La mitad de los alumnos cántabros de Secundaria acude a clases particulares

Los alumnos de las academias de clases particulares reciben niños cada vez más pequeños. /DM
Los alumnos de las academias de clases particulares reciben niños cada vez más pequeños. / DM

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

A los estudiantes de la generación digital les cuesta centrar la atención en un libro de papel. Quedarse sentados en un pupitre o escuchar durante más de cinco minutos a un profesor en el aula les resulta muy difícil. «El problema que tienen no es tanto de falta de conocimientos como de dificultad para mantener la concentración, que es la base para empezar a aprender desde pequeñitos», explica Maia Museridze, responsable del Centro de Estudios de Santiago de Cartes. Padres y profesionales de la educación coinciden en que este punto de partida es clave para entender el auge que están experimentando las academias privadas en la región, especialmente las especializadas en enseñanza Primaria y Secundaria. En el caso de las segundas, las más demandadas, se ha pasado de las 81 registradas en Cantabria en 2010 a las 99 existentes en 2015, según datos del Instituto Cántabro de Estadística.

Alumnos cada vez más pequeños precisan ese apoyo extraescolar para superar las evaluaciones y la proliferación de centros privados está al alza. La crisis ha marcado un antes y un después en todo esto. El endurecimiento de las condiciones laborales deja a los padres poco tiempo libre para sentarse con sus hijos a hacer la tarea. Y la recuperación económica, especialmente en el último año, ha aliviado los bolsillos de las familias, que pueden invertir algo más en la educación de los hijos. «No existen estudios verdaderamente rigurosos; pero podemos apoyarnos en pequeñas investigaciones parciales que indican que alrededor del 50% de los estudiantes de Secundaria acuden a algún tipo de clase particular», detalla Juan Carlos Zubieta, sociólogo y profesor de la Universidad de Cantabria. «Y si un número tan grande de niños tienen que acudir a clase particular para aprobar es que la escuela no cumple correctamente con sus objetivos», añade el experto.

«No deberíamos estar obligados a buscar estos refuerzos al estudio fuera del centro educativo» Mónica Haro (Concapa)

Es una denuncia habitual de muchos padres. «No deberíamos estar obligados a buscar estos refuerzos al estudio fuera del centro educativo. Son los colegios e institutos los que deberían dar solución a todo esto», denuncia Mónica Haro, presidenta de Concapa. El problema, según dice, es que los pequeños no acuden a particular para reforzar sus conocimientos, sino «a aprender lo que no han comprendido en clase». Desde la FAPA lo ven igual. Su presidenta, Leticia Cardenal, denuncia que los descansos vacacionales no son realmente de asueto: «Los críos invierten muchos días de las semanas sin colegio para trabajar, y no tiene ningún sentido», destaca. Eso alimenta una vez más la desigualdad social: quien puede costear un aula complementaria obtendrá mejores resultados; quien no, se quedará atrás. Porque los precios no son cuestión baladí.

Más que un gasto, una inversión

Basta con entender la formación como una carrera de fondo para ver que «a veces lo que gastes al principio en refuerzo del estudio puede resultar muy rentable de cara al futuro», explica Juan José Ibáñez, presidente de la Asociación Cántabra de Academias Privadas (ACAP). Desde el estallido de la crisis económica las familias entienden la formación como un valor garantista en tiempos difíciles; pero aún hay algo más tangible. «Si estás mejor preparado, logras mejores notas. Si logras mejores notas, también tienes acceso a becas para el estudio y eso al final sale rentable». Incluso el acceso a la universidad puede abaratarse si la nota de corte es suficiente para optar a una plaza en la pública. «El recurso de la universidad privada siempre es mucho más costoso», concreta Ibáñez. Ideas como estas llevan a que muchos padres piensen que la inversión en clases particulares puede traer beneficios en el futuro.

Una hora de clase durante cinco días a la semana -el tiempo habitual que invierte un niño- viene a costar unos 60 ó 70 euros al mes. Eso solo para una asignatura. Inglés es la más demandada. «En los últimos años ha habido un crecimiento exponencial de las academias de idiomas. Aquí, en Kells School, nosotros hemos caído ligeramente en alumnos y no es por falta de demanda, sino porque la que existe se ha repartido», cuenta Fernando Elizalde, director de esa academia y presidente de la Asociación Cántabra de Centros de Enseñanza de Idiomas (Accei), que a día de hoy suma en toda la región 90 socios.

«En los últimos años ha habido un crecimiento exponencial de las academias de idiomas» Fernando Elizalde, presidente de la Asociación Cántabra de Centros de Enseñanza de Idiomas

Kells School cuenta con 40 años de experiencia docente en Santander, suma una media anual de 500 alumnos, lo que se traduce en 60 estudiantes diarios que pasan por las seis aulas de su sede de la capital cántabra. «Vemos que cada vez traen a los niños más pequeños». «La gente es consciente de que hay que aprender inglés cuanto antes. Y también de que no solo vale con aprobar, tienen que dominarlo de verdad, sobre todo con vistas al futuro», remarca Elizalde.

