El examen a la sanidad pública sitúa a Cantabria en un nivel "deficiente"

La ratio de quirófanos en Cantabria es la más baja de España, sólo por detrás de Castilla La Mancha.
La ratio de quirófanos en Cantabria es la más baja de España, sólo por detrás de Castilla La Mancha. / Celedonio Martínez
  • Un informe constata el "retroceso" de los dos últimos años, en los que la región perdió cuatro puestos hasta colocarse en la décima posición del ranking por comunidades

La sanidad cántabra ha salido mal parada del informe realizado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (Fadsp). Después de tres años consecutivos escalando posiciones –en 2015 se colocó en sexto puesto–, con la calificación de "regular", el tropezón del último examen le ha llevado a descolgarse hasta la décima posición, sin poder superar la nota del "deficiente". Del "retroceso" de Cantabria se han beneficiado Castilla La Mancha, Extremadura, Galicia y La Rioja, las cuatro comunidades que se han adelantado en un ranking cuya cabecera se reparten un año más –y ya van siete– Navarra, Aragón, País Vasco, Castilla y León y Asturias.

No obstante, desde la Fadsp matizan que esta comparación evalúa la posición relativa de cada autonomía en un contexto en el que los servicios sanitarios públicos de todas ellas "han empeorado" como consecuencia del "proceso de recortes" aplicado desde 2009. Las consecuencias de la crisis pasan factura. Y, a la luz de este informe, a Cantabria le va a costar remontar tanto como a Madrid, Baleares y Andalucía, con las que comparte ‘diagnóstico’. El consuelo es que se libra de entrar en el vagón de cola, en el que viajan Cataluña, Murcia, Canarias y Valencia –estas dos últimas están catalogadas desde hace más de ocho años como las comunidades con los "peores servicios sanitarios" de España–.

Gasto, plantillas, condiciones, recursos...

Para sacar la nota clasificatoria (Cantabria obtiene una puntuación de 64, casi a la misma distancia del primero –83– que del último –46–), el estudio de la Fadsp analiza, además del gasto sanitario y farmacéutico, la evolución de las plantillas de los servicios de salud y de sus condiciones laborales, así como los recursos (camas, quirófanos y tecnología) y las listas de espera. El balance recoge "mayoritariamente los resultados de las políticas sanitarias de los gobiernos anteriores a las últimas elecciones autonómicas", ya que se refiere a datos "de 2014, 2015 y alguno de 2016" del Ministerio, el INE y el barómetro sanitario del CIS.

De ahí que la Consejería de Sanidad, en su valoración, vea en ellos el "reflejo de la situación de recortes de los últimos años". A su juicio, "si el Gobierno central continúa con la actual política presupuestaria restrictiva, va a ser imposible disponer de los recursos necesarios para mejorar la calidad asistencial, dado que las comunidades autónomas están sujetas a la supervisión presupuestaria del Ministerio de Hacienda".

Conclusiones

La comparativa por comunidades que alumbra este informe revela que el coste al alta hospitalaria en Cantabria es el más alto de España, con 5.362 euros; que la ratio de médicos especialistas en proporción al número de habitantes es de las más bajas, al igual que la de quirófanos; y que es la región con menor número de intervenciones por quirófano al año (845). Pero, además, no solo figura entre los territorios con más gasto farmacéutico per cápita (225,17 euros), sino que fue el que más aumentó las recetas de 2014 a 2015 (6,05%).

Respecto al gasto sanitario, Cantabria empezó a remontar en 2012 la caída experimentada los años anteriores y escaló a la cuarta posición que mantiene hoy. Sin embargo, "con 1.379 euros por persona, Cantabria está lejos ya de Asturias, con 1.587 euros, a pesar de ser regiones limítrofes y envejecidas", apunta David Cantarero, profesor titular responsable del Grupo de I+D (Economía de la Salud) de la UC.

Difícil combinar prestaciones sanitarios con fraude fical

"Uno de los principales riesgos para conseguir un modelo sanitario más solvente lo representa no sólo paliar las crecientes diferencias entre regiones, sino también en el acceso a medicamentos innovadores –muchos de ellos de uso hospitalario–, que ayudan a conseguir más años de vida ajustados por calidad a los pacientes especialmente afectados de enfermedades crónicas (un colectivo que representa más del 80% del gasto)", subraya. Y es que, añade Cantarero, "sigue siendo difícil disfrutar de prestaciones sanitarias generosas ‘a lo países nórdicos’ combinadas con alto fraude fiscal en impuestos ‘a lo mediterráneo’. Pensemos así en que los problemas de déficit se han reproducido en Cantabria y eso puede estar afectando a que se haya incrementado la diferencia con otras comunidades".

El profesor de la UC defiende que la inversión pública en nuevos tratamientos, como el de la hepatitis C, "está justificada si la valoramos no sólo como ganancias de justicia social y salud y productividad sino también en términos económicos, vía el ahorro que supone disminuir los gastos asociados a la enfermedad". Cantarero sostiene que "quedan márgenes de mejora en la eficiencia" del sistema y que "dedicar recursos a sanidad es una inversión y no un gasto". Pero "lo relevante –matiza– es saber dónde se destinan los recursos públicos y qué resultado se obtiene".