Cadenas contra el botellón

José Luis coloca una cadena en el acceso al barrio Mies de Mejí, en presencia de sus vecinos María Eugenia y Adolfo/Luis Palomeque
José Luis coloca una cadena en el acceso al barrio Mies de Mejí, en presencia de sus vecinos María Eugenia y Adolfo / Luis Palomeque
Torrelavega

Los vecinos del barrio Mies de Mejí se movilizan para evitar que cientos de jóvenes invadan sus propiedades durante las 'macrofiestas' de Tanos

José Ignacio Arminio
JOSÉ IGNACIO ARMINIOSantander

El sábado colocaron una cadena e hicieron guardia toda la noche, pero sus movilizaciones continuarán. No van a parar hasta que el botellón deje de ser una amenaza para ellos y sus propiedades. Son los vecinos del barrio Mies de Mejí, el más afectado por las multitudinarias concentraciones juveniles que se forman en un parque cercano con motivo de las 'macrofiestas' de Tanos.

La incesante lluvia y una mayor presencia policial evitaron el sábado que se repitiesen los graves incidentes de hace una semana, cuando cientos de jóvenes dejaron el referido parque como si se tratase de los restos de una batalla. Pero lo peor no fue eso, grupos de chavales, envalentonados por el alcohol, invadieron propiedades privadas y se enfrentaron a algunos vecinos.

La mecánica del botellón de Tanos es similar a la de otros. Aprovechando las 'macrofiestas' que se organizan en el pueblo, una en primavera y tres en las fiestas de la localidad, cientos de jóvenes, muchos de ellos menores de edad, se reúnen para comprar bebidas en un supermercado (Lupa) y consumirlas después con sus amigos en el parque que está al lado. Al final, terminan sumándose a la verbena organizada en el recinto ferial, donde este año también se han tomado medidas al contratar guardas de seguridad.

La incesante lluvia y una mayor presencia policial evitaron que se repitieran los incidentes

María Eugenia Marcano vive sola y es una de las vecinas más afectadas. Dice que hasta ahora han «convivido con el problema», pero lo de la semana pasada «fue terrible». Su relato no deja lugar a dudas: «Somos muy pocos vecinos para la que se monta aquí. Rompieron la cadena, patearon puertas, a un vecino le rompieron la camisa, no respetan nada ni a nadie. Van en grupo y se envalentonan, se hacen los fuertes».

«Gente sangrando»

Ella tienen claro que la mayor presencia policial de este sábado se debió al «revuelo» que se armó tras los incidentes y recuerda que una semana antes «les llamabas 20 veces y venían si tenías suerte». María Eugenia relató lo sucedido en su perfil de Facebook, a petición de sus convecinos, y envió el mismo escrito al Ayuntamiento, donde ha recibido «la callada por respuesta».

José Luis Gómez, otro vecino del barrio, también sufrió los asaltos de madrugada: «Esto viene desde hace tres años, pero la más gorda se montó el sábado. Saltaron la valla de la casa y me cogieron lo que quisieron. Salí corriendo detrás de ellos y eso prefiero no contarlo... Esto fue una batalla campal, peleas, gente sangrando... Desde las nueve de la noche llamando a la Policía y no llegaron hasta la una». Según él, los vecinos no han tenido otra salida que echarse a la calle.

Su mujer, Mari Carmen Postigo, también se siente desprotegida: «Llegaban en grupos, sin parar, y nos llevaron hasta la sombrilla». Adolfo Díaz vive en la casa más alejada, donde los chavales van a «descargar». «Allí hacen sus necesidades -explica-, cagan y mean en la socarrena, con toda la jeta. Les eché dos veces, pero volvían. A otros les pillé haciendo sexo en la huerta. No se detienen ante nada y cualquier día va a pasar algo».

Su vecino Aníbal Gómez dice que el barrio se convierte en «una romería». «Toman cuatro vinos y ya te puedes apartar. Les dices algo y te amenazan», afirma. Prueba de ello es lo que pasó en casa de José Manuel Puente: «A un amigo que estaba cenando con nosotros le rompieron la camisa, otro tuvo que ir al hospital con un golpe en el ojo y a mi mujer casi la da algo». Él, camionero de profesión, es de los que lamenta tener que estar patrullando por la noche en lugar de celebrar las fiestas de su pueblo: «He llegado hoy de viaje y mira donde estoy. Es muy triste tener que salir de casa con una barra de hierro para defenderte».

«Lo hace todo el mundo»

La otra cara de la moneda son los chavales. Adrián, de 21 años, es de Santiago de Cartes y participa en el botellón porque «lo hace todo el mundo». «Al final -señala-, vas donde van tus amigos, para estar con ellos. Es una forma de pasarlo bien, charlar y beber más y pagar menos que si vas a los bares». Él es de los que echa a correr si viene la Policía, aunque dice que no provoca incidentes: «Los que buscan movida son unos pocos, los de siempre».

Carlos, de 19 años, de Torrelavega, también está en el parque y asegura que la gran mayoría no se mete en líos. Respecto a las miles de bolsas y botellas que dejan tiradas, afirma que «las papeleras se llenan rápido y no hay donde echarlas».

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