La ganadería La Isla, de Renedo de Piélagos, tenía en el año 2000 una de las vacas frisonas más hermosas de Europa. 'Herbogile', que así se llamaba el animal, quedó subcampeona en la Feria de Ganado Frisón, que se celebra en Bruselas, la más importante del continente. Pero además estabulaba muchos otros ejemplares premiados. Era La Isla una de las mejores ganaderías de Cantabria. Hoy es historia.
En 2007, la Consejería de Ganadería ordenó el vacío sanitario de la explotación. Sus propietarios tuvieron que sacrificar 275 reses de una tacada. La tuberculosis, esa enfermedad que tanto daño ha hecho a la ganadería de Cantabria, se apoderó del establo, según la Consejería de Ganadería.
Los propietarios de la cuadra no estaban conformes con esos resultados y realizaros sus propios análisis en la Facultad Veterinaria de León, aun a sabiendas de que serían sancionados. Y las vacas, efectivamente, no tenían tuberculosis sino paratuberculosis, una enfermedad no contagiosa para el hombre, al contrario que la primera.
El viacrucis de La Isla comenzó en 2005, cuando el Gobierno regional había centrado todos sus esfuerzos en la erradicación de la tuberculosis. En mayo funcionarios de Ganadería se presentaron en la estabulación y tomaron muestras de sangre de las vacas frisonas. Dos dieron positivo y dos días después fueron sacrificadas. Personas próximas a la cabaña cuentan que la cuadra fue inmovilizada durante dos años por riesgo sanitario. «No podíamos comprar vacas ni vender. Cada dos meses venían a realizar análisis y en este periodo fueron sacrificadas 44 reses. Fue una agonía permanente», relata la fuente.
Después, Ganadería ordenó el vaciado de la explotación y el sacrificio de los 275 animales que quedaban. La explotación, que vendía una media de 6.000 litros de leche al día, cesó. Las siete personas que trabajaban en ella quedaron en paro.
El productor, disconforme con los resultados de los test, había realizado sus propios análisis en la Facultad de Veterinaria de León, que confirmaron sus sospechas. No era tuberculosis sino paratuberculosis, una enfermedad no contagiosa. Pero fue sancionado por ello, porque la normativa regional prohibe el contraanálisis.
La multa trajo como consecuencia que Ganadería le negara la indemnización correspondiente por el sacrificio de las reses. Y tampoco le pagó su seguro privado, porque la consejería no extendió el documento acreditativo del sacrificio. El propietario tuvo que pleitear para que sus derechos fueran reconocidos. Finalmente, la Administración le indemnizó, y también el seguro. Cobró en total 367.400 euros.