Los vecinos de La Inmobiliaria dicen que el barrio está «muy sucio y abandonado»

Los vecinos de La Inmobiliaria dicen que el barrio está «muy sucio y abandonado»
Luis Palomeque

La falta de luz en las calles y de limpieza en zonas verdes son algunas de las principales quejas de ciudadanos y comerciantes

David Carrera
DAVID CARRERATorrelavega

Meados, restos de botellón, papeleras llenas y sobre todo «mucha oscuridad» y falta de luz en las calles protagonizan las quejas vecinales en el barrio de La Inmobiliaria. A ello se unen las de los comerciantes que dicen sentirse «abandonados» por parte del Ayuntamiento.

María Luisa, una vecina de la calle Ceferino Calderón, dice que no entiende como hay gente que «mea por todos los lados, les da igual en los portales de las casas, en esquinas, paredes, papeleras, contenedores, en la misma iglesia, junto a las tiendas y también nos adornan las calles con restos de botellas y latas de cerveza». Dice que lleva viviendo en este barrio «desde que nací, allá por el 66, pero como algunos dicen: si no te gusta vete a vivir a otro sitio, vamos que van a tener razón y vamos a dejar nuestras casas como muchos vecinos que se han ido. Estamos hartos de aguantar esta situación». El presidente de la asociación de vecinos, Gonzalo Llamosas, reconoce que «cada vez son más los ciudadanos que me dicen que el barrio está abandonado y que desde el Ayuntamiento no nos hacen ni casa, como si fuéramos ciudadanos de segunda».

A estas quejas también se unen algunos de los comerciantes de la zona, como Aida, del bar Los Alpes, que recuerda que «hemos estado casi cinco meses con varias farolas fundidas a la puerta de los negocios». Esta hostelera se pregunta: «¿Quién va a venir aquí?, con las calles casi a oscuras y lleno de mierda». Una situación que según explica tiene reflejo en el comercio de la zona. «No tienes más que darte un paseo para ver que cada vez son más los negocios que se ven obligados a echar el cierre por la crisis y porque ya no viene gente», agrega.

Aida resalta que las obras de peatonalización y semipeatonalización y el cambio de dirección del tráfico en algunas calles del barrio «ha hecho mucho daño al comercio», por no hablar «de las luces, que nos las cambiaron con las obras del Plan Urban y nos pusieron esas farolas pequeñitas que apenas dan luz en la calle, sobre todo en esta calle, en Ceferino Calderón. Ahora que las han repuesto tras estar varios meses fundidas, han instalado otro tipo de bombillas que dan mucha más claridad, la diferencia es abismal».

Luis Palomeque

«Da pena ver las calles»

En una tienda de alimentación cercana consideran que la falta de iluminación provoca sensación de inseguridad entre vecinos y visitantes, a lo que añade que «muchas veces tenemos que limpiar nosotros la calle porque está sucia». Estos comerciantes no entienden «¿para qué pagamos un recibo de basuras de 80 euros si tenemos que limpiar nosotros la porquería?». Otra vecina del barrio Rocío señala que le da «verdadera pena ver la suciedad de algunas calles, no sé dónde ha quedado la limpieza de las calles con agua para quitar todos los orines y demás regalos que nos encontramos a diario. Lo del entorno de la iglesia de la Asunción y del centro cívico Lázaro Baruque es mención aparte».

Enumerando las calles del barrio, comienzan por la campa de la iglesia por el estado en el que está «con jardines abandonados y restos de basura». También denuncian que hay parterres en estado «calamitoso» y falta de desagües para que no se formen lagunas cuando llueve, y sujetar las baldosas huecas y sustituir las rotas algunos viales. En la zona más próxima a la rotonda del 'donuts' también hay baldosas rotas y huecas, como ocurre en Juan XXIII «con grandes agujeros», aseguran desde el colectivo vecinal, que se sienten impotentes ante la pasividad de la administración local.

«¿Para qué pagamos un recibo de basuras de 80 euros si tenemos que limpiar nosotros la porquería?»

Las numerosas pintadas en las paredes, las aceras deterioradas, la falta de iluminación, la poca vigilancia policial y, sobre todo, la escasez de medios son algunas de las reivindicaciones de un barrio que sufre constantes actos vandálicos, según las quejas constantes de vecinos y comerciantes. Frente al «glamour» del centro, los vecinos de La Inmobiliaria se sienten «abandonados» por el equipo de gobierno y denuncian que la periferia ha sido «olvidada». A los desperfectos causados por los vándalos se suman las deficiencias que a lo largo de los años ha ido acumulando el barrio, poblado por unos 8.000 habitantes.

Luis Palomeque

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