En el colegio público Vital Alsar hay demasiado eco. La mayoría de sus clases están vacías y sólo dos profesoras se bastan para atender a los 18 estudiantes que tiene el centro. La falta de alumnos lo situó en enero en la lista negra de colegios que podrían cerrar en caso de no conseguir suficientes matrículas para el próximo curso, y todo parecía apuntar que las pocas persianas que aún se mantienen abiertas en el Vital Alsar acabarían cayendo para siempre. Pero eso ya no va a suceder porque tres meses después de aquella advertencia se ha obrado el milagro.
La supervivencia del centro está asegurada ya que tiene 38 solicitudes de matrícula (hoy, día 14, se cierra el plazo). Detrás de este resurgir educativo hay un movimiento social: '¡A volar!' . Dicen que no tienen la sensación de «salvar al colegio», pero a través de una página web que ya ha registrado la entrada de 27.000 usuarios, animan a matricularse en el Vital Alsar, al tiempo que proponen una reflexión sobre el método educativo. El colectivo, formado por padres, madres, profesores y personas de diversos ámbitos sociales, ha redactado un manifiesto en el que abogan por una pedagogía más cercana al niño, más participativo con las familias, y en el que el proceso de aprendizaje se base en experiencias sobre el terreno. Estos son los pilares sobre los que se sostienen los principios de '¡A Volar!', que han dado la vuelta a Cantabria, con la oposición de los sindicatos CC OO y STEC, que arremetieron contra la Consejería, a la que acusaron de externalizar la gestión del centro, lo que Educación negó en todo momento.
El primer paso fue, a través de Internet y el boca a boca, convocar una reunión en la que un grupo de más de cien desconocidos se juntaron «para reflexionar sobre la educación que queríamos para nuestros hijos», explica Marcos García, padre de dos niños de 3 y 7 años. «El micrófono fue pasando de desconocido en desconocido, nos fuimos presentando y vimos que coincidíamos en un proyecto educativo diferente que respetara más a los niños, sus emociones, su ritmo individual». «No queremos inventar nada nuevo», dice, «sino fijarnos en lo que estaban haciendo en otros colegios públicos de España en los que la docencia es mucho más participativa, incluso para los padres, que colaboran con los profesores y elaborar proyectos comunes».
Otros ejemplos en España
Estos colegios son el 'Amara Berri' de San Sebastián, o el Ítaca, de Manresa. «No criticamos a los colegios que practican una enseñanza tradicional sino que prestamos atención a estos colegios porque nos resultan innovadores», dice Carmen Lamadrid. En el centro guipuzcoano, por ejemplo, los alumnos no siguen un libro de texto para estudiar matemáticas sino que aprenden el sistema métrico como responsables de una tienda ficticia, o conceden créditos como responsables de un banco. La clase de lengua consiste en escribir en un periódico ya que «no sólo se trata de enseñarles el 'mi mamá me mima' sino hacerlo con una experiencia que les motive a aprender a escribir». Y todo ello, cumpliendo las competencias curriculares que exige la Ley Orgánica de Educación.
El centro de San Sebastián instauró este método en 1979, y a día de hoy cuenta con más de mil estudiantes en sus aulas. «Es algo más vivencial que estar sentado en el pupitre», explica Lamadrid, madre de dos niños de 3 y 5 años, y que están inscritos en el Vital Alsar. Utilizar el «magnífico entorno del colegio, cambiar de ubicación los pupitres, mezclar en una misma aula niños de tres, cuatro y cinco años son algunas de las ideas que proponen.
Los principios de la innovación didáctica que ha desarrollado el colectivo '¡A volar!' están reflejados en un Manifiesto que firmaron el pasado mes de diciembre más de 1.200 personas en el que «reivindican nuestro derecho a elegir la educación que queremos para nuestros hijos a través de un centro público que desarrolle el espíritu más progresista de la Ley». «Lo que hemos hecho es hablar de educación, soñar, intercambiar información, y no sólo familias con hijos sino también gente de la calle interesada en la iniciativa», dice García. De la comunión de sus intereses se perfiló un ideario didáctico que apuesta porque el «aprendizaje sea más natural, desde la propia iniciativa y experimentación de los niños y no a través de una mera transmisión de conocimientos». «Queremos que nuestros hijos lleguen a casa con barro y pintura en su ropa», dicen.
Con el consejo escolar
Este manifiesto, plasmado en el blog proyectoavolar.wordpress.com, «no es un proyecto educativo, sólo son ideas y no sabemos si se va a desarrollar», explican. Porque esa asignatura la tendrá que abordar el futuro consejo escolar del colegio público, que se creará con los padres y profesores que entren a formar parte del mismo el próximo mes de septiembre. Tanto la profesora como la directora del centro han pedido el traslado y, por ahora, la Consejería de Educación ya ha elegido un director que tome las riendas de un renovado Vital Alsar. «La Consejería ha nombrado a un director que tiene unos principios pedagógicos interesantes para dinamizar el centro, que tenía pocos alumnos, como se ha hecho en el Cisneros, Magallanes o Arce Bodega mediante proyectos de innovación y de organización pedagógica», explican desde Educación. El elegido es Fernando Diego, que apuesta porque la enseñanza en el Vital Alsar sea «un ejemplo de participación ciudadana en el que maestros y familias pensemos sobre educación».
El desarrollo de las ideas que emanan de '¡A volar!' quedarán, por tanto, a disposición del futuro consejo escolar del centro. De las 38 nuevas solicitudes, sólo la mitad es de familias que han participado en el colectivo. El resto son familias que han decidido unirse a una nueva etapa del Vital Alsar. Esto unido al profesorado que se una al periplo del centro creará un nuevo escenario de debate en el que se desarrollará el verdadero proyecto educativo que llevará a cabo el colegio de Cueto.