Sólo fue una infección que se curó con antibióticos en tres días, pero muchos aguantaron la respiración cuando Emilio Botín ingresó en Valdecilla a finales de la semana pasada. En el idioma financiero, el presidente del Banco Santander es como EEUU: cuando estornuda, los demás cogen una gripe. No es una exageración. A las pocas horas de su llegada al hospital, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, le llamó por teléfono a pesar de que su estado no revestía gravedad. Y es que Botín no es sólo un banquero. Considerado como el empresario español más influyente en el extranjero, su fortuna es una de las diez mayores del país y ha catapultado al Santander al podio de los mejores bancos del mundo. La crisis que ha hecho tambalearse a gigantes de los negocios apenas ha sido una brisa para él, y en los círculos económicos se le conoce desde hace años como el 'emperador de la banca'. Su imperio lo forman más de 140.000 empleados, cerca de 70 millones de clientes y 1.700 millones de euros en su libreta de ahorros, según la lista de los más ricos del planeta elaborada por Forbes.
Fue el sábado, día 7, en su casa de Santander, cuando Botín se sintió indispuesto por la fiebre justo antes de una cena privada. Uno de sus yernos, médico de profesión, le aconsejó su trasladado al hospital para ser tratado. Botín acudió en su coche privado a Valdecilla. Llegó al servicio de urgencias con un cuadro febril y fue atendido por el Servicio de Urología, donde se le detectó una infección de la que fue tratado con antibióticos. El banquero fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) no por su estado de salud, sino por cuestiones de seguridad.
Botín quiso abandonar el centro un día antes de lo previsto. Llegó, incluso, a pedir su traje. Pero, finalmente, los médicos le convencieron para que pasara la noche hospitalizado, dada la presencia de unas décimas de fiebre. Y es que tres días en el hospital son demasiados para un hombre que, en febrero de 2006, reconoció como suyo el lema 'The sky is the limit' -literalmente, 'El límite es el cielo', aunque en inglés también significa 'Todo es posible'-.
La indisposición del banquero provocó la suspensión de los compromisos institucionales que tenía previstos para esta semana, entre los que se encontraba una reunión con el presidente del Gobierno regional, Miguel Ángel Revilla, y la asistencia a un acto promovido por el presidente del Centre For Economic Policy Research (CEPR), el economista Guillermo de la Dehesa. Botín, tras unos días de reposo en casa, irá recuperando su agenda «poco a poco», como informaron desde el propio banco.
De la vieja escuela
La dimensión internacional que ha alcanzado el Santander no ha nublado la mirada de un Botín que sigue gestionando su banco como una empresa familiar, tal y como hicieron su abuelo y su padre. Es el devoto más fiel de la vieja escuela de banqueros. Todas las decisiones pasan por su mesa, desde la compra de un banco en Brasil hasta una oferta de línea de créditos en una sucursal. Incluso los detalles que, a simple vista, puedan parecer más triviales llevan la firma de Botín.
Es famosa la anécdota ocurrida durante una de las recientes juntas de accionistas. En esas reuniones, el banco siempre entrega un detalle a los asistentes y, en esa ocasión, a uno de ellos no le ilusionó demasiado el chubasquero rojo que regalaron. El presidente escuchó la crítica y le respondió que él mismo los había elegido. «Sólo lamento no haber podido encontrar tallas de mujer», confesó ante el asombro de los que estaban allí.
Ese aura de insustituible forjada durante los 24 años que lleva al frente del Santander es la que desencadenó el aluvión de llamadas que recibió Botín los apenas tres días que pasó en Valdecilla.
«Aunque sea una obviedad y la frase podría ser aplicable a cada persona, lo cierto es que en el caso de la gestión empresarial hay ejemplos evidentes de nombres propios que son más difícilmente sustituibles. A todos nos viene a la cabeza Steve Jobs y Apple como paradigma de lo que el mercado piensa que puede ser un 'hombre' que ha hecho a una empresa, o el propio Amancio Ortega con Inditex. Emilio Botín sería un 'primus interpares' con los ejemplos antes mencionados. La estrategia que ha seguido el Banco Santander bajo su mandato ha sido tremendamente ambiciosa en lo corporativo y conservadora en el tipo de banca que ha caracterizado totalmente a la entidad. Es difícil imaginar un Santander sin Don Emilio», explicó a este periódico el director de Inversis Banca en Cantabria, José Álvarez.
