La transmisión del VIH de la madre al niño se produce fundamentalmente durante el parto, pero también puede transmitirse durante la gestación y en el postparto, por la lactancia materna. Todas, evitables.
La transmisión del VIH de la madre al niño se produce fundamentalmente durante el parto, pero también puede transmitirse durante la gestación y en el postparto, por la lactancia materna. Todas, evitables.

Las mujeres con VIH pueden ser madres de bebés sanos

  • enfermedades infecciosas

  • La terapia antirretroviral y las medidas de profilaxis llevadas a cabo hoy en día durante el embarazo y en el momento del parto han disminuido por debajo del 1% los casos de transmisión del virus

Según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, actualmente en España las mujeres representan el 15% de las nuevas infecciones por el VIH diagnosticadas. Además, son cada vez más jóvenes, con una media de edad que ronda los 35 años. El contagio, en el 86% de los casos, se da por transmisión sexual. Debido a este perfil, la mayoría de ellas están en edad fértil, por lo que la posibilidad de ser madres es uno de los puntos esenciales a tener en cuenta. «A tenor de estos datos, tal vez haya que insistir más en la información, en la educación y en la independencia de la mujer para exigir prácticas sexuales seguras o romper relaciones que determinan un elevado riesgo de infección», afirma la doctora Pilar Miralles, de la Unidad de Anti Infecciosas VIH/VHC del Hospital Gregorio Marañón (Madrid).

Estar infectado por el VIH siempre supone un reto, y en el caso de la mujer además lleva asociados problemas específicos como la anticoncepción, el deseo de maternidad unido a un sentimiento de culpabilidad, problemas psicológicos derivados de la adaptación y del miedo a que sus hijos sean rechazados... De ahí que los expertos incidan en la importancia que tiene que el manejo del embarazo en estas mujeres sea interdisciplinar, incluyendo a obstetras, pediatras, psicólogos y asistentes sociales, además de al médico especialista en VIH.

El contagio

La transmisión del VIH de la madre al niño se produce fundamentalmente durante el parto, pero también puede transmitirse durante la gestación y en el postparto, por la lactancia materna. Pero esta transmisión al feto es evitable si se toman las medidas adecuadas: mantener el VIH perfectamente controlado con antirretrovirales durante el embarazo y el parto (lo que equivale a decir que la carga viral del VIH debe ser indetectable), evitar la lactancia materna y dar profilaxis con antirretrovirales durante unas semanas a su bebé, como le indicará su médico especialista. «Por ello, toda mujer antes de quedarse embarazada debería hacerse una prueba de VIH, ya que un seguimiento médico estrecho es fundamental y hay quienes no saben que están infectadas por el VIH», indica la doctora Miralles.

Hoy en día, la mujer con VIH que sigue todos los pasos indicados por su médico puede ser madre de un bebé totalmente sano, ya que la transmisión durante el embarazo y el parto ha disminuido considerablemente a menos del 1%. Así, y tras hacerse la prueba del VIH, lo primero que debe hacer la futura madre es acudir al especialista en VIH, ya que éste le indicará qué tratamiento antirretroviral debe seguir. Si ya sabía que era seropositiva y seguía un tratamiento, informará a su médico para que sea éste quien le guíe durante los 9 meses de gestación. Después mantendrá el seguimiento ginecológico de su embarazo y, llegado el parto, su ginecólogo será quien le indique si puede ser por vía vaginal o cesárea programada, dependiendo del control de su infección. Nacido el bebé, lo que la madre evitará siempre es la lactancia materna, ya que el niño podría contraer el VIH al mamar.

En cuanto al pequeño, recibirá tratamiento antirretroviral preventivo oral durante 4-6 semanas y será seguido por el pediatra durante los primeros años de vida.

En el caso de que ya se haya manifestado el sida en la mujer, es aconsejable que ésta «programe su gestación asesorada por su especialista de VIH, que le recomendará el momento más oportuno para quedarse embarazada en función de su estado de salud. Hecha esta salvedad, las medidas a seguir serán las mismas que para las anteriores», explica la doctora Miralles.

