Los árboles estadísticos del suicidio, incluida su reciente comparación con una realidad tan ajena como los accidentes de tráfico, no dejan ver el bosque de la prevención. Primero, porque las simples cifras son imprecisas (los especialistas resumen la situación española con la imagen intermedia del 'semáforo en naranja'), y no dan suficiente idea de un problema tan complejo y multicausal. Y segundo, porque ni siquiera el conocimiento de sus múltiples factores de riesgo (enfermedad mental, edad avanzada, abuso juvenil de sustancias tóxicas, conflictos personales) basta para 'predecirlo' y evitarlo.
Pero esto no quiere decir que la «muy difícil prevención» no sea posible, ni que deba renunciarse a «identificar hacia dónde dirigir los esfuerzos» sanitarios para conseguirla. Así quedó de manifiesto ayer en la jornada 'La conducta suicida' organizada por tres sociedades científicas de psiquiatría, en la que se reclamó un Programa Nacional de Prevención y se apuntaron cimientos claves en donde apoyarlo, como la detección del riesgo en Atención Primaria y su seguimiento en Salud Mental, sobre todo tras un intento de quitarse la vida.
Dada la relevancia de los trastornos mentales en el trasfondo del suicidio (en hasta un 90% de casos se dejan ver depresiones mayores, problemas por abusos tóxicos o trastornos de personalidad), la actuación en ese ámbito sanitario puede ser fundamental para atajarlo. Y aunque es cierto, como coincidieron la especialista asturiana Pilar Sáiz y el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Jerónimo Saiz, que «la atención y los dispositivos de Salud Mental han mejorado en los últimos años», también lo es, como denunció el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, Julio Bobes, que España «no está cumpliendo la Estrategia Europea de Helsinki-2005» que acordó duplicar el presupuesto para salud mental en este 2010 y dedicó un apartado a la prevención de conductas suicidas.
«Hay margen para la actuación y la prevención», recalcó el psiquiatra José Luis Ayuso a partir de un estudio de 2008 en cuatro hospitales madrileños. Por ejemplo, mejorando el seguimiento médico de esas tentativas suicidas, ya que, tres meses después de haber recibido el alta, apenas el 20% de sus protagonistas cumplieron la recomendación de acudir al especialista de salud mental.
Alto precio
La necesidad preventiva se justifica por la pérdida de vidas (3.421 en España en 2008 y un millón en el mundo) y por los costes económicos (2,3% del gasto total por enfermedades), pero también por el intangible alto precio del sufrimiento en torno a la víctima. Y esa terrible factura exige un enfoque múltiple para atajar el problema que, según Pilar Sáiz, pasa por «programas psicoeducativos para médicos generalistas» y por campañas de sensibilización a asociaciones de pacientes, población general y un grupo heterogéneo de «cuidadores» que puedan entrar en contacto con personas en riesgo de suicidio .