«La cercanía del pequeño comercio sigue siendo imposible de igualar»

Julián Crespo Ansorena, propietario de la librería Virgen Grande

José Ignacio Arminio
JOSÉ IGNACIO ARMINIOTorrelavega

Su fervor por la Virgen Grande le llevó a aprovechar esta semana las fiestas de La Patrona para celebrar con sus clientes y amigos el 25 aniversario de la librería que regenta junto a su mujer, Mercedes, en la calle Augusto González Linares. Desde su negocio ha visto pasar la vida durante este cuarto de siglo, con «sus altos y bajos», pero dice que los tiempos no cambian tanto como parece y que el pequeño comercio tiene futuro porque su cercanía al cliente sigue siendo «imposible de igualar». Lo que sí le preocupa es la pérdida de valores en la sociedad, que está llevando a la gente a «la desesperanza y la desmotivación».

-¿Cómo ha vivido estos 25 años a pie de calle?

-Han pasado muy rápido, pero ha habido que pasarlos. Torrelavega ha tenido sus altos y bajos, pero sigue más o menos igual. Empezamos en lo más alto, después vino un bache a principios de los noventa, más tarde se remontó y con esta última crisis bajamos de nuevo al pozo. Ahora parece que se vuelve a vender como antes.

«Estos 25 años han pasado rápido, pero ha habido que pasarlos, con sus altos y sus bajos»

-¿Hay excesivo pesimismo en el comercio de Torrelavega?

-Yo creo que sí, hay gente que no para de decir que las cosas están muy mal. Pero no es así, lo que pasa es que hay que trabajar. Abren tiendas y bares pensando primero en los días de cierre para descansar, y a esto hay que dedicarle horas. Se ha perdido la capacidad de sacrificio que había antes. Un negocio de este tipo no es una fábrica, hay que trabajar sin mirar el reloj, necesita dedicación.

-Hay gente que piensa que los problemas se resuelven solos.

-Ha sido así toda la vida, gobierne quien gobierne. El primero que tiene que dar un paso al frente es uno mismo. Y eso sirve para el comercio y para la vida en general. El que tiene que intentar solucionar los problemas eres tu, a veces con suerte y otras sin ella, pero esperar sentado no sirve de nada.

-¿Cómo se ve el futuro de la ciudad desde su establecimiento?

-Creo que no vamos a subir mucho más de lo que estamos. Mientras no se incremente la población y los gobernantes piensen como ciudad en lugar de pueblo, poco se puede esperar. Ya no se hacen obras de cierto calado. Sólo hay que leer el periódico para ver que se están ejecutando obras largo tiempo demandadas, pero son aceras y rotondas. La última gran obra que se hizo en Torrelavega fue la estación de autobuses y mira como está. ¿En qué nos hemos quedado?

«Los tiempos no cambian tanto como parece, lo que sí me preocupa es la pérdida de valores»

-Y la ciudad sigue perdiendo población.

-No se puede tener visión de pueblo en una ciudad, porque la gente se nos va a otros municipios. Se va a Cartes, Reocín, Polanco, Bezana... Te pongo un ejemplo: no se construye, no se deja levantar más de tres alturas y los pisos son carísimos. Tratan a Torrelavega como si fuese Santillana del Mar, como si fuese reserva de la biosfera. Así no podemos crecer, nos vamos apagando.

-Pero usted ha logrado mantener una clientela fiel.

-Después de tantos años, tengo numerosos clientes y la mayoría se han convertido en amigos. Los hay que son de hola y adiós, pero muchos son fieles desde el primer día y te cuentan hasta cuándo operan a su mascota o cuándo el nieto se examina. Mucha gente, sobre todo mayor, no tiene a quién contarle sus cosas y recurren a ti, y nosotros estamos encantados.

-¿Cómo está viviendo la revolución de internet?

-Según surgen algunas novedades, parece que se van a comer las anteriores. Cuando salió la televisión parecía que iba a hundir a la radio, pero no fue así. Más bien creo que la bajada de ventas se debe a la falta de dinero. Internet está de moda, parece que se va a comer el papel y hay cierta desmotivación, pero todo volverá a su sitio.

-Muchos achacan también esa desmotivación a la pérdida de valores en la sociedad.

-Sí, sin duda, por eso la desmotivación. Con valores no estaríamos tan desanimados, veríamos el futuro con más optimismo. Si todos tendríamos esa fe, esa esperanza, estaríamos mejor. Sin embargo, sin valores no tenemos a qué agarrarnos y caemos en el vacío. Y la esperanza no la dan los políticos, sean del color que sean, la esperanza es algo que sale de ti.

-¿La sociedad ha cambiado mucho en estos 25 años?

-No, la realidad es que no ha cambiado tanto como parece y pongo como ejemplo a mis clientes. Si hace 25 años un crío compraba gusanitos, hoy compra otras cosas más modernas, pero no dejan de ser golosinas. Y las revistas del corazón siguen siendo parecidas, por mucho que cambien el diseño. Los tiempos no cambian tanto, a pesar de lo que muchos piensan. Lo que sí es preocupante es la pérdida de valores.

-¿Le preocupa la supervivencia del pequeño comercio?

-No, la cercanía al cliente del pequeño comercio es imposible de igualar. Volvemos a lo mismo, los tiempos no cambian tanto. Eso de 'he venido sin dinero, luego te lo pago', 'déjame estas dos revistas que tengo al marido en el coche y luego te las devuelvo'... Eso no se paga con dinero, eso es inigualable.

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