El director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss Kahn, salió como el presidente del Gobierno esperaba. El político francés, ministro de Finanzas socialista entre 1997 y 1999, se empleó a fondo para lanzar un mensaje de confianza en la economía española, que esta semana ha sido víctima de persistentes rumores sobre su solvencia. El suyo fue un mensaje dirigido al mercado exterior, pero también al interior. «Aunque siempre se puedan mejorar, las medidas adoptadas son decisivas y cruciales, y si se ponen en marcha, se aplican bien y la gente las entiende -pronosticó- el crecimiento se recuperará rápidamente».
En apenas diez minutos -el tiempo que se tomó para responder a la pregunta que le realizaron durante una rueda de prensa conjunta en La Moncloa- Strauss Kahn hizo lo que los propios socialistas echan a faltar en su Gobierno: un relato coherente y ordenado de los acontecimientos padecidos a lo largo de la crisis por los países europeos pero también por España. Primero rebatió que la intervención pública, los llamados estímulos fiscales, sean causantes del endeudamiento en el que se ha incurrido a lo largo de los dos últimos años. Según aseguró, el ratio medio de la deuda en los países desarrollados ha aumentado desde que estalló la crisis un 40% y de él «sólo el 4% es atribuible a los paquetes de estímulo».
El responsable del FMI adujo que ha sido la crisis en sí -la caída de los ingresos, el incremento del gasto en ayuda social, los rescates al sector financiero- lo que ha colocado a algunos países en una situación complicada. Y en todo caso, subrayó que en este terreno hay distintos niveles: el de Grecia; el de países como Francia y Alemania y el de España que, a pesar de haber aumentado, sigue teniendo uno de los cocientes de deuda respecto al Producto Interior Bruto más bajos de Europa. Primer capote para su colega Zapatero.
Después entró en el terreno del déficit, más espinoso para el Gobierno español. Strauss Kahn defendió como «perfectamente normal» que después de dos años de crisis haya muchos países con problemas y arguyó que no se pueden pedir «milagros». Pero también remarcó que es necesario combatir la «preocupación» que se ha generado en los mercados en torno a la economía europea y que hay que hacer «esfuerzos»; que algunos, como Francia y Alemania, se pueden permitir a su juicio hacerlos de manera más gradual porque la trayectoria de su déficit ha sido más contenida, mientras la de España, no. Segundo capote: «Las medidas que ha tomado el Gobierno español son muy bienvenidas y creo que van a ser tremendamente eficaces».
El político galo trató de dar una pátina de realismo a sus elogios y también matizó que «por supuesto, eso depende de la ejecución y no sólo de la decisión», pero alabó que «empiecen a tomarse decisiones». Que los ajustes aprobados por el Gobierno lastrarán el crecimiento es algo que nadie discute. Y Strauss Kahn se refirió a ello como un mal menor, tras apuntar que, en contraposición la morigeración de los recortes francés y alemán permitirán que el crecimiento europeo «se consolide y siga aumentando en 2010». «Hay que mantener la estabilidad fiscal pero a distintos ritmos, según las características de cada país», apuntó.
En este sentido, Zapatero también se mostró optimista. Descartó que las medidas de consolidación fiscal afecten a las perspectivas de crecimiento -más allá del recorte de medio punto ya admitido- y descartó el riesgo de España vuelva a entrar en recesión, aunque con un condicional (o varios): «si acertamos en las reformas, si tienen la fuerza que esperamos y generan confianza suficiente».
Strauss Kahn no se mojó tanto pero sí insistió en que si las medidas anunciadas se llevan a cabo la recuperación no tardará en llegar.
En todo caso, remarcó que para «fomentar el crecimiento» en España es «crucial» la reforma del mercado de trabajo y dio por sentado que el decreto aprobado este miércoles «va en el camino correcto». «Por supuesto -matizó- veremos si en el proceso parlamentario todavía se puede mejorar más».