Ellos sí pueden

Ellos sí pueden
  • En los últimos doce meses, 128.400 jóvenes dejaron de ser 'ninis'.

  • A pesar de todo, siguen siendo más del doble de quienes trabajan y estudian. Luis, Jael y Rubén son la prueba de que es posible

Luis tiene 25 años, es sociólogo por la Universidad de Salamanca y estudiante de un módulo de grado superior de Administración y Finanzas. En cuanto acabe lo que tiene entre manos no descarta hacer un máster que apuntale definitivamente sus conocimientos sobre una ciencia a la que llegó casi por casualidad y por la que dice sentirse cautivado. Sus clases y sus horas de estudio solo ocupan una parte del día. En su casa el despertador suena a las siete y media. A esa hora coge la bolsa de deporte y se va a la piscina. Cuarenta y cinco minutos dando brazadas le bastan para mantenerse en forma y pensar relajadamente en lo que queda de día. Luego, una ducha y a las 9 en la oficina. Hace ya año y medio que empezó a trabajar en la editorial que su familia tiene en Cabezón de la Sal (Cantabria). Cuando volvió de Salamanca, el chaval se encontró con un panorama aterrador: «Lo que realmente me gustaba era la investigación y las posibilidades de poder trabajar en ello eran prácticamente nulas». Mientras decidía qué hacía con su vida, optó por no perder el tiempo y echó una mano en un bar hasta que surgió lo de la editorial; pero había que reciclarse: el único hueco disponible estaba en el departamento administrativo contable. Desde entonces, mientras llena su mochila de herramientas de cálculo, echa una mano en la oficina. Está allí hasta la una de la tarde. A esa hora pasa por casa, come algo rápido y se va al instituto. Entre las dos y media y las ocho y cuarto se suceden las clases. Luego regresa, cena pronto y repasa lo que ha estado aprendiendo durante toda la jornada.

Desde luego, nadie puede echarle nada en cara. Al contrario. Luis es la prueba viviente de lo que es capaz de hacer un joven cuando lo que le sobran son ganas. Él es uno de los muchos que no entienden que en este país, según el último informe de la Oficina Europea de Estadística, el 21% de los jóvenes de entre 15 y 29 años ni estudien ni trabajen. «Es una verdadera tragedia para toda una generación», asegura, reconociendo que actualmente en España no hay mucho trabajo decente para la gente joven. «Que alguien no estudie no lo concibo. Muy mal tienen que estar las cosas para que no puedas formarte cuando hay mil posibilidades de hacerlo de forma gratuita. Otra cosa es lo del trabajo. Es cierto que la mayor parte de las ofertas son malas. No solo desde el punto de vista económico, también desde el de las condiciones».

De que las cosas no van todo lo bien que deberían da idea la última actualización estadística realizada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte basada en la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al tercer trimestre del año. Según esta fuente, en España hay 1.420.800 jóvenes que no están ni a una cosa ni a la otra. Un número considerable que, sin embargo, apunta una ligera mejoría: en los últimos doce meses, 128.400 jóvenes ha dejado de ser eso que un buen día comenzó a llamarse 'ninis'.

En la élite

Rubén Fernández es un guadalajareño de 27 años, ingeniero informático por la Universidad Autónoma de Madrid, que lleva casi cuatro años en Indra, la multinacional española que ha conseguido situarse a la cabeza mundial en servicios de consultoría sobre transporte, defensa, energía, telecomunicaciones y servicios financieros, y desde entonces no ha parado. El chaval llegó a la segunda compañía europea por capitalización bursátil de su sector para hacer unas prácticas y se quedó. Ahora está adscrito al departamento comercial y de marketing que desarrolla los servicios de tráfico aéreo, un área desde la que Indra gestiona el cielo de más de medio mundo, y aún ha tenido tiempo para cursar un máster sobre gestión de la información y conocimiento de las organizaciones y embarcarse en otro sobre desarrollo empresarial. ¿Que cómo lo hace? Se levanta a las siete y media de la mañana, una ducha y un desayuno rápido lo dejarán a las nueve en la oficina pero, para cuando llega, ha aprovechado el tiempo que tarda en ir hasta Torrejón de Ardoz en tren, unos 40 minutos, para leer y estudiar. Dice que Indra le ha puesto fácil seguir ampliando su formación. Al acabar su jornada, a eso de las seis, todavía dedica un par de horas al máster y aún le queda tiempo para jugar al baloncesto un par de días a la semana y tocar la batería. «Tenemos un grupo de música, Camino Equivocado, y de vez en cuando hay que ensayar. La verdad es que, organizándote, hay tiempo para todo», dice mientras una piensa en cómo puede alguien ser capaz de sacar tanto provecho a 24 horas y si duerme en algún momento.

