San Cipriano puso a prueba a los romeros con una incesante lluvia

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Los bailes tradicionales acompañaron al Santo en su subida a la ermita. / Antonio 'Sane'

  • Decenas de personas participaron de la jornada festiva de Cohicillos a pesar de las malas condiciones meteorológicas

La lluvia fue invitada protagonista en la procesión de San Cipriano, Santo Patrón de Cohicillos que tuvo que imponer su ley para que la tormenta, incesante durante toda la mañana, diera tregua a los romeros al mediodía. Los cartiegos se levantaron rogándole para que amainara el temporal, pero hasta que se vislumbró la ermita incluso la imagen del santo tuvo que resguardarse en un vehículo para no sufrir las consecuencias de esa lluvia impenitente.

Aun así, decenas de romeros, como ya había sucedido el día anterior, participaron en la procesión y, con mejor tiempo, aún más en la romería montañesa que se alargó durante toda la jornada, todos ellos fieles al amor por la tierra y las tradiciones concentradas a ritmo de pito y tambor en la pradera alta de Cohicillos. Muchos de los participantes vistieron ropa de romería para acompañar al santo en su peregrinación hasta la ermita, soportando los rigores de una lluvia que no ayudó nada a los peregrinos que escoltaron buena parte del ascenso del Santo a resguardo en el interior de un vehículo para evitar el deterioro de la imagen. Romeros de toda edad, sexo y condición, igualados por el pañuelo al cuello, blusón y vara de avellano, como es menester en la romería montañesa. Peregrinos llegados desde Torrelavega, de Los Corrales de Buelna, de Iguña, Cabezón o Puente San Miguel, Reocín, Polanco o Mazcuerras.

Entre ellos, el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, fiel a la cita, o la vicepresidenta, Eva Díaz Tezanos, además de diputados como el líder del PP, Ignacio Diego, alcaldes y concejales, asiduos algunos, otros no tanto, a la fiesta. Junto a ellos se vio al alcalde de la villa anfitriona, Agustín Molleda, y a buena parte de su corporación, junto a la comisión organizadora, vecinos de Cohicillos arriba y abajo para que nada se saliera del guión a pesar del tiempo.

A nadie arredró la adversa meteorología ni la dura subida, que esa no cambia haga bueno o malo. Nada impidió que los presentes disfrutaran de una jornada que trasciende a lo festivo y recrea y actualiza la tradición de lo que fueron las romerías montañesas, la bajada del ganado a los valles y la reunión de vecinos para festejar el fin del verano, hecho realidad este año.

No hubo que guardar fila

No hubo que guardar fila como otros años para probar el agua fresca de una fuente que forma parte de la tradición. Como el cielo, los 12 caños manaban a pleno rendimiento. Se bebió de la fuente y, para no dejar ningún cabo suelto en la tradición, se cortaron ramas de avellano para ensartar las no menos tradicionales rosquillas de San Cipriano.

Los más valientes, una vez solos, otras acompañados, cantaron las canciones de siempre, a veces al son, otras no tanto, de varias parejas de piteros que amenizaron la nutrida jornada festiva allá donde uno estuviera. Destacó también la buena presencia de público en el Festival Folklórico de San Cipriano y en las actuaciones de Tente Nublo y los Hermanos Cosío.

Con un tiempo algo más apacible por la tarde, los romeros se fueron retirando, al resguardo de botas de buen vino y cánticos de la tierra, dando forma a una de las más típicas Fiesta de Interés Turístico Regional, calificativo que lleva a gala desde hace ya muchos años, aspirando a algo más.

"Mas que satisfecho"

Al final, el alcalde, Agustín Molleda, se mostró "más que satisfecho" con la buena organización y la culminación de un día "que ha sabido imponerse al tiempo gracias a los cientos de fieles a esta fiesta tan nuestra".

Por su parte, el presidente reiteró lo que ya había adelantado en el pregón que pronunció el miércoles, su compromiso por apoyar la candidatura de la romería como Fiesta de Interés Turístico Nacional. Ataviado con un blusón y un pañuelo confeccionados por una vecina del valle, defendió las "raíces" de la romería, como seña de "identidad" de los cántabros.