Me voy de Twitter

Me voy de Twitter

Las virtudes de la red social se vuelven en su contra para convertirse en una debilidad ante la falta de filtros

ISAAC ASENJOMadrid

Es cuestión de falta de respeto, de ataques personales y de odio. Nada de falta de debate y discrepancia. En los últimos tiempos aflora el desprecio en las redes sociales y las voces que no quieren dialogar ante las diferencias son cada vez más fuertes. De ahí que muchos se hayan 'tirado' del barco de Twitter y hayan dicho adiós. El último ha sido Lorenzo Silva (Madrid, 1996), que ha perdido la paciencia con la red del 'pajarito azul' tras determinar que su análisis «coste-beneficio» se ha ido deteriorando con el paso del tiempo y que ha dejado de ser positivo, según ha contado en un artículo. Y ya no solo por las injurias que debía soportar por parte de trolls o haters - un fenómeno de Internet que cada vez es más visible - sino porque Twitter se ha convertido en una distorsión que le apartaba «de cosas más importantes». «Empecé a comprender que la herramienta no estaba diseñada para mis fines, sino para los de sus propietarios, y que unos y otros habían dejado de ser compatibles», esgrime Silva, que abandona esta red social en la que le siguen más de 100.000 personas.

El ganador de los Premios Planeta y Nadal no es el único ni será el último que la abandone, algo que debería preocupar a los responsables de Twitter, que parece mejorar de su salud tras los rumores de quiebra en el primer semestre de 2017 nada más aterrizar en el mercado de valores de Estados Unidos, donde fue nombrada como «la decepción de Wall Street». No obstante la red social continúa con problemas en cuanto a encontrar un comprador después de llevar año y medio en venta. Y uno de esos rompecabezas para su director general - Jack Dorsey - son los 'tuits' que se publican con mensajes negativos.

Las reglas de uso de la red social especifican que sus usuarios no pueden hacer «amenazas de violencia específicas» ni expresar el deseo de que una persona o un grupo de personas «sufran daños físicos, enfermedades o la muerte», entre lo que se incluye «amenazar con actos de terrorismo o promover el terrorismo»

En esto ha querido hacer hincapié la red social desde el pasado mes de noviembre, cuando anunció que comenzaría aplicar las políticas restrictivas de las cuentas y mensajes que difunden contenidos de odio. La actualización de las reglas de la plataforma amplió sus apartados específicos sobre violencia e incitación al odio a través de sus publicaciones, dando un paso más allá de la supresión de la verificación - la señal azul que califica de confiable una cuenta - de aquellos perfiles que difundan un discurso intolerante. Así, las reglas de uso de la red social especifican que sus usuarios no pueden hacer «amenazas de violencia específicas» ni expresar el deseo de que una persona o un grupo de personas «sufran daños físicos, enfermedades o la muerte», entre lo que se incluye «amenazar con actos de terrorismo o promover el terrorismo». La medida no solo se aplica a los tuits, también a la información personal, al nombre de usuario, a la biografía o a la imagen seleccionada.

Todo esto salvo si eres Donald Trump - que es un «líder mundial» y ellos deben permanecer en la plataforma porque «publican información relevante para el público» - explicó recientemente la plataforma tras varias quejas de usuarios sobre el contenido que publicó el presidente de EE UU amenazando al líder de Corea del Norte con pulsar el botón nuclear. Así pues las normas no se aplican con tanto rigor a todos debido al rol que cada uno juegue en la sociedad. Twitter exime de cumplir la normativa a gobiernos, ejércitos y grupos en procesos de paz.

Contenido eliminado

No obstante pese a estos esfuerzos por ponerse las pilas en cuanto a erradicar insultos y contenidos discriminatorios, España es el país europeo donde las grandes empresas de internet eliminan menos contenido denunciado. Son cifras de la Comisión Europea, que monitoriza a través de un observatorio especial un código de conducta consensuado con las grandes multinacionales de internet para intentar vetar la difusión de contenidos de odio, terrorismo y discriminación en la Red.

En los últimos tiempos no son pocas las voces, sobre todo avivadas con la 'Catalanofobia' que provocó el masivo atropello en La Rambla de Barcelona el pasado mes de agosto así como la crispación política por el referéndum ilegal del 1 de octubre, que critican el pozo de odio en el que ha convertido Twitter

Dicho observatorio es fruto de los cambios que reclamó Bruselas a Facebook, Twitter, Google y Microsotf para intentar erradicar los contenidos de oido del ciberespacio tras los atentados yihadistas de Bruselas en 2016. Además en los últimos tiempos no son pocas las voces, sobre todo avivadas con la 'Catalanofobia' que provocó el masivo atropello en La Rambla de Barcelona el pasado mes de agosto así como la crispación política por el referéndum ilegal del 1 de octubre, que critican el pozo de odio en el que ha convertido Twitter. Porque resulta que lo bueno de esta plataforma siempre ha sido que uno pueda hacer llegar un mensaje a cualquiera, sea quien sea. Algo que parece que ahora se ha vuelto en su contra y ha pasado de ser algo exitoso a ser una debilidad ante la falta de filtros. Y tampoco es que hayan demostrado una gran agilidad a la hora de solucionar estos problemas. Así, lo mismo que le ha ocurrido ahora a Lorenzo Silva, le ha pasado a varias celebridades.

