"Gracias por una labor impagable"

Hay decenas de testimonios de agradecimiento de enfermos.
Hay decenas de testimonios de agradecimiento de enfermos. / Javier Cotera
  • Pacientes y familiares agradecen la comprensión, la empatía y el cariño de los profesionales sanitarios que les han acompañado en el tránsito por la enfermedad

‘Como cambia el dolor del enfermo cuando entrelaza sus dedos con los de otra mano conocida’. Es el fragmento de una canción que Ángela Ariznavarreta escucha "de otra manera" desde que lo comprobó personalmente durante su hospitalización en Valdecilla. Con ella comienza la carta con la que quiere dar las GRACIAS –así, con mayúsculas– a todos aquellos que la han acompañado en el tránsito de su enfermedad. Una selección de los últimos escritos remitidos a la sección de Cartas al Director de este periódico nutre este reportaje de una gratitud para la que "faltan las palabras". Todos dirigidos a esa sanidad que no va en el sueldo.

Mensajes que hablan de confianza, delicadeza, sonrisa, calor, empatía, comprensión... muestras de cariño hacia los profesionales del gran Valdecilla, pero también hacia el trato y el cuidado encontrado en los comarcales de Sierrallana, Laredo y Reinosa, en diferentes centros de salud, en la Clínica Mompía, en Santa Clotilde y en Padre Menni. Agradecimientos escritos por pacientes que han superado el trance del dolor y la incertidumbre, pero también de aquellos que plasman sobre el papel la voz del ser querido vencido por la enfermedad.

"Además de a mis padres y familiares, quiero dar las gracias a los médicos, auxiliares, enfermeras, celadores, personal administrativo y capellanes que han sido esa ‘mano conocida’ para mí. Desde la bajada al quirófano, la preanestesia, pasando por las dolorosas horas de reanimación y terminando con los cuidados de la planta séptima del bloque C de Valdecilla. Cuántas miradas de cariño y palabras de ánimo, cuánto apoyo... tanto que se hace hasta fácil, más fácil, vivir esos momentos e incluso sonreír", apunta Ángela en su carta, en la que invita a pensar en las historias que hay detrás de cada ventana de un hospital.

Historias de paciencia, de valientes, de luchas, recomienzos, constancia, dudas, alegría, tristeza, aceptación, porqués... De batallas ganadas y batallas perdidas. Como la que plasma en sus líneas Pilar Martínez García-Monco, agradecida con "el personal de Oncología de Valdecilla (5ª planta de la torre B) por su afecto, comprensión, profesionalidad y buen trato hacia mi hermano, que no pudo superar su patología. Nunca olvidaremos vuestra cercanía en esos duros momentos".

También al servicio de Oncología se dirige Santiago Velasco, aunque extiende su mensaje a los equipos de Cirugía y Radioterapia. "No voy a juzgar la situación de la Sanidad, que en mi modesta opinión es muy buena, siempre mejorable, pero buena. Somos un matrimonio afectado por cáncer de mama, aunque la operada y tratada es la mujer, afectados somos los dos, siempre unidos, para lo bueno o, como en este caso, para lo malo", expone. A través de su carta agradece públicamente "las atenciones, amabilidad, buen hacer... más todos los buenos adjetivos calificativos que queramos incluir para todo el personal que intervienen en estos servicios. Muchas gracias desde el primero al último por todo lo que en estos difíciles meses hemos pasado ‘juntos’".

El cáncer está presente en buena parte de los mensajes, alguno escrito de puño y letra, como el que firma Manuel Castañeda Acebal, un vecino de Miengo de 69 años que lleva los siete últimos luchando contra esta patología y que expresa su "profundo agradecimiento a la Clínica Mompía, y en especial a la oncóloga Ágata Pérez Ochoa y al resto de su equipo, por la confianza y un trato fuera de serie".

