Carmen Bravo- Villasante (1918-1994) fue una veraneante asidua de Santander, enamorada de la ciudad y de sus playas que frecuentaba aunque lloviera. Creo que la conocí por Nieves Hoyos Sancho cuando era esta directora del Museo Etnográfico del Pueblo Español. También Nieves y sus hermanas estaban muy vinculadas a Santander y a Reinosa, al ser hijas de Luis de Hoyos Sainz, el estudioso de la cueva de Altamira.
Carmen casada y viuda era una mujer muy atractiva y de una gran simpatía. Se cuenta que sus alumnos se enamoraban de ella. Todos los veranos aparecía y me traía alguno de sus libros publicados, generalmente biografías. Ella, igual que Ricardo Gullón (1908-1991), figuró entre los redescubridores de Pérez Galdós, sobre el que publicó un libro ilustrado que se titulaba Galdós visto por sí mismo (1976). El primer estudioso y descubridor fue, en realidad, Joaquín Casalduero (1903-1990), pero en España se debe el anuncio y propaganda a Ricardo Gullón con su libro Galdós novelista moderno, que publicó Taurus en 1960. Tras la Guerra civil la importancia del autor de Marianela había quedado silenciada a causa de haber sido republicano, antes de que se proclamara la segunda de 1931.
Esta ensayista madrileña escribió sobre otras figuras literarias, aparte de cultivar la literatura infantil y juvenil. Tan popular como el libro de la vida de Galdós fue la biografía de Juan Valera (1959), Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, que publicó La Revista de Occidente en 1962, obra que Gonzalo Torrente Ballester definió de «cuidada, documentada e inteligente», así como el estudio sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1967, etc. A Carmen le debemos el haber sido la primera que escribió solicitando que Santander elevara un monumento al escritor canario, que también había sido un visitante asiduo de nuestra ciudad y que llegó a construirse una casa con jardín ('San Quintín') en la calle que todavía lleva su nombre. La propuesta la hizo en 'Omnibus galdosiano', boletín de la Asociación Galdosiana, noticia de la que se hizo eco este periódico el 3 de febrero de 1991. El proyecto de la escultura se hizo realidad el 22 de julio de 1998, gracias a la donación que hizo la Fundación Cervantina por encargo de Eulalio Ferrer, con la contribución también del Ayuntamiento de Santander.
Bien pudiera llevar Bravo-Villasante una calle en nuestra ciudad, que de sobra se lo merece por la propaganda que hacía de Santander como sede inmejorable para turistas y veraneantes.
Aunque coincidían y se saludaban, Carmen no era habitual contertuliana de Joaquín Casalduero, hombre al que traté bastante y que generosamente me prologó mi libro 'Perez Galdós. Biografía santanderina (1979)'. Don Joaquín, como le llamaban todos los estudiosos e hispanistas vinculados a la Literatura, gozó de un gran prestigio por haber sido profesor en varias prestigiosas Universidades europeas y americanas. También fue un buen galdosista con la publicación de su citado libro Vida y obra de Galdós (1943), del que se hicieron varias reediciones ampliadas. Casalduero aparece citado en casi todos los estudios de autores de nuestra Literatura que analizó con una gran perspicacia y agudeza crítica. Como buen cervantista Alianza Editorial le encargó la publicación del Quijote en dos tomos, referidos al año 1605 y a la edición de 1615, a las que puso la introducción y las notas en 1984.
Le conocí en 1979, poco después de quedarse viudo. Debido a que no veía bien, solía llamarme para que le acompañara. Con mi mujer y conmigo vio Polanco y la casa natal de Pereda, Carmona y Santillana. Era un buen intelectual, hombre curioso, buen amigo de sus amigos y un tanto irónico, que era la única agresión que se permitía sin caer nunca en el sarcasmo. No solíamos hablar de Literatura, pero si se le preguntaba algo de un autor respondía con un gran conocimiento. Cultivó la poesía, si bien editada en publicaciones limitadas con destino a sus amigos. La Real Academia fue injusta con él al no encontrar ningún miembro que le propusiera para ocupar un sillón vacante. Méritos le sobraban, pero parece que ese olvido no le preocupó mucho. A otros les ocurrió lo mismo.
Se podría hacer una Academia paralela de primeros autores que no entraron en ella debido al exilio español y a que, al fin y al cabo, es un puesto por elección y figuran otros intereses políticos, religiosos y de simpatía. Por ejemplo, Pérez Galdós no fue aceptado en su primera propuesta. Como estudioso del escritor canario y de sus epígonos del 68 hay que citar a Francisco Pérez Gutiérrez que publicó un importante estudio de El problema religioso en la Generación de 1868 donde analizó la religiosidad de Valera, Alarcón, Pereda, Pérez Galdós, Clarín y la Pardo Bazán, obra que pese a publicarse en 1975 está todavía vigente. Paco Pérez, buen conocedor también de Menéndez Pelayo y de otros escritores del siglo XIX, aunque vive en Madrid, es otra figura habitual al que le atrae la playa en nuestro verano.
Santander ha estado presente en las vidas de todos ellos y aparte de estimar a Cantabria dejaron escritos y amigos en la ciudad que eligieron en sus descansos estivales.