En cualquier caso, Rubén es afortunado. El destino lo ha colocado en una de las pocas empresas de este país que tienen claro que en el entorno actual, en el que los cambios se producen a un ritmo vertiginoso, la formación continua es una exigencia. Beatriz de Miguel, directora de Desarrollo de Talento y Compromiso de la multinacional, apunta que Indra cuenta con un modelo de gestión del talento que pone al profesional en el centro de su formación y le permite hacerse responsable de su futuro dentro de la compañía en función de sus necesidades, capacidades y voluntad de progreso. Para hacerlo tienen lo que ellos llaman planes de carrera pero, sobre todo, un innovador modelo de universidad corporativa. «Indra Open University se adapta a las necesidades de nuestros profesionales. Un campus virtual facilita que los empleados puedan tener acceso a la formación cuando y donde lo deseen. Pero, además, el papel de los profesionales es clave en la propia construcción de la universidad colaborando y compartiendo conocimientos, actuando como 'community managers' de las distintas comunidades con las que cuenta el campus virtual o, incluso, formando parte del claustro de profesores», dice De Miguel apuntando que, además, la política de conciliación de Indra ayuda, y mucho. «Los trabajadores tienen flexibilidad horaria de entrada, salida y en el tiempo de comida; una semana laboral comprimida, en la que no se trabaja los viernes por la tarde; permisos por exámenes (10 días anuales o 20 medias jornadas); la posibilidad de solicitar una excedencia durante tres meses y de hasta nueve para realizar tareas de voluntariado; además de otras medidas concretas para los profesionales con hijos o personas con discapacidad a su cargo». Vamos, como la mayoría.

Sin levantar el vuelo

Hay quienes no tienen la suerte de haber encontrado trabajo en una empresa como Indra y, como Jael Martín, siguen luchando cada día por hacerse un hueco en el complicado mercado de trabajo. Estudiante de Finanzas en la Universidad de Valladolid, compagina la carrera con todo lo que, como modelo y azafata de eventos, le va saliendo. Ella opina que no es fácil hacer las dos cosas a la vez, pero está convencida de que, con un poco de empeño, se puede lograr. «Yo empecé a trabajar porque comencé a ser conscientes de que las matrículas son caras y de que para poderme dar un capricho de vez en cuando era lo mejor».

Jael tiene 21 años y vive con sus abuelos, que ya están jubilados. Forma parte de ese inmenso grupo de jóvenes que por una u otra razón no han conseguido abandonar el hogar familiar. El Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España ha publicado en su último informe que la población joven de 16 a 29 años que reside de forma independiente de su familia se ha situado por primera vez en 12 años por debajo del 20%. De hecho, en el segundo trimestre de 2016 este índice se fijó en el 19,7%, lo que representa una tasa de emancipación un 4,84% inferior a la registrada en el mismo periodo de 2015. Vamos, que ocho de cada diez jóvenes ni han salido, ni parecen tener intención o posibilidades de salir de casa, y aunque ha crecido el número de 'sisis', los 'ninis' siguen siendo la mayoría.

El único consuelo es que no somos los únicos: el último informe de la Organización Internacional del Trabajo apunta a que cada vez son más los jóvenes que ni trabajan ni estudian después de analizar la situación en 28 países; en concreto, uno de cada cuatro.

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