados con la imagen corporal". Al responsable político todavía le quedaban más razones en la recámara: "Buscamos inspirar a las jóvenes a que sean pilotos, mecánicos o ingenieros, no azafatas de podio".

De vuelta a casa desde Oceanía, no existen precedentes similares en las grandes competiciones ciclistas europeas, que en pleno siglo XXI se aferran con uñas y dientes al desfile de anatomías femeninas en los podios. En 2010, el Giro de Italia se opuso de forma tajante a que hombres se ocuparan de al menos una entrega de flores en la etapa que tuvo como línea de salida la capital de Holanda. Así se lo solicitó el Ayuntamiento de la ciudad anfitriona, que en ese momento buscaba publicitar Amsterdam como capital gay. Entretanto, en rondas de menor alcance y alejadas de la órbita de influencia de la ‘Cosa Rosa’, tales como La Course, la Gante-Wevelgem o el Tour femenino de Noruega, han abierto las puertas a que sean chicos los que agasajan a las campeonas.

Peter Sagan pellizca a una azafata, en el Tour de Flandes.

Peter Sagan pellizca a una azafata, en el Tour de Flandes. / :: F. Lenoir

El mundo del motor, por su parte, donde se explota sin remilgos la imagen de la mujer en su versión más explosiva como elemento decorativo, también ha empezado a hacer autocrítica y a dar tímidos pasos para renovarse. Todos, eso sí, fuera de nuestras fronteras. Los pioneros fueron los organizadores del Mundial de Resistencia, considerada como la segunda categoría más importante de automovilismo disputada en autódromos detrás la Fórmula 1. En abril de 2015, anunciaron su adiós rotundo y definitivo a las ‘grid girls’ o chicas de parrilla. "No se verán más en las carreras que promovamos. Forman parte del pasado. La condición de la mujer es algo diferente hoy en día", comunicó entonces Gérard Neveu, máximo responsable de la antigua Copa Internacional de Le Mans. La resolución contó con la adhesión inmediata del británico Anthony Davidson, por esas fechas piloto al servicio de Toyota en el Mundial. "Es un concepto pasado de moda. El mundo ha cambiado y el automovilismo también debe ponerse al día. Que el Mundial de resistencia haya dicho basta es un signo de modernidad. Era algo un poco sexista", admitió.

El día 12 de ese mes, el campeonato inauguraba la nueva era en las 6 horas de Silverstone. Por primera vez, sin ornamentación carnal sobre la pista. Influido por ese cambio, unos meses después, el Grand Prix de Mónaco se quitaba los tacones para agitar la bandera de cuadros negra y blanca. Michael Boeru, presidente del Automóvil Club de esa ciudad, promotor de la prueba y en su día también ministro de Justicia del Principado, borraba del asfalto la exhibición de licras, minifaldas y escotes. En su lugar, sosteniendo los carteles de los números de los corredores, una pequeña legión de sonrientes ‘grid boys’, vestidos con polo y pantalones largos, algo únicamente visto antes y de forma parcial en el Mundial de Moto 3, cuando los promotores tuvieron a bien contratar a dos hombres para que hicieran las veces de ‘sujetaparaguas’ de las pilotos María Herrera y Ana Carrasco.

Por último, a finales de 2015, Interlagos optaba por modificar su política a este respecto y mandaba contratar el mismo número de azafatas que de azafatos para la siguiente competición en el Autódromo Carlos Pace de Sao Paulo. El ataque súbito de paridad, calificado de "revolucionario" por parte de los medios de comunicación, se adoptó al objeto de "reflejar el pensamiento moderno de las gentes brasileñas", según expusieron los organizadores de la prueba. Hasta el mismísimo capo de la F1, Bernie Ecclestone, dio su bendición. "No soy muy fan de la democracia, pero es bueno tener tanto chicas como chicos en la parrilla", dijo el pintoresco hombre que maneja los hilos administrativos, organizativos y logísticos de cada gran premio.

Un año después del giro brasileño, y sin que ninguna prueba deportiva en España haya movido ficha en este sentido, Australia pone de nuevo el debate encima de la mesa. Pero no todas las organizaciones, entidades y agrupaciones involucradas están dispuestas a coger el guante. El Consejo Superior de Deportes, el organismo que ejerce la actuación de la Administración estatal en ese ámbito, rehúsa opinar sobre la decisión adoptada por su homólogo en las antípodas de prescindir de la figura de las azafatas en su ronda ciclista. Tampoco quiere pronunciarse sobre el tipo de rol que a menudo se otorga a esas mujeres. "No apreciamos un trato vejatorio ni denigrante", se limita a decir antes de pasar la patata caliente al Instituto de la Mujer para la Igualdad de Oportunidades, dependiente también del Ejecutivo central. La diferente sensibilidad con la que se observa allí este fenómeno ilustra a la perfección la división de posturas en el Gabinete de Rajoy a este respecto.

