De Siria a Torrelavega

Sandra García, directora del Centro de Inmigrantes de Torrelavega en las instalaciones de Cruz Roja
Sandra García, directora del Centro de Inmigrantes de Torrelavega en las instalaciones de Cruz Roja / Javier Rosendo

Los seis refugiados procedentes de Atenas llegaron anoche a Cantabria, donde iniciarán una nueva etapa tras huir de la guerra en su país

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Llegaron de noche a Madrid. Pasaron numerosos controles de documentación y cenaron con el personal de Cruz Roja que acudió a recogerlos antes de iniciar el viaje en furgoneta para llegar a Torrelavega, donde fueron recibidos, ya de madrugada, en el Centro de Inmigrantes. Este será su nuevo hogar, al menos durante seis meses. Lo que dura la primera fase del programa de integración para solicitantes de protección internacional.

Todos son hombres, jóvenes de entre 22 y 35 años, llevan equipaje escaso y tienen aspecto cansado, no solo por el viaje. Nadie diría que están huyendo, intentando salvar su vida de horrores que desde esta parte del mundo nos cuesta imaginar, aunque, como dice la directora del centro, Sandra García, «podríamos ser cualquiera de nosotros».

Ninguno de los seis hombres asignados a Torrelavega se conocía entre sí. Tampoco a las familias que habían llegado antes. Han huido de Siria y Palestina por diferentes puntos -por donde han podido, básicamente-. Unos hace dos o tres años -lo que ella define como «hace poco»- y otros al comienzo del conflicto. Alguno ha pasado por Turquía antes de llegar a Atenas.

Tras el aterrizaje en Barajas, pasaron varias horas cumpliendo el protocolo de entrada al país a cargo de la Policía Nacional. Se les tomaron huellas y datos personales. Un trámite que se alargó al tratarse de más de 150 personas. Hoy podrán descansar y tendrán una reunión inicial con el equipo multidisciplinar del Centro de Inmigrantes de Torrelavega. Trabajadoras sociales, educadoras y mediadores que hablan árabe e inglés, les explicarán los pasos a seguir y les acompañarán día a día en ese proceso de adaptación.

Ahora empieza otra travesía

Lo primero será solicitar asilo. Una gestión que solía ser rápida pero que ahora tarda entre uno y dos meses en completarse, debido a la mayor afluencia de ciudadanos. En el año 2014 hubo en torno a 5.000 solicitudes. Dos años después, esa cifra superó las 17.000 personas. Las plazas de Cruz Roja han crecido en proporción; de 400 a unas 2.500 en toda España. En el caso de Cantabria, de 50 a 76, un cupo que se completará el próximo mes de septiembre con la disposición de dos pisos más.

La llegada de personas depende de esas plazas: ACNUR pasa al Gobierno de España un listado de personas que cree que pueden encajar en los diversos destinos. El Ministerio de Empleo les hace una entrevista para certificar la idoneidad y una vez que llegan a España se les distribuye por los diversos centros según la disponibilidad. «Hemos recibido más peticiones de acogida pero no había hueco en ese momento», dice Sandra García. A pesar de las declaraciones de Ramón Ruiz, consejero de Educación, señalando que «Cantabria está preparada para recibir más refugiados» y las críticas de la oposición por no ser suficientes, no es una cuestión de interés ni compromiso político, sino de algo más pragmático: espacio.

Durante el próximo semestre, los seis refugiados tendrán que asistir a clases de idioma y de cultura. Realizarán tareas comunitarias en el centro, puesto que aún no tendrán permiso de trabajo. «Muchos tienen carreras y experiencia profesional, pero que puedan ejercer aquí es complicado por cuestiones de homologación», señala García. Pone como ejemplo a los ciudadanos de Siria que se formaron en la Universidad de Aleppo. «Tuvimos una familia en la que el padre era catedrático pero, ¿cómo completamos la documentación si la propia universidad ya no existe?»

La fotografía que dibuja la responsable del centro es cruda y realista. Cuando la guerra llega, los ciudadanos salen huyendo. Salvar la vida es la prioridad y eso supone, en muchos casos, la ruptura de las familias. Ninguno de los seis hombres recién recibidos en Cantabria tiene familia en Cantabria o España, aunque alguno de ellos sí que tiene allegados en Europa. Si quisieran salir del centro y reencontrarse con ellos, podrían hacerlo, pero perderían las ayudas y programas de formación que facilita Cruz Roja.

La UE cuenta con un programa de reunificación de familias que lleva más tiempo -puede prolongarse hasta un año- y que en Cruz Roja han aplicado sobre todo con países africanos. «Hemos tenido un par de casos como consecuencia de la guerra en Costa de Marfil», dice Sandra García, aunque indica que no es lo habitual, porque quienes llegan a un destino tratan de iniciar su nueva vida en ese lugar. Primero cerrar heridas y recuperarse. Más tarde, vivir.

Fotos

Vídeos