«Los primeros meses en la cárcel pensaba que iba a salir en dos semanas como máximo, pero cada vez me venían nuevas malas noticias. Ahora he cambiado mi manera de pensar...». La resignación que habla es la voz de Free Bronkhorst, que en una exclusiva para EL DIARIO MONTAÑÉS narra en primera persona su experiencia desde el interior de la cárcel de Cancún, donde permanece preso desde el 16 de octubre.
En prisión sin fianza, sin posibilidad de defenderse hasta que se convoque el juicio que no tiene fecha (ni tiene visos de tenerla), Free se aferra a la tenacidad para soportar el tedio de no saber cuándo puede terminar el cautiverio que comenzó con una pelea nocturna con un grupo de jóvenes mexicanos. Uno de ellos, Iván Ferrat Mancera, resultó herido, y su denuncia colocó al holandés, hijo de una torrelaveguense, entre rejas.
«Últimamente he estado bastante bien, he cambiado mi manera de pensar. Sé que el proceso puede tardar otro año y estoy preparado para esto. Si por alguna casualidad salgo antes sería estupendo, pero no cuento en ello. Mientras, me hago el fuerte para no preocupar a mi familia, que ya está sufriendo mucho por esto», reconoce el joven.
Tanto su madre, Ana Fernández Villaplana, como su tía Dolores, y su padre Maarten Bronkhorst, están urdiendo todo tipo de estrategias para movilizar a la diplomacia española y holandesa para que medien en el estancado proceso judicial abierto contra el joven, que sobrevive como puede en el penal mexicano: «Dentro de la cárcel intento no meterme en líos, aunque a veces se me hace difícil con los tipos que andan por aquí. Mi preocupación más grande es lo que voy a comer: lo que dan aquí no se lo daría ni a mi perro. Menos mal que las visitas te puede traer comida de fuera, pero no recibo muchas porque no conozco mucha gente aquí. Yo vivía en Tulum, que está a cuatro horas, y los que conozco trabajan seis días a la semana».
Su familia está intentando por todos los medios que el juez que lleva el caso del holandés acepte como prueba un vídeo de la cámara de seguridad del centro comercial donde se produjo la agresión y que recoge todo el suceso. Las imágenes, cotejadas por peritos, muestran cómo el agredido es Free, y no su denunciante, Iván Ferrat Mancera, el hermano de un diputado del Partido Verde. Por ello sostiene que «a Iván no le podría confrontar después de lo que me ha hecho. No sólo porque me atacó cobardemente por nada, sino porque después también me ha quitado todo lo que tenía: mi trabajo, mi dinero, mi país. Menos mal que tengo a mi familia y mis amigos». La esperanza ahora reside en la carta que su madre hizo llegar al presidente mexicano, este fin de semana en la cumbre de Comillas: «Mis padres han intentado hacer todo lo posible, no nos damos por vencidos. Ahora le toca al presidente. No se si va ayudar, pero por lo menos se puede intentar».
Enamorado del país azteca, vivió y trabajó casi dos años como gerente de un pequeño hotel en la playa de Tulum: «Fueron los mejores años de mi vida, pero ahora me doy cuenta de que vivía en una burbuja. No me daba cuenta de lo que pasaba alrededor, en el verdadero México. Tulum es precioso pero tengo mucho miedo de que se convierta en otro Cancún en poco tiempo».