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El sabio peleón

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AMiguel Ángel Fernández Ordóñez (Madrid, 1945) todo el mundo le llama 'Mafo', aunque ahora parece que no le gusta demasiado. Cuando Zapatero le nombró gobernador del Banco de España, decidió prescindir de su segundo nombre y desde entonces firma todos los papeles oficiales como 'Miguel Fernández Ordóñez'. Sin embargo, y por mucho que se empeñe, puede ir dando la batalla por perdida: ajenos al cambio administrativo, sus numerosos enemigos, sus fieles amigos y todos los medios de comunicación siguen llamándole 'Mafo'.
Tras una vida de alto funcionario, con cargos relevantes e intermitentes apariciones en la primera línea de la política, llegó al estrellato en julio de 2006, cuando asumió las riendas del Banco de España. El PP lo recibió de uñas, al recordar su antiguo pedigrí socialista: afiliado al PSOE desde los años setenta, había sido secretario de Estado de Economía con Felipe González y de Hacienda con Zapatero. Pensaban los populares que, con su nombramiento, el organismo supervisor del sistema financiero iba a perder su venerable independencia.
Se equivocaban. Y mucho. O no lo conocían bien o sólo querían montar un poco de jaleo. En cualquier caso, tuvieron que tragarse sus palabras el 12 de febrero de 2009, cuando Fernández Ordóñez aprovechó una conferencia en Zaragoza para reclamar con urgencia una reforma laboral en España. Lo dijo con su habitual tono monocorde, casi en susurro, pero sus palabras sonaron como un grito en un cementerio. Enojado por lo que consideraba una traición, el presidente Zapatero dejó de hablarle, el ministro Corbacho le pidió públicamente que se metiera en sus asuntos y los sindicatos le colmaron de improperios: aquella era la bicha que nadie quería mentar. Pero 'Mafo' sólo había recuperado una antigua convicción. «Él siempre ha sostenido que la reforma laboral era el 80% de todas las reformas que necesitaba la economía española», recuerda el periodista Mariano Guindal. Año y medio después, el presidente Zapatero, obligado por los mercados, por la Unión Europea y hasta por Obama, tuvo que agachar la cerviz y seguir a regañadientes el consejo de Fernández Ordóñez. Y la gente comenzó a preguntarse quién era aquel terrible oráculo, tan ácido y certero.
«El hermano listo»
Miguel Ángel nació en el seno de una familia numerosa, hijo de Francisco Fernández Conde, ingeniero de caminos, y de Ana Ordóñez, políglota y aficionada a la música. «En casa siempre se habló de política y siempre se discrepó», recordó años después el primogénito, Francisco Fernández Ordóñez (1930-1992), que llegó a ser ministro de Hacienda y de Justicia con la UCD y de Asuntos Exteriores con el PSOE. El escritor Manuel Vicent describió en su libro 'Daguerrotipos' el peculiar ambiente que reinaba en aquella casa madrileña: «Ninguno de sus vástagos se sentaba a la mesa, a la hora solemne del almuerzo, mientras no supiera emitir alguna opinión válida o resistir una conversación sobre el orden dórico. Este padre de larga prole solía ilustrar el cocido familiar con temas de arte, de filosofía o de historia».
Esa educación puntillosa rindió muchos frutos, aunque el tortuoso y brillante currículum político del primogénito, introductor del divorcio en España, ocultó la carrera de los demás Fernández Ordóñez. Con todo, Francisco siempre solía puntualizar que Miguel Ángel, quince años menor que él, era «el hermano listo» de la familia. 'Mafo' se licenció en Derecho y en Ciencias Económicas en la Universidad Complutense, al tiempo que templaba sus primeras armas políticas. Ingresó en Convergencia Socialista, uno de aquellos minúsculos partidos que brotaron en la Transición y que acabaron integrándose en el PSOE. «Éramos cuatro gatos», bromea uno de sus compañeros de entonces, Joaquín Leguina, «pero acabamos siendo cuatro gatos bastante significativos»: Enrique Barón, José Barrionuevo y Juan Barranco también se bautizaron en Convergencia. Leguina, escritor cántabro y ex presidente de la Comunidad de Madrid, ha criticado algunas posiciones de Fernández Ordóñez, como su obsesión por abaratar el despido, pero defiende a ultranza su probidad: «He tenido con él desencuentros ideológicos, pero siempre le he profesado un enorme respeto. Tiene las características del buen funcionario: siempre ha puesto los intereses del Estado por encima de los suyos. Y sigue haciéndolo».
Miguel Ángel acabó en el PSOE y, cuando Felipe ganó las elecciones de 1982, se integró en el equipo del ministro Miguel Boyer como secretario de Estado. Siempre se consideró socialdemócrata, aunque aboga por un mercado realmente libre. Por eso disfrutó de lo lindo cuando en 1992 se le encomendó poner en marcha el Tribunal de Defensa de la Competencia, desde donde intentó romper monopolios y quebrar el corporativismo de algunos sectores hasta entonces blindados, como los comercios, las farmacias o los notarios.
Economista del Estado, ex presidente de la Comisión Nacional de la Energía y antiguo director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, 'Mafo' vivió un curioso paréntesis en su actividad pública cuando en 2002 asumió la dirección de 'Hora 25 de los Negocios', en la Cadena Ser. «Guardo de él un recuerdo estupendo», subraya Javier Ruiz, presentador de aquel programa y actual conductor del informativo vespertino de Cuatro. «No le he visto perder los papeles jamás. En un escenario de tensión, de cosas que no llegaban..., él jamás perdió la flema. Si digo que es extremadamente correcto y amable, me quedo corto». En sus tres años de relación profesional, Ruiz descubrió a una persona enamorada de su oficio: «Sé que le apasiona la sociología, que le interesa el arte..., pero su principal afición, casi su gran vicio, es la economía».
«Menos mal que vamos a perder»
Dueño de una apabullante biblioteca, lector voraz y escritor perezoso, Miguel Ángel es un tipo meticuloso en extremo: cuando aprendió a jugar al golf, siempre llevaba apuntados en una hoja los golpes que debía dar; cuando se propuso adelgazar, metió en el ordenador todos los pasos que debía seguir para cumplir escrupulosamente con la dieta. Casado con la socióloga Inés Alberdi (hermana de la ex ministra Cristina) y padre de dos hijos, mantiene una enorme sintonía personal e ideológica con Joaquín Almunia, a quien suele recibir con frecuencia en su casa de Guadalajara. Sin embargo, siempre se llevó fatal con Josep Borrell y tampoco sintoniza con la vicepresidenta Elena Salgado.
En plena bonanza económica, meses antes de las elecciones de 2004, Fernández Ordóñez veía indicios de que las fuentes externas de riqueza (emigrantes, construcción) se agotaban e incluso llegó a comentar a sus íntimos: «Menos mal que vamos a a perder, porque la situación que viene es espantosa». Luego pasó lo que pasó. El PSOE ganó, Zapatero entró en La Moncloa y, reclamado por Pedro Solbes, el hombre al que todos llaman 'Mafo' regresó al Gobierno. No se resistió, aunque él ya intuía la que se nos venía encima. Sólo era cuestión de tiempo.
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