Eso sí, muchos se marcharon pero la mayoría terminó por volver. Porque hasta la ciencia revela que es más fácil dejar de fumar que los social media. En España por ejemplo ha habido casos de famosos que dejaron la Red Social. A Andreu Buenafuente no le hizo ni pizca de gracia que allá por 2011 le criticaran la entrevista que hizo a la entonces ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde por no plantarle cara a pesar de ser una de las ministras más criticadas por su polémica Ley Sinde. En un tira y afloja con sus seguidores, el presentador terminó por despedirse de Twitter: «No pienso aguantar juicios faltones después de 21 años haciendo programas en libertad. Los exaltados podéis piraros si queréis. Yo, lo hago ahora mismo». Similar es lo que le ocurrió a Alejandro Sanz que se marchó de Twitter después de varias críticas por un mensaje escrito con falta de ortografía. «Estoy harto de tanto ataque y tanta falacia, tanta mala baba y tanto esfuerzo para darle vida a gente sin alma, sin cultura y sin corazón. Leeré los twitters de mi gente y escribiré a quien quiera pero no pienso seguirle el juego a tant@ gente sin corazón. Adiós y que ardan», escribió.

La política socialista Elena Valenciano también anunció su marcha en marzo de 2013. «Dentro de media hora saldré de Twitter. Algunos han empezado a perseguir a mis hijos». Aseguró que la red social había «cambiado mucho en estos años». Y sentenció: «Contra mí, era normal. Contra mis hijos es inmoral». En el último tuit se despidió: «Desde aquí no hay manera de defenderles. Me voy para poder protegerles. Adiós».

Tras su dimisión como presidente del Barça por el escándalo Neymar, Sandro Rosell cerró su cuenta de Twitter y pasó a engrosar la lista de personalidades que se han ido. O al menos han dicho ¡Hasta luego! a la plataforma. «¡Gracias a todos! Ha sido un orgullo ser presidente del Barça. Pido a los barcelonistas todo el apoyo para el presidente Bartomeu. Con este mensaje cierro esta cuenta de Twitter. Muchas gracias».

En 2014, Marcos de Quinto, por aquel entonces presidente de la división ibérica de Coca-Cola, anunciaba que dejaba el tuiteo. Tres semanas después de esto, la empresa anunciaba un ERE y el cierre de cuatro plantas en España. Las críticas no se hicieron esperar y provocaron su vuelta - al menos para dar las explicaciones oportunas.

Más reciente es el caso de Frank Cuesta, el presentador estuvo ausente de Twitter durante semanas por culpa de los trolls. También notable fue el caso del torero Francisco Rivera, quien después de exhibirse con su hija en brazos mientras toreaba una vaquilla, y hasta aparecer en los informativos como si de un paria social se tratara, tomó la hábil decisión de privatizar sus perfiles para esquivar la inquina de comentaristas anónimos.

Fuera de nuestras fronteras, la relación de los famosos con Twitter está llena de desencuentros. Uno de los últimos en despedirse ha sido Ed Sheeran, que eliminó su cuenta el pasado verano tras ser criticado por un cameo en 'Juego de tronos'.

Antes del compositor británico muchos otros ya abandonaron Twitter . Una de las primeras fue Miley Cyrus, en el 2009. La cantante alegó que las redes sociales se habían convertido en «munición» para los medios de comunicación y cerró su perfil, aunque lo volvió a activar un año y medio después. Otro cantante, John Mayer también dejó Twitter momentáneamente en el 2010, aunque por otros motivos muy diferentes: confesó ser un adicto a la Red Social.

El cineasta Joss Whedon decidió dejar la Red Social por los insultos que recibió tras estrenar el filme 'Vengadores: La era de Ultrón'. Muchos fans de los cómics de Marvel la tomaron con el director por el trato dado a la Viuda Negra y a Quicksilver. Las humillaciones también llevaron a dar ese paso a Damon Lindelof, guionista de 'Lost' y las nuevas películas de 'Star Trek'.

Los insultos también consiguieron que Adele y Jennifer Love Hewitt abandonaran sus cuentas durante un tiempo, aunque las retomaron meses después. El caso de la cantante británica fue especialmente grave, ya que dejó de tuitear a finales del 2012 por las amenazas de muerte que recibió su hijo recién nacido. Actualmente publica tuits y retuitea a menudo. También Sam Smith dejó de tuitear tras los insultos que cosechó por su discurso al recoger el Oscar.

El que ha abandonado varias veces Twitter es Alec Baldwin. La primera fue en el año 2011, cuando fue expulsado de un vuelo de American Airlines por jugar al apalabrados en su iPhone. Justo antes pidió que todo el mundo dejase de seguirle a una hora concreta, cosa que acabó saliendo al revés: ganó más followers. Al año siguiente, el actor volvió a dejar la red social justo después de casarse con Hilaria Thomas, una gran experta en yoga. Y luego regresó, para volver a irse en el 2013 después de que su mujer recibiera acusaciones por algunos tuits publicados en el funeral del actor James Gandolfini.

Otros muchos famosos han decidido por voluntad propia darse de baja o eliminar temporalmente sus cuentas ya sea Twitter o Instagram - donde se mueven como pez en el agua -. Es el caso de Kim Kardashian, Justin Bieber, Selena Gómez o Kendall Jenner.

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