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Mari Carmen (nombre ficticio) se dirige a una de las reuniones de Comedores Compulsivos Anónimos. / Foto y vídeo: Virginia Carrasco

Me llamo Helena y soy comedora compulsiva

  • trastorno por atracón

  • La comida es su droga. Por ella sienten una adicción que les lleva a comer sin parar durante todo el día, a darse atracones de hasta 15.000 calorías y a esconderse avergonzados para poder ingerir esos alimentos que solo por unos segundos pueden reconfortarles. La pesadilla viene después

«Llegó un momento en que me sentía como una yonqui. Compraba comida y me iba a un polígono, donde aparcaba para comérmela. Era algo supervergonzoso», cuenta Mari Carmen. «Estaba constantemente comiendo, no podía estar más de dos horas sin tomar algo. Un día iba en el metro, ya había desayunado y comido más de la cuenta, y aún así me bajé a propósito del vagón para salir a la calle y meterme en el primer burguer. Fue una situación muy dolorosa», recuerda Elena. «La última vez que vine a una reunión de OA (siglas inglesas de Comedores Compulsivos) fue por un roscón de reyes. Estaba en casa de mi suegra y, poco a poco, me comí uno grande yo sola. Eso no lo hace alguien que no tenga un problema con la comida. Me pasaba todo el día picoteando, me daba igual chorizo, pan, dulces... Pero fue en aquella situación cuando vi que tenía que regresar a OA, yo sola no podía controlarlo, necesitaba ayuda», explica Pilar.

Todas ellas junto a muchos más afectados se reúnen con periodicidad para afrontar su problema: la adicción a la comida. Todos son parte de Comedores Compulsivos Anónimos, por eso no damos en ningún caso sus nombres reales. Sus historias sirven para dibujar el rostro de todos aquellos que son víctimas del denominado ‘trastorno por atracón’ (BDE, por sus siglas en inglés), un trastorno de la conducta alimentaria que afecta al 2-3% de la población en España y que se cree que está presente en la mitad de los grandes obesos.

¿El motivo? Que ‘empuja’ al afectado a consumir grandes cantidades de comida hacia una sensación de pérdida de control durante el atracón (algunos confiesan atracones que oscilan entre las 5.000 y las 15.000 calorías). «No se trata de personas que un día comen de más hasta saciarse, sino que son pacientes que ingieren con voracidad en poco tiempo y rápidamente, incluso cuando no tienen la sensación de hambre. Los atracones pueden ser planeados o espontáneos», explica la doctora Marina Díaz Marsal, directora de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Clínico de Madrid.

Cuándo se da realmente

Para que los expertos hablen de trastorno por atracón deben darse los siguientes hechos: en primer lugar, la ingestión en un periodo de tiempo concreto y breve de una cantidad de alimento que es a todas luces superior a lo que la mayor parte de las personas comerían en un periodo similar en circunstancias parecidas, incluso comparándolo con alguien que coma mucho.

En segundo lugar, se debe de dar una sensación de falta de control sobre lo que se está ingiriendo en ese episodio. De este modo, la persona estará comiendo mucho más rápidamente de lo normal y lo hará hasta sentirse desagradablemente llena dada la compulsión. Además, es un acto que hacen cuando están solas, se esconden de los demás para que no les vean porque perciben lo que hacen como vergonzante, y no sienten hambre previa al atracón. Para acabar, y tras el atracón, se sienten a disgusto consigo mismo.

«Para que se diagnostique a una persona con este trastorno, además de estos patrones ya mencionados, debe producirse este atracón al menos una vez a la semana y durante tres meses mínimo. Luego evidentemente hay situaciones leves, moderadas, y graves o extremas. Cuando se habla de uno a tres atracones a la semana es leve, entre cuatro y siete es moderada, y entre ocho y catorce ya es extrema», explica la doctora María Soria, directora del Área de Ciencias del Comportamiento y coordinadora académica del grado de Psicología en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Eso sí, a diferencia de otros trastornos, como la bulimia nerviosa, este no tiene una conducta compensatoria asociada. Tampoco quienes lo padecen practican un ejercicio excesivo para contrarrestar los excesos. Sin embargo, sí se someten a dietas diversas en cortas temporadas para poder recuperar su peso. «Tras la muerte de un familiar cuando yo tenía 28 años comencé a tener trastornos emocionales y un problema con la comida, aunque aún no lo sabía. Fue entonces cuando entré en un círculo vicioso de dietas y periodos de ganancia de peso que me llevaron a pensar que algo me pasaba. Me convertí en una persona que por mucho que comía no se llenaba nunca, siempre estaba pensando en comida, solo eso me satisfacía. Como cogía peso, y cada vez lo ganaba más rápidamente y con más kilos, en cada ocasión llevaba a cabo una dieta diferente. Las he probado todas», cuenta María.

