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Ikramullah y sus cuatro mujeres

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Ikramullah y sus cuatro mujeres

06.03.10 - 00:08 -
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Dos docenas de zapatos se amontonan en la puerta de la casa de Ikramullah Ashaari, un musulmán de Malasia de 43 años que no sólo cumple la costumbre de descalzarse antes de entrar en su hogar, sino también la de mantener varias esposas. Son Juhaidah, Kartini, Rohaya y Rubaizah, cuatro mujeres - el máximo permitido por la ley en este país del sureste asiático - con edades comprendidas entre los 41 y los 30 años, con las que ha tenido 17 hijos de entre 21 y 7 años. De ellos, cuatro se han casado ya y uno hasta le ha dado un nieto, aumentando aún más una familia no ya numerosa, sino multitudinaria, cuyos zapatos colapsan la entrada a su casa cada vez que se reúne al completo.
Pero para Ikramullah no supone ningún récord, sino algo habitual, ya que es el sexto de 38 hermanos y su padre, que también tiene cuatro esposas a sus 72 años, ha visto nacer a unos 200 nietos y 12 bisnietos. De hecho, Ikramullah ni siquiera es el más prolífico de la estirpe, porque uno de sus hermanos ha concebido 33 vástagos con sus cuatro esposas, mientras que sus dos hermanas mayores, casadas también con un polígamo, han alumbrado 14 y 13 hijos. Y eso que aún quedan por contraer matrimonio 14 de sus 37 hermanos, que tienen entre 47 y 14 años. «El mes pasado se casó uno con dos mujeres al mismo tiempo», explica Ikramullah con una orgullosa sonrisa de oreja a oreja.
Desde hace tres décadas, su progenitor, el gurú religioso Abuya Ashaari Muhammad, viene promoviendo la poligamia en Malasia porque está permitida por el islam y la practicaba el profeta Mahoma.
Una empresa 'familiar'
Abuya dirige una secta con 300 miembros varones y sus 700 mujeres bajo la forma de la compañía Global Ikhwan, que cuenta con más de un millar de sucursales repartidas por todo el mundo en 14 tipos de negocios, desde hoteles hasta restaurantes y supermercados, pasando por publicaciones islámicas y productos de alimentación. De origen humilde, Abuya, que en malayo significa 'padre', ha levantado un imperio religioso y económico a pesar de que el Gobierno prohibió sus actividades a mediados de los 90. En su conglomerado empresarial, que incluye escuelas, clínicas y hasta departamentos de avituallamiento, vivienda y cultura para las familias polígamas, trabajan todos sus hijos.
«Queremos cambiar la imagen negativa de la poligamia que se tiene no sólo en Occidente, sino también en países musulmanes como Malasia, donde el 5% de los matrimonios están compuestos por varias mujeres y lo mantienen en secreto», indica Rohaya, la esposa número 3 de Ikramullah.
Tras regresar de cursar sus estudios islámicos en Pakistán, éste se casó con 22 años con su primera esposa, Juhaidah, en un matrimonio concertado por su padre. La mujer, que entonces contaba 20 años, era alumna del gurú Abuya y, según reconoce, «no tuve ninguna duda porque para mí era un honor contraer matrimonio con uno de sus hijos».
Por su parte, Ikramullah destaca que «Abuya no es sólo mi progenitor, sino también mi maestro y mi guía espiritual, así que hice lo que me dijo porque él sabía lo mejor para mí». Lo mismo ocurrió al cabo de cinco años, cuando se casó con Kartini, una abogada que también le presentó su padre y se convirtió en la esposa número 2.
«Cada una le da algo»
«Tuve que prepararme para admitirlo y renunciar a mi instinto de posesión o a los celos», admite su primera mujer, quien fue aleccionada por el gurú Abuya. Imbuidas de su filosofía, fueron las propias esposas las que le propusieron a Ikramullah que se casara con su amiga Rohaya, doctora de profesión, cuando ésta se quedó sola y con siete hijos tras divorciarse de su marido. «Al principio me sorprendió mucho, pero luego vi que era mi ángel salvador y las otras esposas se convirtieron en mis hermanas», se congratula Rohaya, quien no duda en afirmar que «por su naturaleza, los hombres necesitan varias mujeres».
Tras ella vino Rubaizah, una profesora de árabe de 30 años que está aportando ahora la juventud que Ikramullah precisa para seguir procreando. «Cada una le da algo distinto y, a cambio, lo compartimos. Él pasa una noche con una y la siguiente con otra, pero nunca con dos a la vez», desgrana Rohaya, quien insiste en que «la poligamia puede funcionar si se sigue la palabra de Alá».
¿Y qué pasa, entonces, con el amor? La segunda esposa lo tiene claro: «Surge después de la boda, no antes». Hasta hace poco tiempo, las cuatro mujeres vivían juntas en un lujoso chalé de Putrajaya, una especie de Brasilia asiática construida por el Gobierno de Malasia para descongestionar la capital, Kuala Lumpur, de las labores administrativas. Aquí residen ahora la primera y segunda esposa, amas de casa que cuidan a los niños de las otras como si fueran sus propios hijos, mientras que la tercera y cuarta mujer tienen sus propios domicilios para poder ir cada día más fácilmente a sus trabajos.
«Pero nos reunimos, al menos, una vez a la semana porque somos una gran familia, aunque algo más numerosa de lo habitual», estalla entre risas Rohaya junto a las otras mujeres de su querido, y polígamo, marido.
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Ikramullah Ashaari, con sus cuatro esposas. Arriba, la puerta de su casa. :: PABLO M. DÍEZ

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