Benyamin Netanyahu se ahorró ayer una visita a la Casa Blanca, donde tanto dice que le humillaron la última vez que estuvo. Vía telefónica canceló su cita con Barack Obama desde Canadá durante una conversación de quince minutos en la que el presidente de Estados Unidos dijo entender su decisión de volver con celeridad a Israel, pero le pidió también una investigación rápida de los acontecimientos.
El comunicado de la Casa Blanca lamentaba la pérdida de vidas humanas, pero quedaba muy lejos de condenar por ello a Israel, e incluso destacaba que algunos heridos están siendo tratados en hospitales hebreos. «El presidente también expresa la importancia de conocer todos los hechos y circunstancias en torno a los trágicos eventos de esta mañana tan pronto como sea posible», terminaba el documento. En esta misma línea de permisividad, el representante norteamericano que asistió ayer a la reunión de urgencia convocada por el Consejo de Seguridad aprovechó su intervención para criticar a quienes intentan saltarse los «mecanismos eficaces que existen para transportar ayuda humanitaria sin provocaciones ni confrontaciones». No se escuchó de su boca ninguna condena a Israel pero sí a Hamás, cuya «interferencia con la ayuda internacional complica la situación», criticó. Para el portavoz estadounidense, este incidente agudiza la necesidad de acelerar las conversaciones de paz, que es lo que pretendía Obama al invitar a Netanyahu esta semana a la Casa Blanca y a Mahmud Abbas la que viene.
Día festivo
Se desconoce si el líder palestino mantendrá esta visita en su agenda tras la cancelación de Netanyahu.
El primer ministro israelí expresó su pesar por las víctimas que ha dejado el asalto de efectivos de la Marina hebrea a uno de los seis barcos que integraban la flotilla solidaria con ayuda humanitaria para la Franja de Gaza pero defendió su actuación, asegurando que si no se hubieran defendido habrían muerto ya que fueron «atacados deliberadamente». En declaraciones desde Ottawa, donde se encuentra de visita oficial y hoy se vio con el primer ministro canadiense, Stephen Harper, Netanyahu quiso aclarar lo ocurrido y hacer hincapié en el hecho de que «Israel tiene un gran problema de seguridad» como consecuencia de la presencia de Hamás en la Franja de Gaza, movimiento al que acusó de estar acumulando «miles de cohetes» para dispararlos contra territorio israelí.
Por ello, el Gobierno israelí tiene como política el permitir la entrada en el territorio de «todos los bienes humanitarios y pacíficos, como alimentos y medicinas», y evitar la entrada de «cohetes, misiles, explosivos y materiales de guerra».
En la ONU, que fue reabierta para la ocasión, casi todos los delegados de los quince miembros del Consejo de Seguridad condenaron enérgicamente a Israel y pidieron que cumpla inmediatamente con la resolución 1860, que desde hace casi año y medio ordena el levantamiento del bloqueo a Gaza. Destacó la indignación de Brasil y China. El primero recalcó que no había justificación para el abordaje hebreo al encontrarse la flotilla en aguas internacionales, y el segundo dijo estar dispuesto a apoyar acciones del Consejo de Seguridad.