“La economía colaborativa tiene que ser justa y, especialmente, sostenible”

La economía colaborativa ha de ayudar al bien común.

La economía colaborativa ha de ayudar al bien común. / Reuters

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  • José Luís Fernández Fernández, Catedrático y Director de la Cátedra de Economía y Ética de los Negocios en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, plantea los límites éticos de la economía colaborativa en cinco pilares

"La economía tiene cinco valores éticos innegociables: Libertad, Justicia, dignidad de la persona, eficiencia y el más importante que es la sostenibilidad". Estos son los mínimos establecidos por el catedrático de Economía y Ética de los Negocios en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid en el marco del XXVII Congreso que organiza la Asociación Científica de Economía y Dirección de la Empresa (ACEDE).

Pilares en los que se ha de basar el proyecto de la economía colaborativa, "a partir de ahí se tiene que crecer", añade a Innova+. El 55% de los españoles han utilizado servicios de economía colaborativa al menos una vez en el último año; la mayoría de ellos a través de plataformas de compraventa de bienes de segunda mano.

A principios de 2016, la Organización de Consumidores y Usuarios defendió las plataformas de consumo colaborativo, aunque recalcó que "una pequeña parte de ellas se plantea como misión la mejora social de la comunidad".

Mientras que los detractores destacan sus puntos más oscuros como la competencia desleal, promover el fraude fiscal o distorsionar un mercado de trabajo que lleva a la precarización laboral. "Hay más allá de la retórica del todo o nada, la ética tiene que encontrar los criterios que preservar para que la economía colaborativa ayude al bien común", resalta Fernández.

El experto de la Universidad de Comillas pone el foco en el Estado, "todo es política y ahí el Estado tiene que decir cosas". En palabras de José Luis Fernández, la economía colaborativa "no solo es una manera de buscar la ayuda mutua, sino un modelo de negocio y una nueva forma de hacer economía de la mano de la tecnología".

De la definición del concepto ya nace la primera fricción entre partidarios y detractores esta nueva forma de vida y se acentúa porque "las administraciones públicas son incapaces de poner reglas". Los magistrados todavía discuten la definición exacta de economía colaborativa y es que la Justicia "está dividida", señala Fernández.

Los jueces españoles esperan el dictamen de Bruselas para calificar el negocio de Uber. La pregunta es sencilla: ¿servicio de transporte o plataforma digital? La respuesta es complicada y su resolución incluye varios matices legales muy importantes. "Todas las regulaciones siempre han llegado tarde, no se puede hacer una regulación de antes de ayer para un problema de pasado mañana", destaca el catedrático.

Este nuevo problema social, que en la actualidad se ha encarnado en la lucha entre taxistas y conductores de Uber y Cabify, tiene un responsable ulterior y es el Estado, según Fernández. "Hay que sentarse y negociar", señala. "No se trata de tirar abajo los monopolios, sería injustísimo. Hay que arbitrar medidas que convivan unos con otros, es el único camino. Hay que hacerlo por las buenas y conseguirlo, porque sino el mercado negro lo hará por las malas", puntualiza.

En esta regulación ya trabaja la Unión Europea, pero para ello el catedrático de la Universidad de Comillas pide una mesa donde "administraciones y empresas de economía colaborativa se ayuden". Y, aunque, asegura que “no existe una receta conocida" es necesario "una regulación flexible para ver qué pasa e ir experimentando", porque "estos es imparable", sentencia.

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