Tras librar su propia batalla, María Luisa Fernández Gómez asegura que "somos unos privilegiados por disponer de una sanidad pública y gratuita y de profesionales que dan lo mejor de sí mismos para ayudar a la gente". Los destinatarios de ese ‘gracias’ que transmite en su misiva van desde "el médico de cabecera y la enfermera de su centro de salud, en la calle Vargas (Santander), a los equipos de Radiología y de Oncología de Valdecilla, encabezado por el doctor José Manuel López Vega, hasta los profesionales del hospital de día, de Medicina Nuclear y de la 4ª planta del edificio 2 de Noviembre por su inestimable apoyo en momentos tan difíciles".

"¡Viva Valdecilla!"

Con un "¡Viva el Hospital Valdecilla y las personas que lo sostienen cada día!" termina su escrito Isabel Tejerina. "En un trayecto vertiginoso de seis meses comprobé lo que ya sabía: que tenemos una sanidad pública de primera clase", señala. En sus líneas, da "mil gracias a la oncóloga de la sonrisa ancha, al radiólogo encantador que me convenció para una estremecedora biopsia en la columna vertebral, al celador de las gafas en la cabeza que me entretuvo el medio kilómetro que dista desde las Torres a los quirófanos; a la experta cirujana de pulmón que, además, me enseñó a usar el respirador de las bolitas en su domingo; al amable equipo de radioterapia y a tantos sanitarios que me cuidaron". Labor, la de todos ellos, que juzga "impagable". "Como impagable sería costear las múltiples pruebas, la cirugía de dos tumores malignos y su tratamiento. Seguramente tendríamos que haber vendido la casa. Y otros, en peores circunstancias, morir en el intento, como ocurre en EE UU, esa sociedad que tanto nos ponen de ejemplo".

"Con el corazón" escribe su carta Josefa Barril González, que agradece "al servicio de Hematología el esfuerzo, la dedicación y buen hacer que han dedicado a conseguir recuperar la plena salud que hoy disfruto. Pasar por este trance, me ha hecho conocer y valorar el extraordinario trabajo que ustedes hacen todos los días". Ella dedica "una mención especial a la Unidad de Hospitalización Domiciliaria, que me ha permitido recibir la asistencia y superar el proceso con el nivel de confort y bienestar que nunca imaginé ni me cansaré de agradecer".

‘Reconocer y agradecer lo que funciona’ es precisamente el título con el que comienza Celina Setién Fernández. A su marido le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neuromuscular degenerativa y mortal, por la que "recibimos atenciones de un amplio equipo de profesionales de Valdecilla (neurólogos, neumólogos, rehabilitadores, endocrinos, cuidados paliativos, psicólogos, enfermeras), además de Atención Primaria, todos empeñados en que el enfermo y sus familiares tuvieran la máxima calidad de vida".

Por todo esto, como cuidadora, "debo expresar mi gratitud a la sanidad pública en general, y en particular a todas esas magníficas personas que nos atendieron". Palabras que coinciden con las de la familia de María Muñiz Santamaría, también fallecida recientemente. En este caso, dirigidas "al servicio de Nefrología y al equipo de profesionales de Dialsan, médicos, auxiliares, enfermeros y técnicos de ambulancia que con tanto cariño y profesionalidad han cuidado a nuestra madre. El trato que todos le distéis hizo que la situación vivida, tan difícil para ella y su familia, fuera mucho más llevadera. Gracias por hacer tan bien vuestro trabajo", apunta su hija, Encarna Pérez. A la Unidad del Dolor de Valdecilla se refiere el mensaje que firma José Fernández. "Por las muestras de simpatía y ese calor que recibí de todo el equipo, desde la celadora hasta las doctoras, y en especial a la enfermera Elena por su entrega tan humana y afectiva", escribe, confiando en que sus palabras "sirvan de estímulo tanto para el equipo como para la Dirección del hospital al saber que cuentan con unos grandes profesionales".

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