«No soporta la mentira»
Esa personalidad sobria, de profesional volcado en su trabajo, poco amigo de delegar funciones y mucho de negociar en primera persona, no impide que Emilio Botín se haya rodeado de un equipo directivo al que, sobre todo, demanda lealtad. «Confía mucho en su gente siempre que le sea fiel. Es preferible reconocer que desconoces un dato a mentirle. No soporta que intenten engañarle, y sabe cuándo estás diciendo la verdad o no», señaló Víctor Bustillo, empleado del Santander durante cuarenta años y ex director territorial de Castilla-La Mancha, Extremadura y Asturias.
De sus cuatro décadas en la entidad, Bustillo recuerda una conversación que mantuvo con Botín en un viaje en coche entre el aeropuerto de Badajoz y la ciudad, y que «ejemplifica su personalidad». El presidente vio por la ventanilla que estaban construyendo un campo de golf, y preguntó al directivo cuántas hectáreas tenía. Bustillo le confesó que no tenía ni idea, pero que calculaba unas ochenta. «Correcto. Eso es lo que está proyectado para que entre también una pequeña urbanización», le respondió. «Él tiene controlado hasta el más mínimo detalle, sabe de todo», dice Bustillo.
A pesar de los horizontes de negocios que se le han abierto, Botín nunca se ha desviado de la idea que le inculcaron desde que entró a trabajar de joven a la empresa familiar: la banca es lo primero. Por eso, en el folleto corporativo que el Santander repartió a los accionistas en una de las últimas juntas, queda remarcado que la única especialización de Botín es hacer banca. Y todo lo demás -negocios inmobiliarios, industriales...- es secundario. Así entiende su vocación, al igual que antes lo hicieron su abuelo y su padre. De este último se cuenta que un día fue abordado por un pobre en el Paseo Pereda de Santander. «Una limosna, por el amor de Dios», dijo el mendigo. Pero el banquero no le respondió. El pobre insistió: «Por el amor de Dios y por la Virgen Santísima». «Ah, entonces sí. Con dos avales, sí», dicen que respondió en broma el banquero mientras sacaba unas monedas de su cartera.
Con esa mentalidad, el Santander ha pasado de ser una pequeña entidad de provincias a una de las firmas con más solvencia del mundo, a resquebrajar el 'statu quo' bancario español con los lanzamientos de la 'supercuenta' y la 'superhipoteca' a finales de los 80 y la compra de Banesto en 1994. Ahora, en plena crisis económica, cuando los bancos necesitan inyecciones de dinero de los gobiernos para ser rescatados, Botín se ha permitido el lujo de ampliar su imperio con adquisiciones en Brasil, Reino Unido y EE UU. Cuando la tormenta amaine, el Banco Santander tendrá un puesto privilegiado en el sistema financiero internacional.
El Botín-banquero comparte ahora espacio con el Botín-mecenas de Cantabria. Enfrascados en la batalla por conseguir la capitalidad cultural europea en 2016, los vecinos de Santander han visto como su paisano ha dado un paso al frente para apuntalar el proyecto. La fundación que lleva su apellido anunció el mes pasado una inversión de 50 millones de euros para construir un Centro de Arte y Cultura internacional en pleno centro de la capital, diseñado por el arquitecto Renzo Piano. Además, el banco instalará su Centro de Proceso de Datos en el municipio de Marina de Cudeyo, con 150 millones de euros de presupuesto.
«Goteo de dinero»
Pero además de estos dos proyectos faraónicos, Botín deja en Cantabria un «goteo constante de dinero», según el presidente regional, Miguel Ángel Revilla. «Cada vez que le pido ayuda para arreglar una iglesia o para remodelar un asilo, siempre está dispuesto. Y todo el mundo tiene que saber que ayudó bastante para que se construyera la Autovía de la Meseta y en las negociaciones recientes del AVE», asegura el jefe del Ejecutivo cántabro.
Dos personas monopolizan el círculo de confianza de Botín cuando hay trabajo sobre la mesa: el consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, y su hija Ana Patricia, presidenta de Banesto. Estos dos nombres siempre aparecen cuando la palabra 'jubilación' se escribe asociada a Emilio Botín. Pero el presidente del Santander, como él mismo ha reconocido en público, no se plantea colgar los tirantes. Su padre sostuvo el peso del banco hasta los 83 años, y a Botín siempre le han atraído los retos. Los que se aventuren a poner una fecha a su retiro deberán tener presente su lema: 'The sky is the limit'.