La última decisión del TSJC ha significado una bofetada más en la cara de los vecinos. Desde que la sentencia que ordenaba el derribo de sus viviendas vio la luz no han recibido ni una sola buena noticia. Todas han sido malas. Pésimas. Que si el juez ordena tirar su casa, que si el juez desoye sus súplicas, que si el derribo es inminente, que si los responsables no dan la cara...
Viven indignados. «Estoy harta. Lo que pasa en Cantabria no pasa en el resto de España», comenta Concepción, una vecina de la Urbanización Cerrias I que confiesa que se encuentra «hasta las narices de que jueces que se creen dioses hagan con nosotros lo que quieren», y también de la situación personal que atraviesa, un devenir provocado, dice, por «un acuerdo político que viene de arriba». Y se pregunta: «¿Por qué los jueces han hecho la vista gorda con lo del Corte Inglés y no lo hacen con esto?».
Ha pasado una mala noche. Otra de tantas desde que supo que su casa podría convertirse en escombros. Pero recibe en su propiedad, como de costumbre, a dos de sus amigas, vecinas también de Cerrias. Las tres, que conocieron ayer la decisión de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) a través de su abogado, conversan sobre el asunto y coinciden: «No acatamos ni respetamos la sentencia».
Para Cristina, el varapalo ha sido de tal calibre, que no tiene reparo en decir a sus amigas que está conteniendo las lágrimas, porque para ella, lo peor de la jornada ha sido explicar a su familia cómo se siente.
Consuelo, sin embargo, diluye el drama poniendo las esperanzas en la reunión de hoy viernes. «Voy a votar a favor de presentar denuncias contra ciertas licencias concedidas en Cantabria de forma ilegal. No queremos que otra gente pase por lo que estamos pasando pero aquí o todos moros o todos cristianos. A ver que hace la Justicia cuando tenga que cargarse medio Cantabria». Y también, dice, apoyará a sus convecinos para querellarse por la vía penal contra los políticos.
Necesidad de ayuda
Mientras tanto, Enrique, otro de los afectados por el último auto del TSJC, está entretenido en su quehacer diario.
La costumbre de recibir malas noticias -dice- aminora el dolor, aunque no por ello la indignación disminuya, sino todo lo contrario. «Esto es la hostia». Por otro lado, no entiende «cómo un tribunal se empeña en la crueldad con la que está llevando nuestro caso. ¿Cómo es posible que no piensen en ayudarnos?».
Para él, como para el resto de vecinos que viven en las urbanizaciones de Cerrias, ahora ya sólo puede poner las miras en Estrasburgo, donde el Tribunal de Derechos Humanos aún tiene que pronunciarse. «Aunque cuando llegue su decisión, Cerrias estará ya se sabe dónde», dice.
En definitiva, que en estas urbanizaciones de Liencres no amanece. Al contrario. El paso de los días sólo hace que allí sea cada vez más de noche.