Ayuda psicológica

Teniendo en cuenta que el VIH se ha convertido en una enfermedad crónica controlable, cada vez adquieren mayor importancia la calidad de vida y el seguimiento tanto de los efectos secundarios a largo plazo como de los deterioros neurocognitivos, como la depresión y la ansiedad. Según el estudio CRANIum, la prevalencia de detección de depresión es más elevada en las mujeres (17,7%) que en los hombres (13%) y, asimismo, las tasas de ansiedad también son más altas en ellas (40,1% frente al 33,1% de ellos).

Como es lógico, la embarazada se encuentra en una fase de su vida en la que está especialmente sensible, por lo que necesita sentirse apoyada y conocer y discutir todos los aspectos de su situación, riesgos potenciales y beneficios para ella y su hijo. Fuera de esto, y como es lógico, las preocupaciones de una mujer con VIH varían en función de la edad. Tal y como indica la doctora Miralles, «en general, las más jóvenes solicitan información en relación a anticoncepción, riesgo de transmisión del VIH a su pareja, si se encuentra ante una nueva relación pregunta sobre cómo y cuándo informar a su pareja de que ella tiene VIH, y en especial se interesa por sus posibilidades de gestación y por el riesgo de transmisión a su hijo. Por su parte, las mayores consultan en relación a las posibles enfermedades asociadas al envejecimiento y como influiría en ellas su seropositividad».

Para ayudarlas, la asociación de infectados y afectados por el VIH/SIDA en Madrid, Apoyo Positivo, cuenta con diversos programas tales como asistencia psicosocial, pisos autogestionados, atención social en domicilio y hospitales... «Desde estos diferentes recursos se ofrece a la madre seropositiva una atención integral, haciendo primero una evaluación a nivel psicosocial de las necesidades tanto psicológicas como sociales que presente ella o su familia para poder derivarla a los programas más adecuados con el fin de ayudarlas a potenciar y desarrollar sus propias herramientas y recursos personales», explica Lorena Ibarguchi, psicóloga de Apoyo Positivo.

Miedo al rechazo

Por lo general, cuando a una persona le dan el diagnostico y le confirman que está infectado por el VIH normalmente pasa por cuatro etapas: el shock, la rabia, la depresión y la aceptación de la nueva situación. «En un primer momento, la persona afectada presenta una gran reacción de miedo y rechazo ante el diagnóstico debido sobre todo a los miedos irracionales que surgen y por el gran prejuicio y estigma que tiene todavía la enfermedad», matiza la psicóloga.

En el caso de una madre que tenga un hijo seropositivo se da además, en muchas ocasiones, una importante sensación de angustia y un sentimiento de culpabilidad. «Al ser una enfermedad transmisible, siente que ha sido culpa suya. El sentimiento de culpabilidad y auto rechazo es todavía mucho mayor que en otras enfermedades congénitas, por eso es tan importante trabajar con las madres que estén viviendo esta situación, para poder tratar todos estos sentimientos y que el vínculo afectivo con el bebé no se vea alterado», comenta la experta, que no duda en agregar que gracias a los avances médicos apenas se dan estos casos. Con todo, al principio las madres con VIH viven «con mucha angustia y preocupación» el periodo de espera hasta que el niño negativiza los anticuerpos del VIH que tiene en el organismo.

No es la única preocupación de estas madres. También el hecho de que en su entorno se enteren de su enfermedad les afecta: «Es el miedo a que puedan discriminar o rechazar a sus hijos, sobre todo en la guardería o el colegio, lo que las asusta. A ello hay que sumarle los pensamientos relativos a cómo aceptarán sus propios hijos que su madre tenga VIH», afirma la psicóloga.

Por todo, es interesante que las madres con estos problemas, aquellas que comparten una misma situación, hablen, se comuniquen, algo que pueden hacer a través de Apoyo Positivo. «Se ayudan muchísimo. Poder escuchar cómo otras mujeres están pasando por su misma situación o tienen los mismos temores y ver cómo les han hecho frente les sirve de gran ayuda por lo que supone verse reflejadas en otras madres y entender que no están solas», explica la doctora Ibarguchi.

Así, y según la experta, acudir a una asociación especializada de este tipo puede ayudar a los pacientes a potenciar su resiliencia, es decir, a vivir esta situación no de una forma negativa que haga que disminuya su autoestima y la seguridad en sí mismas, si no de forma que sea una oportunidad o una etapa de crecimiento en la vida que les haga empoderarse, aumentando su calidad de vida, asimilando la infección por VIH y llevando una existencia plena a todos los niveles.