Virgen Grande
Hijos de la Virgen Grande
/ Luis Palomeque

Hijos de la Virgen Grande

  • Quienes son o se sienten torrelaveguenses, mirarán, aunque sea de reojo, la pequeña imagen de La Patrona de Torrelavega en un momento que unirá a todos los vecinos de la ciudad. Volverá a ser uno de los actos más emotivos de las fiestas

Grande por todo y en todo lo de esta fecunda vega. Hijos de la Virgen Grande. Bendita Torrelavega. Hijos de la Virgen Grande Bendita Torrelavega. Hijos de la Virgen Grande Bendita Torrelavega». Los versos que forman el Himno a Torrelavega, resonarán el día 14 de agosto, seguramente, en la voz de Julián Revuelta como piropo a la Virgen Grande, esa imagen menuda, que ronda por la cabeza y en el susurro de las oraciones de todo aquel que es o se siente torrelaveguense. Desde hace siglos esta ciudad saca el día antes de su celebración -el 14 de agosto- a su Patrona en procesión. Nadie sabe con certeza el motivo por el que el día grande religioso, en torno a la Virgen Grande -15 de agosto-, es un día antes de su onomástica oficial, pero así es.

El momento más emotivo de la única salida de la venerada imagen a las calles de Torrelavega, 'su' ciudad por la que vela desde la Edad Media, es cuando aparece por la puerta coronada por el dintel que esculpiera en piedra Jesús Otero. Se abrirán los portones y aparecerá majestuosa, creciendo desde su pequeñez, con el manto azul y la corona de plata que Torrelavega le regaló en la década de los años 60 del siglo XX. Parará unos minutos en el umbral.

Sentimiento y vistosidad

Será cuando se entone el Himno Nacional de España, la música más solemne con la que este país puede recibir a una 'autoridad'. Los picayos, siguiendo una tradición ancestral de los poblados cántabros, bailarán delante de ella con signo de respeto, 'bailarán al Santo'. Los torrelaveguenses la recibirán con un aplauso que encierra la emoción que, seguro, sentirán propios y extraños, al ver como una ciudad -tan castigada por los problemas de trabajo- se une también para ensalzar sus orígenes como comunidad.

Y comenzará la procesión. Discurrirá por las calles del centro buscando el otro epicentro de la fiesta religiosa, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción -la Iglesia Vieja-, de la que partió hace más de medio siglo para ubicarse en el Santuario de San José Obrero -la Iglesia Nueva- que ha cedido su nombre para dárselo a la Virgen Grande. Allí, una vez hermanadas las dos parroquias que durante un largo tiempo vivieron de espaldas, se cantará La Salve, con la imagen mirando el atrio de la que fue su antigua casa. Desde allí, siguiendo ya el camino de regreso, con las primeras sombras de la noche, llegará a la Plaza del Grano -porque la Virgen sigue siendo castiza- donde la esperará la voz del Malvís para decirla que es 'grande por todo y en todo'. Y volverá a 'su' iglesia, y allí, sobre sus andas de plata, estará más cerca que nunca de su pueblo, en principio, hasta el día 18 de agosto, cuando, nuevamente, será elevada al camerín.

La tradición marca que ese será el momento en el que la alcaldesa -en este caso Lidia Ruiz Salmón- debería poner en sus manos el bastón de mando de Torrelavega, haciéndola así, durante unas horas, dueña y señora de la ciudad. ¿Se atenderá este rito en esta ocasión? Una vez se rompió, pero fue un despiste.

Una ciudad que sufre y confía

Y comenzará desde ese momento el desfile de cientos de torrelaveguenses que la harán sus peticiones. Y seguramente la Virgen Grande, que sabe que su ciudad sufre, castigada por el desempleo, escuchará las súplicas y su mirada será un bálsamo para aquellos que en ella creen y confían.

Al día siguiente, el viernes 15, será la Misa Mayor, un acto religioso que tiene como protagonistas a las autoridades civiles y militares, así como a los ciudadanos que quieran unirse a ellos. La figura de la Virgen Grande data de los siglos XIII o XIV, mandada tallar por los Señores de la Vega. Está realizada en madera de peral, recubierta con una policromía que, en el siglo XVIII, fue tapada por otra más brillante, la que luce actualmente. Pesa poco más de 20 kilos porque no es maciza; es hueca porque en la época en que fue tallada no existían los sagrarios, y el copón se guardaba detrás de la imagen. Hubo dudas sobre su identificación, ya que algunos sostenían que la imagen representa a Santa Ana con la Virgen María en sus brazos, algo imposible porque el Niño está impartiendo la bendición y tiene el libro de las Escrituras de cara a los fieles, mientras que en Santa Ana, se le muestra a la prima de la Virgen María.