Atracón nocturo

Cuando se empezó a hablar de este trastorno se denominó ‘Síndrome del Atracón Nocturno’. El motivo es que quienes lo padecían solían esperar a la noche para sus voraces banquetes, sin ser así en todos los pacientes. Durante el día la persona se contiene, ya hemos visto que muchas son personas que hacen dietas, pero al llegar la noche ya no aguantan. La noche, además de por esa contención diurna, otorga a muchas de estas personas el tiempo y la soledad de la que han carecido todo el día, por lo que aún más se convierte en un momento propicio para los atracones.

Pero si el atracón es diurno, nada como esconderse. «Después de los atracones en el polígono yo llegaba a mi casa y comía, porque nadie podía darse cuenta. Era tan vergonzoso. Después, cuando mi psiquiatra me recomendó venir a las reuniones de OA me di cuenta de que había más gente como yo. En ellas compartimos lo que sentimos, la experiencia. Yo me escondía en un polígono porque pensaba que era la única persona que hacía esas barbaridades y descubrí que no era así, que había más gente normal, con su trabajo y su familia, que hacía lo mismo que yo. Y dejas de estar solo”, explica Mari Carmen.

Como el resto de trastornos de la conducta alimentaria es padecido en mayor porcentaje por mujeres, probablemente fruto de un conglomerado de circunstancias: «La gente que tiene trastornos de la conducta alimentaria en general ha pasado por dietas restrictivas, sobre todo en el caso de los trastornos por atracón. Esas dietas draconianas en las que uno altera de alguna forma el patrón normal (léase dietas como la de la piña durante una semana) predisponen a tener conductas de descarga de compulsión mayores», señala la doctora Soria. Además, y tal y como agrega esta experta, el trastorno por atracón tiene cormobilidad, o sea que se suele dar junto a otros trastornos psicológicos o psiquiátricos, como los bipolares, depresivos, de ansiedad y, en menor medida pero también de consumo de sustancias. Y todo esto suele afectar más al género femenino.

Factores relacionados

Como podemos imaginar a tenor de lo dicho hasta ahora, existen varios factores relacionados con la aparición y desarrollo de estos ‘atracones’, tales como una elevada impulsividad, una importante ansiedad o depresión, así como conflictos personales. «La ansiedad y la depresión aparecen habitualmente de forma concomitante», afirma la doctora Díaz Marsal. Otros motivos apuntados son la ira, el aburrimiento, la tristeza y el estrés. Todos ellos pueden fomentar la aparición del trastorno. «Por otra parte, hay que destacar también la existencia de factores biológicos implicados. Al parecer, la serotonina, un neurotransmisor, que ocupa un rol primordial en la regulación del hambre, la saciedad, la afectividad y la impulsividad podrían estar implicada», afirma la directora de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Clínico de Madrid.

Pero «no siempre necesariamente tiene por qué haber un hecho desencadenante tal como una frustración, un disgusto, un dolor emocional muy intenso... aunque es cierto que muchas veces es así», agrega la doctora Soria. La inquietud, los nervios... en resumen, la disforia hace que el paciente busque en el atracón esa especie de ansiolítico que le ayuda a calmarse, y si bien logra esa tranquilidad, esta es muy corta y pasa a convertirse en vergüenza, tristeza, rabia, preocupación... tras el atracón por la pérdida de control sufrida. Además, se trata esta de una conducta que se autoperpetúa en sí misma: el paciente se va acostumbrando a estos ciclos de ingesta desmesurada seguidos de los de restricción y después tiene dificultad para contenerlos.

Como indican los propios afectados, llega un momento en el que los momentos de restricción son cada vez más cortos, mientras aumentan los de atracón. «Yo sabía que las dietas cada vez me servían de menos, porque cada vez iba a durar menos tiempo en mi peso. Llegué a levantarme por las noche a comer, e incluso me dejé de lavar los dientes. Cuando llegué a OA entendí que cada uno tenemos un alimento detonante. El dulce era el mío. Si tomaba dulce ya no iba a dejar de comer. Despertaba mi compulsión. Y esos son los alimentos que debo dejar. Cada uno tiene el suyo y debe identificarlo para poder luchar contra él», cuenta Elena. Según hablamos con más afectados nos damos cuenta de que aquí ya cada uno sabe cuál es su alimento ‘gatillo’. Ninguno está entre los recomendados por los médicos. «Normalmente, y como hemos visto, prefieren alimentos muy energéticos como dulces, galletas, chocolates... e hidratos de carbono, todos ellos relacionados con el aumento de los niveles de serotonina», señala la doctora Díaz Marsal.