Después, son las materias 'de ciencias' las que acumulan mayor número de estudiantes. «Matemáticas les cuesta especialmente, pero no por eso hay que olvidar la lengua. Precisamente porque la Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa (Lomce) no permite promocionar de curso si se suspende alguna de estas dos materias troncales, todo el mundo se preocupa muy mucho de ir con holgura a los exámenes». Juan José Ibáñez, presidente de la Asociación Cántabra de Academias Privadas pone también el dedo en la llaga del sistema de enseñanza. Critica los planes de refuerzo puestos en marcha en los colegios: «No han dado el resultado esperado, y mientras no se solucione el problema de raíz, en las aulas de los centros educativos, no avanzaremos y los chavales seguirán necesitando clases particulares».

El doble efecto de la crisis

Habla de la crisis como una circunstancia con doble efecto «bueno y malo, según se mire»; pero que en sendos casos explica la multiplicación de las academias. Negativo porque la inversión en educación ha caído desde la debacle económica, y eso se deja notar en la formación que baja la calidad, con lo que los chavales tienen deficiencias que han de subsanar en clases particulares. Positivo, «porque las familias son cada vez más conscientes de que la educación es un valor garantista en tiempos difíciles, y ahora hay más gente que apuesta por invertir en la formación de los niños. Y ahí entran también las clases de refuerzo», confirma.

«Ahora hay más gente que apuesta por invertir en la formación de los niños. Y ahí entran también las clases de refuerzo» Juan José Ibáñez (presidente de la asociación cántabra de academias privadas)

Las academias de enseñanza especializadas en Educación Primaria han crecido en menor medida. Han pasado de los 44 inscritos en 2010 a los 47 que se ofertan hoy. En conjunto, existen en Cantabria cerca de 150 aulas de clases particulares para Primaria y Secundaria, y parece que hay trabajo para todos. «No hay por qué pensar que este fenómeno tenga que ver con la mala calidad de la educación en la región», señalan fuentes del Gobierno regional. «La crisis trajo tiempos difíciles pero llevamos varios años incrementando la inversión y mejorando las condiciones de los centros», reivindican desde el Gobierno.

Una alternativa a las oposiciones

Lo cierto es que la ausencia de concurso público de oposiciones a profesores ha espoleado también la creación de más centros privados, sobre todo porque muchos futuros docentes encuentran en el emprendimiento el sustento a la espera de que se abra la veda para acceder a un puesto público. Eso sin contar las decenas de profesores que se desplazan a los domicilios y trabajan sin estar dados de alta en la Seguridad Social. Por suerte para todos ellos el Ejecutivo regional ha anunciado ya para este 2018 la convocatoria de 438 puestos públicos para docencia en Secundaria, Formación Profesional, Escuela Oficial de Idiomas y conservatorios. Además, se publicarán también las plazas de Primaria, ya que pese a que se programaron para 2017, finalmente no existió convocatoria.

«Conozco gente que se ha puesto en marcha, sin tener muy clara la demanda, pero para ir tirando. Son muchos y por eso el número de centros ha aumentado», explica Asier Isa, de Academia Psicopedagogía Santander. «Nosotros llevamos tres años y tenemos cada vez más niños», certifica. Le sucede lo mismo a Daniel Fernández, de Academia Santander. En solo cinco años ha pasado de cero a 40 alumnos de media diaria. «Los padres cada vez tienen menos tiempo que dedicarle a los chavales y además la carga de 'deberes' es cada vez más grande», denuncia. «Son tareas que mandan para casa y que no tienen fundamento. Son meros ejercicios repetitivos que a veces ni siquiera se corresponden con los que entran en el examen», lamenta.

«Los padres cada vez tienen menos tiempo que dedicarle a los chavales y además la carga de 'deberes' es más grande» Daniel Fernández (academia Santander)

No existe un perfil tipo de alumno. «Nosotros los tenemos bien pequeñitos, desde los cinco años», explica Maia Museridze, del Centro de Estudios de Santiago de Cartes. Ella es especialista en docencia de inglés, pero de un año a esta parte las demandas de los padres terminaron por convencerla para poner en marcha clases de apoyo para otras asignaturas. «Los pequeños no están bien preparados. Tienen dificultades para centrarse en leer sobre un papel. No saben diferenciar siquiera una mayúscula de una minúscula. Es algo serio», sentencia.

La mayoría contratan una hora de academia al día, durante los cinco laborables de la semana. Es también una forma de cultivar un hábito de trabajo. Santander aglutina el mayor número de academias, pero le van a la zaga Torrelavega, Camargo, El Astillero y Castro Urdiales. «Hace tres años que empecé a trabajar en Maliaño porque vi que con la concentración de población joven, iba a haber demanda de niños con necesidad de clases particulares», detalla Conchi Allende, de la Academia Euler. En este tiempo ha conseguido sumar una media de unos 20 alumnos en sus clases diarias; aunque es un dato que oscila según el momento del año. «El sistema educativo podría funcionar mejor, pero también hay muchos niños que están acostumbrados a que se lo den todo hecho. Es una cuestión educacional. No atienden en clase porque saben que luego vienen aquí y les resolvemos la papeleta, pero eso está muy mal», explica. Si nada de esto cambia, la superación de la crisis, quizá el único obstáculo que durante estos pasados años había cercenado el crecimiento de las academias, dejará vía libre para que estos negocios sigan proliferando a buen ritmo en la región.

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