Los padres piden encarecer el alcohol para alejarlo de los menores

Varios jóvenes haciendo botellón. / Pedro Urresti

Siete de cada diez jóvenes entre 14 y 18 años han bebido en los últimos 30 días, tres de ellos hasta emborracharse

MIGUEL OLMEDAMadrid

La relación entre los jóvenes y el consumo de alcohol en España se ha normalizado en los últimos años. Según los datos de la encuesta ESTUDES publicada por el Plan Nacional Sobre Drogas relativa al periodo 2014-2015 –la última realizada–, siete de cada diez menores entre 14 y 18 años bebió en los pasados 30 días, y tres de ellos lo hizo hasta emborracharse.

Este alarmante dato es el que ha impulsado la iniciativa ‘Movilización Alcohol y Menores’. A través de ella, representantes de padres, del colectivo educativo y de prevención de consumos de drogas piden, entre otras cosas, subir el precio del alcohol para dificultar su acceso a los jóvenes. Y es que actualmente la edad media de iniciación al consumo es de sólo 13,8 años, el equivalente a cursar 2º de la ESO.

«Es la droga que más al alcance está. En cualquier esquina tienen un supermercado de barrio que se lo facilita y es barato», asegura Leticia Cardenal, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA). Es por ello que reclaman más vigilancia para los establecimientos que venden alcohol, como bares, discotecas y supermercados: «Es importante que se cumpla la ley y que a quien no lo haga reiteradamente incluso se le cierre el negocio».

Las fiestas etílicas son parte del día a día; fin de semana sí, fin de semana también, con el consecuente riesgo para la salud de los jóvenes. El llamado consumo compulsivo afecta al 37% de los menores entre 14 y 16 años, cuando todos los estudios científicos señalan que el desarrollo completo del cerebro humano no se alcanza hasta los 20. Es decir, el exceso repercute muy negativamente en su crecimiento, tanto físico como psicológico y mental.

Aunque para Carmen Perdices, presidenta de la asociación Mejora tu Escuela Pública, no es tanto ese problema como sí la posición ante la vida que el alcohol genera en los jóvenes: «Es una actitud de no hacerse responsables de sí mismos, de compromiso, imprescindible para forjar su propio proyecto de vida y participar en el común». Educar en valores y ofrecer alternativas de ocio y cultura al clásico botellón son sus propuestas para atajar un problema que la Administración «tiene que atajar sí o sí».

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