Ardi tiene lo que los franceses llaman 'de l'allure', esa elegancia innata que desprende cuando agarra el cigarro entre sus recién estrenados dientes, al estilo de Winston Churchill cuando sujetaba el puro mientras contemplaba el cruce del Rhin de las tropas aliadas, contumaz, victorioso, seguro de sí mismo. Es un fumador con clase, como si hubiera visto ya la displicente suficiencia con la que Bogart sostenía el cigarro en 'Casablanca', con el hilo de aire blanco acariciándole los dedos en láminas antes de disolverse en la atmósfera estática del Rick's Café. El niño podría ser una estrella de Hollywood de las de antes, cuando las tabacaleras pagaban a los actores por fumar en pantalla, si no fuera porque realmente Ardi Rizal no es más que un niño 'yonki' de la nicotina en Indonesia, víctima de un mundo que no alcanza a entender.
En eso no está solo. Nadie en el mundo se ha explicado aún la irresponsabilidad de su padre, Mohammed, que le ofreció su primer pito cuando tenía 18 meses. Ahora, la criatura se mete al día dos paquetes entre pecho y espalda, como una curiosa celebración del Día Mundial sin Tabaco, que se conmemoró ayer.
Es muy joven. Dos años. Hasta viste pañales, con lo que no sabe cuándo tiene que ir al baño, pero sí cuándo le falta un cigarro... y al cabo del día se fuma unos cuatro por hora en su horario infantil. ¿Por qué se lo dan? Nadie ha encontrado una respuesta a la pregunta. No hay lógica en esta historia. A su madre, Mum Diana, le falta todo el carácter que tiene el pequeño Ardi en sus rabietas. «Es adicto al tabaco. Si no se lo damos, se enfada y grita, golpeando la cabeza contra la pared y dice que se siente enfermo».
El niño quiere comida, mucha comida, su triciclo y tabaco rubio para hacer aros en el aire, como si fuera un intelectual maldito o el dictador de una república bananera. Nada se sabe de sus amigos, ni del resto de sus juegos, aunque todos se hacen una idea de la catadura del padre que le ve «perfectamente sano» y no advierte problema alguno en el chaval. A nadie le ha hecho la misma gracia ver el vídeo del pequeño Ardi, que ha durado en Youtube lo que un caramelo en la puerta de un colegio.