Así, el trastorno por atracón es señalada como «una enfermedad grave» dado que eleva el riesgo de diabetes tipo 2, aumenta el colesterol y puede provocar hipertensión, obesidad, cardiopatía, cálculos en la vesícula biliar, apnea del sueño, insomnio, dolor articular y fatiga, entre otros. Y ya hemos mencionado, aunque conviene recalcarlo, que esta enfermedad se asocia a depresión, al abuso de sustancias e incrementa el riesgo de suicidio.

Tratamiento

Afortunadamente, y según la Sociedad Española de Medicina General, el 80% de las personas que presentan este trastorno por atracón se recuperan, «mucho más que en el caso de otros trastornos del mismo espectro como la anorexia y la bulimia, que tienden a cronificarse», explica la doctora Soria.

«Las metas para el tratamiento», tal y como explica la doctora Díaz Marsal, «son reducir los atracones alimenticios, para mejorar el bienestar emocional de los pacientes y, cuando sea necesario, para que puedan bajar de peso». Debido a que los atracones están relacionados con vergüenza, baja autoestima, auto-repugnancia y otras emociones negativas, el tratamiento también debe abordar estos y otros problemas psicológicos. «Al obtener ayuda para los atracones, se puede aprender a perder peso correctamente y mantenerse en forma. Los tratamientos principales son psicoterapia que incluye la terapia cognitivo conductual, la psicoterapia interpersonal y la terapia dialéctica conductual. También están la farmacoterapia: antidepresivos y anticonvulsivo topiramato. Normalmente se utiliza para controlar las convulsiones, pero también se ha encontrado que reduce los episodios de atracones. Sin embargo, potencialmente puede causar efectos secundarios graves, por lo que es importante evaluar su uso», indica la doctora Díaz Marsal.

En cualquier caso, el abordaje terapéutico es tan diferencial como lo es el paciente: «Hablamos como ya hemos visto de psicoterapia, para que de alguna manera se analice el por qué de los síntomas de cada uno y si hay comorbilidad asociada, de manejo conductual, educación alimentaria y, muy importante, hablamos de identificación de esos alimentos ‘gatillo’, algo que es muy importante para comenzar a trabajar en la recuperación y el control», agrega la doctora Soria.

Además están los grupos de terapia, como el que visitan los pacientes con los que hemos hablado en Comedores Compulsivos. «Un día vi el test que facilitan y que está en la pagina de Comedores Compulsivos Anónimos y contesté afirmativamente a doce de las quince preguntas. Estaba claro que tenía un problema, pero no sabía cómo abordarlo. Finalmente y animada en mi casa a hacerlo decidí acudir a una reunión de OA y, a pesar de las recaídas, que forman parte del proceso, he logrado controlarlo y adelgazar 17 kilos. Pero cuidado que estas reuniones no son para quitarse un michelín que me sobra, somos gentes que tenemos un verdadero problema con la comida», explica María.

Y en estas fechas que se avecinan, que llegan cargadas de banquetes, ¿cómo se lleva esta adicción por algo que está en todas las casas y que es imposible evitar? «Yo ahora en Navidad soy famosa por mis postres sin azúcar ni harina blanca [risas]. Pero es verdad que son fechas difíciles. Por ello, siempre que flaquees puedes llamar a otro compañero y hablar con él. Eso te salva a ti, y en muchas ocasiones al que te escucha que podría estar a punto de recaer. Se han dado casos», afirma Mari Carmen.

Infradiagnóstico

Muchas son las personas que sufren, sin querer, este trastorno. De hecho, y según los especialistas y los pacientes, es un trastorno que no se consulta con un médico hasta pasados entre tres y ocho años de la aparición de los primeros síntomas. «La persona inicialmente cree que puede manejarlo de una manera autónoma, es algo que en cierto modo da vergüenza y que tampoco se identifica fácilmente como sucede con el consumo de drogas o de alcohol, por ejemplo. Parece que las cuestiones relativas a la comida son de segundo orden, se topan con cierta incomprensión social, y no debería ser así, sobre todo porque en este caso además es imposible la abstinencia completa. Un alcohólico puede dejar de beber radicalmente, un afectado por este trastorno por atracón no puede dejar de comer, se trata de que desarrolle una relación saludable con eso que le hace perder el control pero que a la vez lo necesitas para seguir viviendo», señala la doctora Soria.

Por eso, y ante la sospecha de que usted se escude tras la comida, lo mejor es acudir a un psiquiatra para realizar una adecuada evaluación diagnóstica y empezar, de ser necesario, del modo más precoz posible el tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico adecuado.

Para hacer el test y valorar si usted puede padecer un trastorno por atracón, pinche aquí.