El AVE, la gran apuesta del presidente Miguel Ángel Revilla durante esta legislatura, que por culpa de la crisis económica se convirtió en un dardo envenenado que a punto estuvo de dinamitar el gobierno de coalición, es un «asunto ya cerrado».
El jefe del Ejecutivo da por sellada la polémica del AVE y sus secuelas, después de que el ministro José Blanco le garantizara ayer, en Madrid, la llegada de la alta velocidad por Palencia en 2015 y la reanudación de las obras de la autovía A-8 a finales de año. Para mitigar el recelo de los incrédulos, ambos protagonistas suscribirán el próximo día 12 de agosto, a las doce del mediodía, un documento que pondrá negro sobre blanco los compromisos del Gobierno de Zapatero para garantizar la llegada del AVE a Cantabria en 2015.
Blanco, el ministro que «humilló a Cantabria», tildando de pedigüeños a sus gobernantes, vendrá a la sede del Gobierno regional a poner su firma al protocolo. Dice Revilla que se lo debe por lo mal que se lo ha hecho pasar estas semanas («he llorado solo muchas veces», dijo ayer a este periódico), tras la suspensión, por sorpresa, de la colocación de la primera traviesa el pasado día 15 de mayo en Monzón de Campos.
Revilla, que se puso en pie de guerra, que a punto estuvo de arrollar con su órdago a sus socios de gobierno, que desconfió del brazo derecho de Zapatero, cree que, «a día de hoy, no hay marcha atrás. Blanco ya no puede incumplir su compromiso. Esto está hecho». Aunque sabe que este traqueteo del tren (ese cansino hoy sí, mañana no), ha hecho mella en la ciudadanía. Por eso, tras su encuentro con Blanco en la sede del Ministerio de Obras Públicas, a Revilla se le escapó: «La mayoría de los cántabros no nos van a creer, pero ahora la novedad es que el compromiso se plasma por escrito». Y ese «papeluco», que diría el presidente del PP, Ignacio Diego, es el que Blanco firmará el próximo día 12 en Santander. Al encuentro asistió también su socia de gobierno, la vicepresidenta Dolores Gorostiaga.
El documento plasmará el compromiso del Ministerio de Fomento de licitar la línea del AVE entre Palencia y Reinosa de forma conjunta antes de marzo de 2011 por un importe de 1.600 millones euros, con lo que se cumplirán los plazos para que llegue a la capital campurriana en 2015.
La novedad es que la obra se ejecutará en «régimen concesional», es decir, las empresas adjudicatarias asumirán el coste de la misma. Una vez finalizada, cuando entre en servicio, el Estado pagará un canon anual de 198 millones de euros a la compañías durante los 30 años que dura la concesión. De este modo, las constructoras recibirán al cabo de las tres décadas casi 6.000 millones de euros.
El ministro de Obras Públicas explicó que con esta fórmula se evitará que la inversión esté sujeta a los Presupuestos Generales del Estado en un «momento de grave recesión económica». Dijo que es la «mejor garantía» para que el proyecto se haga realidad. Más en el aire quedó la llegada del AVE hasta Santander, aunque Blanco aseguró que el protocolo recogerá también la necesidad de encontrar una solución definitiva.
Revilla y Gorostiaga fueron más allá y aseguraron a este periódico que la alta velocidad llegará a la capital cántabra tan sólo un año después, en 2016, coincidiendo con la capitalidad europea de Santander, si la ciudad obtiene esta designación. Y ello a pesar de que ni siquiera está decidida la solución técnica que se elegirá para salvar Las Hoces y el desnivel entre Reinosa y Los Corrales, un dictamen que, según el líder regionalista, se tomará dentro de tres meses.
Pero los dirigentes cántabros no sólo fueron a Madrid a concretar con Blanco los plazos del AVE. Fueron a pedirle explicaciones por el revés que supuso para el Ejecutivo cántabro que, 36 horas después de que Rodríguez Zapatero alentase el proyecto ferroviario por la Meseta, el titular de Fomento metiera la tijera de forma abrupta en las obras de Cantabria. Un nuevo sinsabor, al que Revilla reaccionó con tibieza en los primeros momentos. Pero, después, con el levantamiento de una docena de alcaldes de la región y las críticas de los sectores empresariales, el presidente volvió a amagar con romper el pacto de gobierno.
Y llegados a este punto, Blanco se plegó de nuevo, al comprometerse a relanzar las obras de la A-8 a finales de año. El ministro explicó que los tramos entre Solares-Torrelavega se licitarán mediante el régimen de concesión a 30 años, y, no sólo se cumplirán los plazos de ejecución previstos, sino que se pueden reducir.
Y como hablar de concesiones en carreteras suena al pago de peaje, Revilla dejó claro que «Cantabria está libre de peajes». No sin ironía, señaló: «Encima de ser los últimos, cómo vamos a tener que pagar por ir por la autovía».
Se le notaba contento al presidente, gozoso como un tahúr que ha ganado la partida más importante de su vida, después de jugarse su pasado y futuro político a un solo órdago, aunque no quiere hablar de «vencedores ni vencidos». «Nada más empezar la reunión, le dije a Blanco que, para mí, ésta era la reunión más importante de mi vida. Más que la del 20 de junio de 2004, cuando Zapatero me convenció para que fuera presidente de Cantabria», confesó, como quien se ve «liberado».
Pero, si en algo insistió ayer el presidente es en que el AVE es un «asunto cerrado», y en que Blanco «ha pedido perdón públicamente, ante más de 30 cámaras de televisión», enfatizó excesivo, como es él. «Ha reconocido que se equivocó», dijo Revilla. «Era indigno tener que ir a Madrid por Bilbao, y Blanco nos humilló y perturbó a toda Cantabria con este asunto». La reprimenda del presidente al ministro se tornó agradecimiento hacia jefe de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien ha jugado «un papel fundamental en el AVE. Se ha mojado».