"La presencia de azafatas en eventos deportivos y específicamente acompañando a los ganadores en el podio tiene carácter sexista cuando se convierte en un mero adorno y un reclamo", recalca a este periódico la directora del organismo. Que persista obedece, señala Rosa Urbón, a "residuos de la desigualdad que continúa existiendo entre hombres y mujeres en este país y en todo el mundo, y que no ayudan a poner en valor la mayor participación y protagonismo femenino en el deporte, como pudimos ver en las últimas Olimpiadas, donde la mujeres obtuvieron nueve de las diecisiete medallas cosechadas por España", recuerda. Desde el Comité Olímpico Español, la vicepresidenta primera, Isabel Fernández, se expresa tajante en el mismo sentido. "Las mujeres no pueden ser un elemento decorativo. Hay que luchar contra cualquier forma de sexismo que se produzca tanto en el deporte como en cualquier otro ámbito", recalca la excampeona olímpica, mundial y europea de judo.

Valentino Rossi, junto a Toni Elías, empapa a una azafata.

Valentino Rossi, junto a Toni Elías, empapa a una azafata. / P. Josek

"Alegres y simpáticas"

El director de la Vuelta Ciclista a España, una competición privada cofinanciada por instituciones públicas, como ayuntamientos y diputaciones, con los que firma acuerdos económicos ocasionales, considera "muy respetable" la medida australiana, pero advierte de que "nosotros no vamos a seguir esa política". "Las azafatas son profesionales de la imagen, hacen su labor de forma voluntaria y son tratadas con el máximo respeto a su integridad. No hay nada denigrante en ello", asevera Javier Guillén.

– ¿Qué función tienen sobre el podio estas mujeres, que son elegidas por sus atributos físicos y vestidas de forma insinuante?

– Es una tradición de muchos años. Son chicas porque quienes reciben los premios son chicos, de la misma manera que utilizamos chicos para premiar a las chicas que ganan la carrera profesional femenina que organizamos el último día de la Vuelta. En ningún caso ellas van vestidas de forma agresiva o con ‘looks’ provocativos. Desde luego, ninguna se nos ha quejado por ello.

Mikel Landa, un especialista en recibir besos y flores de las manos de azafatas despampanantes en diferentes países, se sitúa en el reverso de la moneda. La tercera mejor marca del último Giro aplaude sin fisuras el cambio de rumbo imprimido en el ciclismo australiano. "Esa es la línea hacia la que debemos ir. Aquí es una costumbre arragaida y nadie se atreve a dar el paso, pero hay que admitir que poner ahí arriba a mujeres elegidas porque son guapas y tienen un buen cuerpo no es la mejor imagen que se puede dar de ellas. Sobran. Es tratarlas como objetos, infravalorarlas", censura sin pelos en la lengua el corredor alavés, miembro del equipo británico Team Sky. "La mayoría de los compañeros pensamos igual", agrega.

Hamilton propulsa el champán contra una azafata en el Gran Premio de China de 2015.

Hamilton propulsa el champán contra una azafata en el Gran Premio de China de 2015. / Fred Dufour

En el mundo del motor, mucho más opaco, miran para otro lado, al tiempo que se apuntan con el índice unos a otros. Los responsables del circuito de Montmeló, donde ruedan los primeros espadas de la F1 y del motoclismo, siguen la maniobra del avestruz y señalan a la FIAo a Dorna, las todopoderosas empresas que dominan ambos sectores. "Nos limitamos a seguir los protocolos que marcan ellos ", se excusan. A su vez, la propietaria del Mundial de Motociclismo se sacude también las pulgas. "Es cosa de los patrocinadores y de las escuderías", afiman sus responsables de comunicación. Jorge Martínez ‘Aspar’, cuatro veces campeón del mundo de motociclismo y titular de una escudería con pilotos en las categorías Moto 3 y GP, da la cara. "A favor de la mujer", el deportista valenciano lo mismo promueve el debut de una piloto en el Mundial de Moto 2 –fue el caso de Elena Rosell en el Gran Premio de Holanda de hace seis años– que contrata azafatas para la parrilla.

– ¿Qué requisitos pide?

– Evidentemente, buscas chicas que estén bien, con buena presencia, alegres y simpáticas, porque van a atender a gente.

– ¿Idiomas?

– Desde luego, si hablan inglés, perfecto.

– ¿Imagina un torneo sin ‘grid girls’?

– Históricamente este mundo siempre ha estado relacionado con mujeres guapísimas. Yo creo que es muy bonito y positivo. Y los patrocinadores están encantados.

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